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No todo son resultados NBA

La FEB responde al fracaso de España en TaF

Posted by on sep 15, 2014 in Blog Resultados NBA, Portada, Programas | 0 comments

Escucha ya el programa de esta semana aquí

Tras el estrepitoso fiasco español en la Copa del Mundo España 2014, el Director Deportivo de la FEB, Ángel Palmi, pasa esta semana por Tirando a Fallar para dar explicaciones de lo sucedido en el torneo. Además, la victoria de USA y todos los puntos de interés del evento serán tratados por Vicente Azpitarte y su equipo.

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Rumiando un fracaso histórico

Posted by on sep 12, 2014 in Blog Resultados NBA, Portada | 0 comments

Hace ya casi cuarenta y ocho horas del mayor fracaso de la historia del baloncesto español. He tardado quizá algo más de lo debido en sentarme ante el ordenador para escribir este texto, buscando analizar lo ocurrido más en frío y no con el calentón de la primera noche o la resaca, pero desde luego la concepción de la frase con la que comienzo este artículo va cada vez a peor. A aquellos que ponen al mismo nivel el angolazo de Barcelona 92 les diré que no tiene nada que ver. En aquel año, una medalla era un milagro, una absoluta quimera. Y, como dijo Chechu Biriukov el pasado jueves en Tiempo Extra, la derrota con Angola se veía venir. Esto de Francia, pese a tener enfrente a todo un campeón de Europa (con sus bajas, sí, pero equipo de alto nivel en todo caso), es el mayor tortazo en la cara que le ha dado nuca al aficionado español. Con todas las letras, el fracaso más rotundo de nuestro baloncesto. Y lo peor, cuando menos lo esperábamos, seguramente.

No pretendo aburrir al lector con un texto muy largo, pero me temo que es necesario explayarse. Es imposible no pararse a pensar en las causas por las que uno de los equipos con mayor talento de la historia del baloncesto, termina un partido de cuartos de final de una Copa del Mundo absolutamente superado por las circunstancias, con todos de sus jugadores rindiendo por debajo de sus posibilidades, anotando 52 puntos pese a jugar en casa, y jugando el peor baloncesto posible, pese a tener sobre la pista a una suma de talentos que cualquiera desearía juntar a la vez sobre un parqué. Porque esa es la peor sensación que a uno le queda, tras lo vivido. En el peor escenario imaginable, se nos podía pasar por la cabeza una derrota ante Francia, siendo la movilidad de sus pívots un problema para los nuestros, pero jamás podíamos imaginar una derrota con este equipo absolutamente superado por los acontecimientos, anotando 52 puntos y haciendo el peor baloncesto que le hayamos visto nunca durante 40 minutos continuados. Recuerdo aquella semifinal ante Rusia en los Juegos de Londres, con una primera parte espantosa, pero no olvido cómo aquel equipo sacó adelante aquella situación. Lo vivido el pasado miércoles en Madrid pasa por ser la mayor anulación de talento que uno recuerde en una cancha de baloncesto. No es posible jugar peor teniendo un equipo tan bueno.

¿Qué ocurrió, pues? Pasó que pecamos de una tremenda soberbia, y que seguramente muchos pensamos que Francia, como Serbia después, terminaría cayendo de madura pasara lo que pasara. Lo vivido en la preparación del torneo, y en la primera fase en Granada, nos había llevado a creer que era imposible que nadie, dejando a un lado claro a Estados Unidos, podía aguantar 40 minutos a España, que bordó el baloncesto en la ciudad de la Alhambra, cuando rivales como Serbia o Francia, apenas enseñaron nada, y quizá tan sólo Brasil, Varejao mediante, puso un alto nivel de dureza (legal, ojo) en el partido, coincidiendo con los peores minutos de España. Y así, se llegó a Madrid, pensando que esto iba a ser a la carrera hasta la final. Pero no.

Y no lo fue porque los equipos, en un torneo de estas características, evolucionan. Y más, cuando dado el maléfico sistema de competición de este torneo (hecho a medida de la soberbia española, buscando a toda costa una final con Estados Unidos), sabes que es mucho más probable que vuelvas a encontrarte en los cruces a un equipo que has tenido en tu grupo. Así que, Francia, como Serbia, o seguramente Brasil llegado el caso (aunque vaya decepción el equipo de Magnano, quede claro), han sido equipos muy diferentes en la fase de cruces, equipos que han dado un paso adelante. España, mal que nos pese, ha sido el mismo equipo en Granada y en Madrid, y cuando no le dejaron sentirse a gusto y correr… Sencillamente se acabó el mundo. La defensa planteada por Vicent Collet en el partido de cuartos fue de manual, alejando permanentemente a los pívots españoles de su zona de influencia, bajo el aro. Los galos habían avisado en la previa de que usarían las faltas tácticas (sí, esas de las que no se ha pitado ninguna como antideportiva en todo el torneo, ¡Qué cruz!) siempre que hiciera falta para que España no corriera, pero ni les hizo falta emplearlas. Su dominio del rebote fue tan abrumador que apenas hubo necesidad de tirar de la falta táctica, pues los de Orenga ni intentaron correr, por pura imposibilidad para hacerlo. Por tanto, Francia había logrado varios objetivos con su planteamiento, alejar del aro a los pívots españoles, y evitar la velocidad en el juego español, que le hace casi invencible. Era ese, sin duda, el momento para que España demostrara que tiene un seleccionador al nivel de su rival, era el momento de que Juan Antonio Orenga justificara su cargo.

Pero nada más lejos de la realidad. Según avanzaban los minutos, el equipo entraba en un callejón sin salida, que pensábamos que se abandonaría por puro talento. Pero no, el talento, la magia, a veces se agarrota, y más jugando en casa, algo que puede complicar las cosas cuando no te van del todo bien, pues la presión es mayor según se acerca el final. Orenga, completamente superado por lo que estaba viendo, observaba el partido como uno más, esperando que la manzana francesa cayera del árbol por las leyes de Newton, no porque él fuera a dar un giro al partido. Detrás, Jenaro Díaz y Sito Alonso, mucho más activos, mucho más ávidos, mucho más expertos en partidos complicados, daban algún consejo para cambiar el choque, pero tampoco podían coger el bastón de mano, evidentemente, pese a ser conscientes de la que se venía encima. La única táctica parecía ser entregarse al talento individual de los jugadores, algo que está muy bien cuando todo va rodado, y que genera un altísimo nivel de juego como el visto en Granada, de ese que enamora al público. Pero, por suerte o por desgracia, y más en el baloncesto moderno, el entrenador es una figura clave, por tener la capacidad de anular el talento y, por, en teoría, tener la capacidad de devolver el talento anulado a sus jugadores con su experiencia.

Así que España no corría (salvo buena parte del tercer cuarto, cuando el equipo se empleó realmente en defensa), y ante la ocupación de espacios francesa, todo tenía que ser ataque estático. Y desde la banda, el seleccionador, seguía esperando la caída de la manzana, que insistía en resistir a descolgarse del árbol, muy puñetera ella. Mientras, sobre la cancha, un equipo superado por los acontecimientos abusaba del bote, de las acciones individuales, de los tiros desequilibrados. El talento pedía auxilio, pero no lo encontró. Y no lo encontró porque la gestión de los tiempos muertos fue espantosa, o casi inexistente, para sorpresa de todos (ya caerán los franceses, ya…), así como la de las rotaciones. Podemos entender que Orenga haya querido jugar el torneo con una rotación corta, de 9 jugadores, pero no se puede comprender que, en un partido tan difícil, cuando nadie está jugando a su nivel real, no sirva de nada mirar al banquillo y darle dos minutos, por probar, a lo que te quede por ahí, jugadores nivel todos ellos. No me ha convencido el campeonato de Felipe Reyes, al que creo que el primer nivel físico ya le queda grande y engorda sus carencias de pívot bajo, pero no es concebible que con la sangría reboteadora del miércoles no lo puedas probar dos minutos, a ver si algo cambia. Peor no iban a ir las cosas, y si siguen igual de mal, gracias por los servicios y al banquillo de vuelta. Quizá aquí el no poder cabrear a Serge Ibaka, eterno disconforme con su rol en la selección, influyó. Pero un entrenador está para tomar decisiones de ese tipo. Y digo lo mismo de Víctor Claver, y por supuesto de un Álex Abrines que cada vez que ha salido en la Copa del Mundo se ha ganado sus minutos. ¿Qué problema hay en darle 120 segundos, si casi nada puede salir peor de como está saliendo?

Sigamos, porque hay más. Más allá de la dirección de un partido, de cambiar la forma de jugar, de mover tu banquillo, o de parar el juego con un tiempo cuando es necesario, en un partido tan importante e igualado, es crucial el manejo que el entrenador puede hacer del arbitraje. Y en, eso, también Francia nos comió la tostada. En plena remontada española en el tercer cuarto, en el momento de mayor calentón del Palacio de los Deportes, y cuando las piernas de los nuestros parecía que habían dejado de ser tablones repletos de ácido láctico y nervios, tangana, técnica al canto, y dos minutos el juego parado, perfecto para cortar el ritmo. Dicho en francés, chapeau. ¿Trató Juan Orenga en algún momento de cambiar el partido desde el arbitraje, con una protesta o técnica que hubiera puesto de nuevo al público enfervorecido y al equipo de nuevo enchufado en un partido tan sentimental, con toda una Francia enfrente? No, sencillamente porque estaba superado, bloqueado, porque no tenía recursos para saber qué hacer, más allá de los que le llegaran de sus ayudantes. Porque, sencillamente, es un entrenador inexperto, al que los partidos igualados le han venido enormes (no ha ganado ni un partido por menos de diez puntos entre el Eurobasket del año pasado y esta Copa del Mundo, un balance absolutamente dramático).

Y es que, efectivamente, Juan Antonio Orenga en este caso es un cabeza de turco. Un pobre diablo que, desde luego, no puede seguir ni un segundo más como seleccionador nacional, pues es en una buena medida culpable del nefasto partido vivido el pasado miércoles. Me apena, porque me parece buena persona, pero sencillamente es incapaz de conducir un coche de tal cilindrada. Y creo firmemente que va a tener muy difícil volver a entrenar en nuestro país, pues a ver quién es el guapo que le dice a sus aficionados que el nuevo entrenador de su equipo es alguien que ha quedado ya retratado para siempre por dos partidos ante Francia en los que el único recurso en los minutos finales era que el base botara y botara y que jugará para un Gasol (Marc el año pasado, Pau éste), mientras Francia observaba atónica y frotándose las manos la incapacidad española para hacer algo acorde con su nivel real, más aún este año con el equipo al completo.

Subamos por tanto un escalón, hacia Ángel Palmi y José Luis Sáez, Director Deportivo y Presidente respectivamente de la Federación Española y, por ende, responsables directos del cargo que aún hoy sigue ostentando Juan Orenga. Desde luego algo deberán de hacer, una vez comprobado que los experimentos, con gaseosa. Se ha desperdiciado la mayor oportunidad reciente del baloncesto en España para volver a crecer, desde la bochornosa cobertura de Mediaset hasta, obviamente, la falta de un resultado positivo para un equipo que, individualmente, estaba sencillamente dos escalones por encima de todos los demás salvo Estados Unidos. Ellos son los máximos responsables de la citada previamente soberbia de la que ha pecado España. Pese a que, como no puede ser de otra forma, sus declaraciones públicas no iban en ese sentido, por sus actos les conoceréis. Desde la elección de Orenga, pensando que la manzana caería sola y que llegaríamos a la final con la gorra, hasta el trabajo en pos de un sistema de competición hecho a la medida de esa final soñada, pasando por repetir errores del pasado con el asunto de los palcos VIPs, principalmente en Madrid, donde bien es cierto que no se repitió la lamentable imagen de frialdad de la final ante Rusia en el Eurobasket 2007, pero donde desde luego el Palacio de los Deportes distó mucho de ser una olla a presión para Francia, pues los que animaron y apretaron de verdad, que ni mucho menos fueron todos, estaban en las zonas más altas del recinto. Yo entiendo, como el que más, que una ocasión así se pueda aprovechar para hacer negocios, que tan bien le pueden venir a un país machacado como éste, pero ello no debería hipotecar las opciones de la selección, y a fe que hemos vuelto a meter la pata por ahí, por no hablar de los disparatados precios de algunas entradas. Así que espero ávido la reacción desde la Federación, sean las decisiones que sean, pero desde luego va siendo hora ya de limpiarnos de toda esta sensación de estar a otro nivel, por encima del bien y del mal, en la mismísima ÑBA. Porque, por segundo año consecutivo Francia, y esta vez jugando con dos palillos y un tambor, nos ha puesto los pies en la tierra.

Porque nos han pintado la cara bien. Y por eso aplaudo declaraciones como las de Florent Pietrius o Kenneth Faried, ambos en la línea de falta de respeto por parte de España. Unos, los galos, porque tras lo de Granada y aquel 88-64, pensaríamos que esto iba a ser igual y la manzana caería, como bien dijo Navarro acusando directamente de falta de preparación  sobre el partido, y otros, los americanos, porque, especialmente desde la baja de Durant, parecía casi una obligación llegar a la final y ganarles. Por si se lo pregunta el lector, yo a día de hoy pienso que esta España podía ganar a Estados Unidos, ya que éstos no iban a enmarañar tanto el partido como Francia, y a correr si alguien podría ganarles (siendo harto difícil) eran los nuestros, pero, gracias a nuestra habitual prepotencia, a nuestro “soy español a qué quieres que te gane”, y la sensación de que con quien esto escribe sentado en el banquillo habríamos llegado también a la final, nos han pintado la cara. Porque no, yo tampoco estoy capacitado para ser seleccionador nacional. No vale cualquiera para un cargo así, qué sorpresa…

No quiero quitar tampoco responsabilidad en lo sucedido a los jugadores, de los cuales me atrevo a decir que ninguno estuvo a su nivel. Unos, como Pau Gasol, lastrados físicamente (algún día sabremos qué narices le pasaba de verdad), pero con un esfuerzo encomiable y erigiéndose en enorme líder de este equipo como siempre ha sido, al igual que un Juan Carlos Navarro que nunca se escondió pese a no estar acertado, probablemente por la incapacidad desde el banquillo para generarle un tiro mínimamente cómodo. No se ocultó tampoco Marc Gasol, aunque hizo el peor partido casi que se le recuerde, quizá con la cabeza en Barcelona donde su primeriza disfrutaba sus primeras horas de vida. Mal partido también, incomprensible por momentos, el de un Serge Ibaka que estuvo siempre fuera de su zona de influencia, empecinado en anotar desde el perímetro. En cuanto a los bases, poco que reprochar a un Ricky Rubio que creció durante el torneo, y al que creo firmemente que hemos de empezar a disfrutar por lo que es, elite mundial en defensa e intensidad, líder ofensivo en un equipo que juegue veloz. Su tiro nunca va a ser el que queremos que sea, y aun así, según avanzaba el torneo, y sobre todo tras bote, se mostró más cómodo en la media distancia y en el tiro libre. Pero no, nunca va a ser un tirador fiable. Sergio Rodríguez ha ido de más a menos durante el verano, quizá incómodo por su rol en la rotación, y posiblemente una de las principales víctimas del galimatías táctico del equipo ante Francia, si no el que más. Qué decir de José Calderón, del que yo exigiré siempre más contundencia física, no limitarse sólo a dirigir y tirar, sino explotar aquella penetración exuberante hacia el aro que desde hace varios años no vemos, pero que recluido e incómodo como escolta aún se las apañó para ser el tirador más fiable de España en la segunda fase, aunque ahí sea un jugador del montón. No me gustó Rudy Fernández, escondido por momentos, y sólo capaz de crear de verdad cuando él mismo iniciaba la jugada, botaba, y terminaba lanzando su habitual triple desequilibrado, en el que es maestro, pero del que no se puede abusar en partidos como el del miércoles. Finalmente, Sergio Llull sigue siendo un jugador con España diferente al del Real Madrid, más centrado en defender y correr, más sus clásicos triples liberados, sobre todo laterales, porque el juego no empieza por él, y se siente menos importante que en su club, donde es Capitán General. Por desgracia, y como digo por unas u otras razones, ninguno estuvo a su nivel real ante Francia, y la decisión, o la dejadez del banquillo de abocar al equipo al “PauNavarroSistema” terminó por ahogarles, como había ocurrido hace un año con el “ChachoMarcSistema”, eso sí, en un equipo bastante más limitado que este.

Si alguien ha llegado hasta aquí, mi enhorabuena y las gracias por aguantar. Necesitaba liberar tan decepción, tanta tensión, tamaño fracaso. Porque la que se nos viene encima es de aúpa. El Eurobasket de 2015 será crucial para estar o no en Río 2016. Juegue o no la generación del 80, y lleguemos o no a Brasil, calentemos motores para lo que vendrá después, o desde el verano que viene si las cosas se tuercen. El propio Ángel Palmi lo reconoció hace unas semanas en Tirando a Fallar. Las alarmas llevan tiempo encendidas en la Federación Española de Baloncesto. Quizá por eso, que la posible despedida del mejor equipo de nuestra historia haya sido tan nefasta por una serie de decisiones tan sumamente mal tomadas, duele aún más.

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José M. Puertas en twitter: @josempuertas

Relato de un final abrupto

Posted by on sep 11, 2014 in Blog Resultados NBA, Portada | 0 comments

El 17 de diciembre de 2012, Juan Antonio Orenga es presentado públicamente como nuevo seleccionador español. Ese día comenzó el principio del fin de la mejor generación de baloncestistas que ha dado nuestro país.

El famoso “hola soy español, ¿a qué quieres que te gane?”, que tantas veces le hemos dicho a los franceses, se nos volvió en nuestra contra en el partido más amargo posible. Esta generación ha llegado a las cotas más altas, pero para ello también ha probado sinsabores como el del Eurobasket de España en 2007 o el Mundial de Turquía 2010. Aunque ninguno como el de anoche. La Copa del Mundo de España 2014 debía ser el colofón merecido. El último baile. El más deseado.

El seleccionador francés, Vincent Collet, nos dio una lección de cómo sin tus dos estrellas (Tony Parker y Joakim Noah) se puede anular a todo un equipo si ese conjunto tiene a alguien no válido en el banquillo. Ayer Francia destrozó de un plumazo los sueños de muchos y puso en el disparadero al que nunca debió acceder al cargo.

Demostramos ser un equipo sin preparación, sin la capacidad de cambiar las cosas cuando fue necesario, sin poder utilizar los grandes recursos que guardamos en el banquillo, sin la posibilidad de tener una mente clara en momentos difíciles, sin la capacidad de gestionar los roles. Sin entrenador.

España se plantó en cuartos de final destrozando a todos los rivales. El ímpetu de estos jugadores fue suficiente para vencer con holgura a grandes equipos pero anoche: ni Pau estaba bien físicamente, ni Marc estuvo centrado. No fue culpa de ellos, el primero estaba lesionado por jugar demasiados minutos innecesarios y el segundo acababa de vivir una experiencia impactante: ser padre. Este equipo es una familia, es un grupo en el que todos se apoyan pero anoche no pudieron hacerlo porque cuando Ibaka y sobre todo Felipe Reyes debieron dar un paso adelante y cubrir a los suyos, no se les permitió.

Orenga no ha demostrado nada en toda su carrera como entrenador y todos lo hemos pagado, pero como muchos ya apuntan: ¿Quién le ha mantenido en el cargo? José Luis Sáez. Es el responsable final y al que le toca dar la cara ante los aficionados y ante los jugadores. Sin duda lo más doloroso. Pero quizá se nos escape un nombre en toda esta ecuación: Ángel Palmi. El director deportivo de la Federación Española de Baloncesto ha sido el gran valedor de Orenga como seleccionador. Sáez ha permitido que Palmi le convenciera porque el baloncesto de base en este país iba bien y ello le reportaba un crédito. Palmi ha estado encantado haciendo y deshaciendo durante todo este tiempo con Orenga como marioneta. Abrines y no San Emeterio es sólo un ejemplo. La selección ha jugador a lo que Palmi quería y al final nos la hemos pegado todos.

No es justo que Pau, Navarro, Calderón y Felipe se tengan que despedir de esta forma. No se lo merecen. Han demostrado su compromiso desde 1998. Lo han dado todo hasta el último partido y al final para ellos… se apagaron las luces de forma abrupta. Gracias por todo lo que nos habéis dado porque aunque no hayamos vuelto a ser campeones del mundo, habéis estado en los sueños de todo el deporte español.

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Vicente Azpitarte en Twiiter: @Azpitarte

El fin de una era

Posted by on sep 11, 2014 in Blog Resultados NBA | 0 comments

Esta no es la entrada que pensaba escribir hoy. Hoy había pensado aburrirles con mi día en el Mundial, el único día de toda mi vida del que podré decir que asistí in situ a un Mundial de Baloncesto. Hoy tendría que haberles calentado los cascos con toda clase de historias del antes, del durante y del después, un poco a la manera en que lo hice en aquel Eurobasket de hace ya siete largos años. Hoy tendría que haberles puesto la cabeza mala con las curiosidades que llamaron mi atención, con las ocurrencias que escuché, incluso con las fotos que tomé para la ocasión, con tantas otras cosas que rondaron toda la tarde por mi cabeza y que luego al caer la noche se me fueron todas juntas al carajo, cuando en los minutos finales del infausto España-Francia comprendí por fin que ya no podría haber ninguna otra cosa de qué hablar. Cuando fui palpando la angustia que se vivía a mi alrededor (que acaso no fuera más que un reflejo de mi propia angustia), cuando fui bajando las escaleras del Palacio entre gestos desencajados y ojos enrojecidos, cuando entré en el metro junto a otros tropecientos más y una señora que viajaba en el vagón supo de inmediato que habíamos perdido porque no hay más que veros las caras, cuando fui poco a poco tomando conciencia de la magnitud de aquel fracaso, FRACASO con mayúsculas, fracaso generado entre otras cosas por nuestras enfermizas expectativas de éxito, éste ya con minúsculas. Nunca escribiré ya el post de mi día en el Mundial, o acaso sólo pueda hacerlo cuando haya pasado el tiempo suficiente para que no tenga ya ningún sentido. Ni puñetera falta que le hará tenerlo.

A veces la vida te da la razón cuando menos te lo esperas, cuando menos te gustaría tenerla. Hace 14 días les conté aquí mis razones para el escepticismo, recuerdo bien que mi primera intención fue titularla razones para el pesimismo pero me contuve, era tal el desparrame de triunfalismo alrededor de nuestra selección que pensé que iba a ser yo la única nota discordante, que con ese nombre no me la iba a leer ni dios y el que lo hiciera lo haría para insultarme. Plegué velas, cambié de título en el último instante, quizá suavicé algo el tono pero la esencia fue más o menos la misma, salirme del discurso oficial, explicarles por qué yo, al contrario de (lo que parecía ser) el común de los mortales, no lo veía nada claro. Y empezó el campeonato, empezamos a arrollar a todo dios, empecé a ilusionarme como todo dios pero en el fondo de mi alma seguí sin verlo claro, seguí temiendo el petardazo a la vuelta de cualquier esquina, vi ayer el Serbia-Brasil y comprendí que aquella Serbia en nada se parecía ya a la de Granada, que tenía argumentos más que de sobra para pintarnos la cara… Como si le fuéramos a dar la oportunidad. Me quedé corto. La realidad superó a la ficción, por una vez la realidad superó incluso a mi propio pesimismo/escepticismo. Temí una muerte lenta en semis, jamás imaginé una muerte rápida (pero no por ello menos dolorosa, más bien al contrario) en cuartos de final. Hasta se nos acabó volviendo en contra lo que nos montamos a favor, ese cuadro que preparamos a conciencia para no tener que ver a USA hasta la Final como si fueran dos conferencias separadas, como si todo lo demás no importara, como si diera igual ocho que ochenta, Brasil que México, Francia que Finlandia, Serbia que Ucrania. En el pecado llevamos la penitencia, y qué penitencia. Tenemos lo que nos merecemos.

Ahora todos los dedos apuntan a Orenga y no seré yo quien los aparte, pero me gustaría que fuéramos capaces de señalar un poco más allá. El problema no es Orenga (o no es sólo Orenga), es quien lo nombra. El problema es que en un país con docenas y docenas de extraordinarios entrenadores alguien decida poner de seleccionador nacional a unbecario (dicho sea con todos los respetos a Orenga y a los becarios), becario no en lo que se refiere al sueldo (obviamente) sino a la experiencia. ¿Experiencia? Cuatro aciagos meses (y de eso hace ya demasiados años) en uno de los peores Estudiantes que se recuerdan (y miren que hay donde escoger), justo hasta que no les quedó más remedio que enseñarle la puerta de salida. ¿Y con ese portentoso bagaje va el iluminado de turno (por otro nombre José Luis Sáez, no se me vaya a olvidar nombrarlo) y decide que es la persona idónea para regir los des(a)tinos de esta selección? Argumento irreprochable donde los haya, vamos a ponerles a estas criaturas un entrenador contemporizador y poco intervencionista, no vaya ser que si les ponemos jefe alguno no venga. Y usted y yo sabemos que esto por desgracia no funciona así, usted y yo podemos ser extraordinarios en nuestro trabajo y tener además un elevado sentido de la responsabilidad, pero si nos ponen un jefe de paja que no nos dirija sino que nos mire probablemente haremos lo justo, y sin orden ni concierto además. Qué duda cabe, la vida sin jefes sería maravillosa, todos hemos soñado con ello alguna vez, pero sólo a los jugadores de nuestra selección les fue concedido el privilegio de convertir ese sueño en realidad. Y fueron felices y comieron perdices y demás opíparas viandas, jugaron a la pocha, cantaron juntos, zascandilearon por los pasillos y se lo pasaron chachi chupi requeteguay… hasta ayer. Querías perfil bajo, pues ahí lo tienes. Por los suelos.

Pero es que hay algo peor que equivocarte, y es ser contumaz en el error. Sostenella y no enmendalla, que decía aquel. Tropezar de nuevo con la misma piedra, aún por grande que fuera la hostia que te llevaste la primera vez. Puedo llegar a entender el nombramiento de Orenga para el Eurobasket 2013, al menos el ochenta o noventa por ciento de aficionados al baloncesto de este país no lo veíamos pero puedo llegar a entender que usted sí lo viera, usted al fin y al cabo sabe mucho más de baloncesto que nosotros, faltaría más, como corresponde a su alto rango y elevada condición. Pero eso fue antes. Después del Eurobasket 2013 seríamos ya el 99 por ciento de aficionados de este país los que no veíamos a Orenga (ni en pintura, y nunca mejor dicho), y aún me quedaré corto. Se ganó el bronce, se nos vendió como un éxito (sin Pau, sin Navarro, sin Ibaka, a ver a qué más podíamos aspirar), puede que numéricamente así lo fuera pero más allá de los números y de las medallas están las sensaciones. Y éstas nos mostraron partido tras partido a un equipo mal preparado física, técnica y psicológicamente, un equipo incapaz de administrar sus exiguas fuerzas, que arrasaba en los tres primeros cuartos para luego hundirse irremisiblemente en el último, que no sabía remar contra corriente ni era capaz de manejar finales apretados fueran éstos contra quien fueran, así una y otra y otra vez… Las señales parecían evidentes para cualquiera que quisiera verlas pero usted nada, usted erre que erre (nada que ver con Ricky & Rudy en este caso). No queríais Orenga, pues toma, dos tazas. A ver si aún hay huevos para una tercera.

¿Sabe cuál es la diferencia? Que hace un año nos ganó una Francia que era un pedazo de equipo, el mismo que luego sería campeón, también el mismo al que habíamos ganado en 2012, 2011, 2009, tantas otras veces. Hace un año le forzamos una prórroga a la Francia de Tony Parker, en cambio este año no hemos visto ni de lejos a una Francia sin Parker, sin Nando de Colo, sin Joakim Noah, sin Michael Pietrus, sin Ronny Turiaf, sin Kevin Seraphin, sin Alexis Ajinça, sin Ian Mahinmi, si quieren sigo que aún me dejaré alguno. Una Francia light, probablemente la selección francesa con peor pronóstico en un campeonato internacional de los últimos quince años. Pero una Francia con entrenador, fíjense qué cosa más curiosa, una Francia con un pedazo de técnico llamado Vincent Collet que nos conoce como si nos hubiera parido, que nos tiene estudiados hasta la náusea y que debió pasarse las horas previas al partido ensayando mil y una maneras de explotar nuestras debilidades: cómo dejarnos en inferioridad en todos sus picanroles, como invertir e invertir hasta que en uno u otro lado hubiera un tío solo, cómo cortocircuitarnos todo nuestro ataque, cómo negarnos todos los rebotes. Lo que viene siendopreparar un partido, hasta el hartazgo si es preciso. Claro está, ellos tenían que prepararlo, nosotros para qué, si ya sabemos de sobra que somos mejores que ellos, si ya les ganamos de paliza el otro día, si no tenemos nada de que preocuparnos, que se preocupen ellos si se quieren preocupar, nosotros a lo nuestro. Una sesioncilla suave, un permiso de paternidad, algún pasatiempo lúdico-festivo y a otra cosa mariposa, no se nos vayan a cansar.

Claro que si no queríamos que se cansaran a lo mejor podríamos haberlo pensado antes. Haberlo pensado en todos esos días en que ganábamos de treinta y aún así manteníamos a todos los pesos pesados sobre la cancha hasta que quedaban apenas tres minutos, no fuera a ser que nos vinieran a remontar. Haberlo pensado el día de Serbia, que no nos jugábamos absolutamente nada ni ellos tampoco, que el sentido común (el menos común de los sentidos) dictaba meter como titulares a Felipe, Claver y Abrines y darles treinta minutos pero nosotros nada, nosotros con toda la artillería desde el principio hasta el final para que supieran con quién se estaban jugando los cuartos, puras salvas de artificio, luego ya nos iremos por las patas abajo cuando toque jugárselos de verdad. Si no queríamos que se cansaran a lo mejor pudimos caer antes en la cuenta de que los baqueteados cuerpos de 34 años ya no responden como los de 22, es ley de vida. Pero si no caímos y ahora ya les tenemos cansados siempre quedaría la opción de activar el plan B: que Diaw se está quedando una y otra vez en superioridad y nos está crujiendo desde fuera, que Marc está como si no estuviera, que Ibaka parece al borde de un ataque de nervios, que no cogemos un puto rebote y los pocos que cogemos nos los quitan de las manos… pues a ver si es que ha llegado el momento de darle por fin una oportunidad a un tal Felipe Reyes, que no es precisamente un novillero a punto de confirmar la alternativa como Abrines ni un ente etéreo como Claver, que no es un fino estilista como alguno de los que le preceden pero está más que harto de fajarse en cienmil batallas como ésta, que en un partido que se juega en las trincheras será difícil encontrar otro mejor. Claro que para activar el plan B primero hace falta tenerlo. No digo que no lo hubiera, no lo sé ni soy quién para saberlo. Sólo digo que si lo había se esforzaron muy concienzudamente en disimularlo.

Hay derrotas y derrotas. Suelo decir que la alegría por una victoria nos puede quedar para siempre pero la tristeza tras una derrota nunca debería durarnos más de cinco minutos. Porque la vida es mucho más que baloncesto, porque todos tenemos cosas mucho más importantes en que pensar más allá de un mero partido, sea éste cual sea. Suelo decirlo y además suelo cumplirlo… el 99 por ciento de las veces. Porque hay derrotas y derrotas, porque hay algunas (muy pocas, afortunadamente) que se te enquistan y se te quedan para toda la vida en tu interior. Esta es una de ellas, evidentemente. Desde aquel infausto chinazo en el Mundial de Canadá’1994 no había vuelto yo a sentir esta amargura por un resultado de la selección (y fuera de la selección tampoco, exceptuando elpresunto descenso estudiantil). Nunca. Ni con las derrotas griegas de 1995 y 1998, ni con las finales perdidas en 1999, 2003 y 2007 (al fin y al cabo éramos finalistas), ni con la durísima eliminación ante USA en los cuartos de final de Atenas 2004, ni con el triplazo de Teodosic en 2010, ni con la prórroga ante Francia del pasado año… Nunca, nunca desde aquel chinazo que marcó (mucho más que el angolazo de dos años antes) un antes y un después. Como lo marcará esta derrota que algún día no lejano nos atreveremos a llamarfranciazo. Aunque ni de lejos sea lo mismo, aunque Francia en ningún caso pueda compararse a aquella China o a aquella Angola. Pero tampoco veníamos entonces de donde vinimos ahora, ahora nos hemos pasado todo el Torneo sin otra preocupación que la de si seríamos o no capaces de ganar la Final a los yanquis como si ya estuviéramos en ella, ahora fuimos al Palacio como a una fiesta campestre, como si la única duda no fuera si íbamos a ganar sino de cuánto íbamos a ganar, como si no jugáramos contra nadie sino contra nosotros mismos (y quizá fuera así). Íbamos tan de favoritos, tan creídos, tan sobrados, tan de anfitriones (miren que se lo advertí, que la condición de anfitriones casi siempre acaba resultándonos contraproducente, a nosotros y casi a cualquiera), tan de chulos por la vida, tan de españoles en suma… Ya saben, hay una España envidiada por el mundo, soy español a qué quieres que te gane y demás fanfarronadas propias de nuevo rico (en términos estrictamente deportivos, entiéndase) que nunca tuvo donde caerse muerto, que un día de repente ganó cuatro cosas y a partir de ahí se creyó el amo del cortijo como si en verdad lo fuera. Somos campeones del mundo en vender pieles de oso, nada más que en eso, luego es el oso quien nos mata y además se regodea, con todo merecimiento. Somos campeones del mundo en generar vanas expectativas, así más dura será la caída. Lo está siendo.

¿Y saben qué es lo peor? Lo peor es haber dilapidado con todas estas tonterías los dos últimos años buenos que le quedaban a esta maravillosa generación. Como si diera lo mismo, como si el talento nos saliera a borbotones de debajo de las piedras, como si no hubiéramos necesitado toda una vida para tener una generación así… Se acabo. Es el fin de una era. Y fíjense que no digo fin de ciclo, que ése más o menos lo dábamos ya por descontado ganáramos o perdiéramos. Digo fin de una era, digo fin de la ilusión por esta selección que es tanto como decir fin de la ilusión por el baloncesto, en el supuesto de que aún quedara algo de ella. Echen cuentas, entre jubilados, sabáticos y desencantados en 2015 no nos reconocerá ni la madre que nos parió, iremos al Eurobasket multisede a que nos pinten la cara, tanto dará quien nos (des)entrene, la consecuencia inmediata será que no obtendremos plaza para Río’2016 ni con preolímpico ni sin preolímpico, ni de coña, si tenían alguna ilusión con dicha cita vayan quitándosela de la cabeza, yo ya estoy en ello. Quizá en 2017 seamos capaces de empezar la regeneración o quizá no, quién sabe, si aquel chinazo nos costó cinco años no descarten que ahora haya que esperar más todavía. Es lo que hay, no suelo adivinar el futuro (así que no pierdan la esperanza) pero a día de hoy no sé venderles otra cosa, ustedes me disculparán si les he dado el día (aún más si cabe). Hace dos semanas convertí mis razones para el pesimismo en razones para el escepticismo, hoy ya no, hoy ya sólo me queda pesimismo. A chorros, además. Y no sé cuántos años más habrán de pasar hasta que pueda cambiar de opinión.

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Zaid en Twiiter: @Zaid5x5

Publicado originalmente en: http://zaidarena.wordpress.com/2014/09/11/el-fin-de-una-era/

 

El mejor análisis de la Copa del Mundo España 2014, en Tirando a Fallar

Posted by on sep 9, 2014 in Blog Resultados NBA, Portada, Programas | 0 comments

Escucha ya el programa de esta semana aquí

Metidos ya de lleno en la Copa del Mundo que se celebra en nuestro país, Vicente Azpitarte y su equipo hacen balance de todo lo ocurrido hasta el momento, en lo social y lo deportivo, así como de todo lo que está por llegar en la recta final del torneo.
De esta forma, esta semana repasaremos lo más destacado de cada una de las ciudades sede en la primera fase, junto a Leyre Gonzáez (Bilbao), Judit Vega (Gran Canaria) y Ángel Vilches (Sevilla), además de José Manuel Puertas que estuvo en Granada. También conoceremos todo lo que están dando de sí los partidos de la segunda fase con en Madrid y Barcelona (con Pablo Cenizo). Y en lo estrictamente deportivo, Gustavo Aranzana y Anicet Lavodrama analizarán el torneo de la selección española hasta el momento, y Sergio Valdeolmillos, seleccionador de México, nos contará cómo ha vivido el torneo con su equipo, y cómo ha visto a Estados Unidos, equipo ante el que cayó eliminado México.
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