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No todo son resultados NBA

Marcelinho Huertas: “El sistema de competición de la Copa del Mundo le resta morbo al aficionado”

Posted by on ago 30, 2014 in Blog Resultados NBA, Portada | 0 comments

Nacido en Sao Paulo hace 31 años, Marcelinho Huertas pasa por ser uno de los líderes del actual campeón de la Liga Endesa, el Fútbol Club Barcelona. Ahora, tras ser determinante en el título de liga de los catalanes, y pleno de madurez, se dispone a liderar a la selección de Brasil hacia el nivel en el que muchos esperan a los sudamericanos desde hace algunos años: el podio de una gran competición internacional.

A sólo 72 horas del arranque de la Copa del Mundo España 2014, Marcelinho Huertas atiende, sin eludir ningún tema, a las preguntas de Libertad Digital.

Pregunta: Todo el mundo espera de Brasil que este sea al fin el año en que hagan algo importante. ¿Cómo lo sienten ustedes dentro del vestuario?

Respuesta: Nosotros sentimos que puede ser, porque en las dos últimas competiciones, Mundial y Juegos Olímpicos, hemos demostrado un nivel de juego mejor que el resultado final, jugando de igual a igual a los mejores y ganando partidos a grandes equipos. Sin embargo, en el momento clave hemos caído en las eliminatorias. Eso nos dejó un sabor de boca agridulce porque las sensaciones siempre fueron buenas, aunque no pudimos llegar donde nos merecíamos. Ahora, con el mismo equipo pero más experto, con muchos jugadores a un nivel muy alto, tenemos la opción de hacer algo gordo con la selección.

P: En 2010 fueron los únicos que pudieron vencer a Estados Unidos y en 2012 ganaron a España. ¿Qué era lo que les faltaba en esos partidos decisivos?

 

 

P: También han tenido bajas importantes y algunos años han faltado Nené Hilario o Varejao por sus problemas físicos. Pero este año esa excusa no vale, están todos en España. Todos apuestan por la final Estados Unidos-España, pero el primer candidato a evitarla parece Brasil.

R: Ojalá, pero hay muchos equipos fuertes y capacitados para llegar y dar la sorpresa. Nosotros tenemos opciones y nos vemos capaces de luchar contra todos, incluso contra España si hacemos un partido sólido defensivamente tendremos opciones. Espero que Brasil sea ese equipo sólido del que hable la gente pero que nosotros sintamos en nuestra piel esa sensación. El equipo puede si quiere.

P: En su época de seleccionador brasileño, Moncho Monsalve se quejaba de la falta de profesionalización en el país. Ahora el nivel de su liga ha subido mucho e incluso hay jugadores, como Rafa Hettsheimeir, volviendo a jugar allí. ¿Ha influido mucho todo ese proceso en su selección?

R: Sí, desde la creación hace seis o siete años de la liga independiente, yo creo que muchas cosas han cambiado. También con la llegada de Moncho Monsalve, primero, o de Rubén (Magnano), después, han creado un colegio de entrenadores, el baloncesto es mejor visto, hay más gente volcada en que se mejore. Más niños jugando, más escuelas y también la gente nos atiende más y quiere volver a hacer un deporte fuerte. Hay jugadores en este equipo que son ídolos para la gente, para los niños que empiezan a jugar al baloncesto. Con eso, podemos crecer, porque mucha gente se identifica con los jugadores NBA. Hay jugadores volviendo al país a jugar porque la liga es muy seria y, con suerte, pese a toda la crisis mundial, la liga paga bien. No sólo vienen brasileños, también argentinos, estadounidenses… eso indica que la liga está creciendoy con ello nuestro baloncesto.

P: ¿Cómo les afecta el fracaso mundialista del fútbol? ¿Les presiona más?

 

P: ¿Qué opina del sistema de competición de la Copa del Mundo? Parece hecho a medida para una final España-Estados Unidos, evitando que se crucen antes.

R: No sé quién decidió eso, pero creo que es una manera de evitar problemas, y no sé si al final esto es correcto. Puedes evitar jugar contra quien no quieres, pero, en fin, lo más justo sería hacer una mezcla y poder jugar con cualquier rival en octavos, o en cuartos, como siempre ha sido. Así hay muchas más posibilidades. De esta forma jugarás en la fase de grupos con un equipo, y luego te puede volver a tocar jugar contra él. Creo que todo este le resta morbo a los aficionados y jugadores. Quizá esto interese a un equipo u otro, pero creo que de la otra forma es más chulo.

P: Hablando de usted a nivel personal, se le ve en un punto de madurez como no había tenido antes.

R: Estoy contento y la verdad es que estoy jugando a un nivel bastante bueno los últimos años. Desde que estaba en Caja Laboral juego en equipos que luchan por todo y esto te hace madurar, te hace ser un jugador que sabes lo que tienes que hacer para que tu equipo gane. Cuando juegas en un equipo que es un bicho ganador, aprendes lo que hay que hacer para ganar. Por suerte en estos años estoy así y espero poder seguir en esta línea, no sólo en mi club sino en la selección, que es importante.

P: ¿Se ha sentido un poco encadenado en determinados momentos de su carrera? ¿Como si no pudiera soltar todo su talento?

 

P: Hablamos de presión para Brasil, pero lo del Barça este año no va a ser menor. Vaya equipazo se han montado…

P: Sí, se está haciendo un equipazo, pero la presión en el Barça es igual hagas el equipo que hagas. Jugar finales y ganar títulos. Una temporada sin títulos siempre queda ahí. Jugamos en la mejor liga de Europa y, sobre todo a nivel europeo, hay grandes inversiones, nosotros las hacemos pero miras a los rusos y los turcos y ponen el doble. El equipo está hecho para luchar por todo y espero que tengamos la química necesaria. Hay grandes jugadores que saben jugar en lo que Xavi Pascual quiere, gente que a nivel táctico cuando juegas en contra ves qué tipo de jugadores son. La verdad es que el equipo pinta bien.

P: De hecho, la sensación este verano es que en esa eterna pugna Madrid-Barça, ustedes le han comido la tostada al rival, algo que no pasaba en las últimas temporadas.

R: Creo que eso es muy relativo. La plantilla del Madrid tampoco ha cambiado tanto en los últimos años, tienen gente de muchísimo nivel y este año ha llegado gente como Nocioni, que les va a dar un gran recambio para Mirotic en el 4. Nosotros hemos fichado gente con buen nombre también, seguro que todos volverán a hablar de Madrid y Barça, pero hay que tener en cuenta a otros. La liga, aunque lo parezca, no es cosa de dos. El Valencia podía haber luchado tranquilamente por la liga el año pasado. También está elCaja Laboral… hay que respetar a todos.

P: Precisamente en Valencia… ¿cree que empezaron a ganar la liga en aquel quinto partido de semifinales? De haber perdido ese día, todo podría haber volado por los aires, y dos semanas después eran campeones.

 

R: Era un día muy difícil porque después de ganar los dos primeros en Valencia, fue un golpe perder dos seguidos en casa, que nos quitó toda la confianza. Fue un partido durísimo, estuvimos ahogados hasta el final. Pero mire, el Valencia perdió muy pocos partidos, tres o cuatro en toda la temporada, y sabíamos que iba a ser muy duro. Pero lo hicimos y nos dio la confianza y el subidón necesarios para jugar contra el Madrid, el equipo pasó a verse capacitado. Quizá la gente no creyera tanto, pero el Madrid no estaba en su mejor momento, había sufrido con Unicaja en semifinales, y pese a tener el factor cancha y el favoritismo ellos sabían también que sería una final difícil.

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José M. Puertas en twitter: @josempuertas

Gustavo Ayón: “A día de hoy, sólo tengo una oferta de China”

Posted by on ago 27, 2014 in Blog Resultados NBA, Portada | 0 comments

El pívot mexicano Gustavo Ayón es, posiblemente, el mejor jugador que existe en el mercado actual de entre todos aquellos que no tienen equipo. Concentrado en Granada con la selección mexicana, preparando la Copa del Mundo, el Titán de Nayarit, desde sus 208 centímetros de altura, y con sus maltrechos hombros embutidos en una enorme cantidad de hielo, atiende a Libertad Digital para charlar sobre España 2014 y sobre su futuro más inmediato, del que muchos están, o deberían estar, pendientes.

Eso sí, el mexicano tiene claro que su futuro pasa por quien le valore más económicamente, pues reconoce haber perdido dinero en su paso por la NBA (abonó 1,2 millones de euros al Fuenlabrada a finales de 2011 para poder marcharse a los New Orleans Hornets), y que ha llegado el momento convertir en su tremenda capacidad sobre una cancha de baloncesto en varios ceros en su contrato.

Pregunta: Jugar una Copa del Mundo con México, tras tantos años en los que su país ha estado lejos del primer nivel competitivo, debe ser un reto precioso para ustedes.

RespuestaSí, es una experiencia muy bonita. Es un gran torneo donde están los mejores del mundo, salvo algún NBA que no pueda venir. Estar en esta circunstancia es una experiencia que ninguno del equipo ni del staff lo va a olvidar, porque por algo están los mejores en España este verano.

P: ¿Y usted, cómo está tras un año con tantas lesiones?

REstoy bien, bastante bien. Muy motivado para que arranque ya todo esto, para que empiece a funcionar la Copa del Mundo. Además, estoy contento porque hemos hecho buenos partidos de preparación aunque no hayamos funcionado de la mejor forma. Pero hemos tenido la experiencia de jugar contra equipos de gran nivel que estarán en el Mundial.

P: ¿Y cómo se lleva eso de tener claro que, cuando los rivales tengan a México enfrente, todos van a centrar mucho su defensa, y su dureza, en usted?

RBueno, eso es algo en lo que no pienso, pero si es así, no me asusta. Es el rol que me toca dentro de este equipo, ni tampoco me inquieta hacer más cosas de las que ya tengo que hacer por mi selección.

P: Ha resultado muy sorprendente la evolución de México en los dos últimos años, desde que empezara su segunda etapa Sergio Valdeolmillos. Ganaron el Torneo de las Américas y el Centrobasket, ¿Qué pretenden hacer en este torneo?

R: La verdad es que lo que hicimos el año pasado fue algo muy bonito para el país y para nosotros. El equipo está muy mentalizado para lo que vamos a afrontar. Es una situación muy difícil, con los mejores equipos del mundo, y desde el inicio con un grupo muy fuerte. Tenemos que ir partido a partido y no ponernos objetivos ni trazarnos una meta que luego pueda afectarnos a la hora de jugar por querer llegar a eso. Tenemos que hacer las cosas bien y jugar como podemos. En el Torneo de Badalona nos hemos visto algo espantados, como fuera de ritmo, y no estamos fuera de ritmo. Pero no estamos acostumbrados a jugar contra equipos que nos juegan tan fácil en ataque y nos lo ponen tan difícil en defensa. Hemos aprendido de los partidos en Badalona, y no nos queda otra que seguir adelante y poner todo el corazón dentro de la cancha.

P: ¿Cuál es el secreto del salto adelante del baloncesto mexicano en los dos últimos años?

REl secreto son los jugadores. Han cambiado mucho mentalmente, y ahora tienen una mentalidad de sacrificio que antes no tenían, de querer mejorar día a día. Eso es lo que yo creo que ha cambiado en el baloncesto del país. Seguimos teniendo problemas con la organización, porque no tenemos una federación, pero esperemos que pronto se tenga para no tener que seguir batallando con temas de organización, patrocinadores, apoyos. Los altos mandos del deporte en México deben solucionar el tema de que haya una federación.

P: En lo personal, se viene hablando mucho de su futuro, quizá cansado de la NBA. ¿Considera que se la ha maltratado en Estados Unidos, y que por ejemplo en Atlanta debió gozar de más minutos?

REs que eso es algo que no dependía de mí. Jugué 16 minutos de media el tiempo que he estado. Además, las dos lesiones en el hombro me tuvieron un poco fuera, y el equipo no se va a arriesgar con alguien que se lesionó dos veces en la temporada. Están en todo su derecho, y lejos de frustrarme o sentirme molesto, lo único que siento es la motivación por volver, ya sea allí, en Europa, o donde realmente se valore el trabajo que hago dentro de la cancha económicamente. Me da igual si es NBA, Europa, México, China o donde sea. Sólo quiero disfrutar de este deporte y que mi familia esté bien.

P: Pero usted es consciente de que hay pocos jugadores libres ahora mismo con su caché, ¿Esperará a que acabe la Copa del Mundo o le gustaría arreglar su futuro cuanto antes?

R: No creo que salga algo antes, porque muchos desconfían de mi hombro y de si estoy bien o no aún. Seguramente van a esperar muchos equipos a verme en el Mundial. Además, muchos de los grandes equipos ya están estructurados, y eso hace las cosas más difíciles. Yo me he esforzado en esperar hasta estar bien del hombro, y obviamente muchos equipos quieren sacar ventaja cuando tienes alguna situación frágil en tu físico. Pero yo ahora mismo estoy bien, pensando en México y no pienso en otra cosa. Tengo que solucionar lo del Barça, que lo haré en cuanto tenga la oportunidad de hablar con ellos, y ya está.

P: Usted mismo ha reconocido que en mayo llamó al Barcelona para saber si le querían y le dijeron que no. Pero si le llamara un equipo español, el Barça seguiría teniendo la última palabra, aunque a día de hoy no le quieran, ¿Cómo lleva usted ese tema?

REs algo que tengo que hablar con ellos, y no creo que sea bueno comentar nada de esa situación. Cuando vea lo que ellos piensan y lo que pretenden, decidiremos. No se trata de que ni ellos ni yo salgamos afectados, sino de llegar a un acuerdo razonable para todos. Ellos quieren los mejor para su equipo, y si no quieren que me incorpore al Barcelona, lo acepto totalmente, no me voy a aferrar ni a discutir por algo que no va a llegar a nada.

P: Sin embargo, esa posición del Barcelona, podría cambiar radicalmente si quien se pone en su camino es el Real Madrid. ¿Le gustaría recibir una llamada del club blanco?

R¿Y a quién no le gustaría jugar en un equipo de ese nivel? Sea el Real Madrid o el Barcelona, son los equipos que siempre están jugando en Europa al máximo nivel. Ahora mismo me da igual quien me llame, sólo tengo una oferta en China ahora que es la que tengo que valorar porque es lo que único que he recibido. Además, viendo situaciones del Real Madrid, ellos ya tienen cerrada su plantilla, así que hay que pensar en eso. Aunque tengas la ilusión, esos equipos ya tienen cerrada su plantilla a estas alturas.

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José M. Puertas en twitter: @josempuertas

La gran previa de la Copa del Mundo, en TaF

Posted by on ago 25, 2014 in Blog Resultados NBA, Portada | 0 comments

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Cuando apenas falta una semana para el inicio de la Copa del Mundo de España 2014, Tirando a Fallar repasa lo más destacado del gran evento global que se celebrará en nuestro país. De la mano de José Manuel Puertas, comenzaremos repasando lo más destacado de cada una de las ciudades sede, junto aDani Blanco (Madrid), Pablo Cenizo (Barcelona), Juanjo Martín (Granada), Igor Minteguia (Bilbao), Judit Vega (Gran Canaria) y Ángel Vilches (Sevilla).

Tras ello, escucharemos a uno de los protagonistas del torneo, el seleccionador de Puerto Rico, el españolPaco Olmos, que afronta con ilusión el torneo al frente de la selección caribeña.
Habrá tiempo también para el análisis, con Fran Fermoso y Antonio Rodríguez analizando a los posibles candidatos a MVP del torneo, Fernando Martín y Javi Gancedo indicando las posibles selecciones revelación, y Sergio García Ronrás y Lucas Sáez Bravo desgranando a los principales candidatos a la lucha por las medallas.
Finalmente, charlaremos con el Director Deportivo de la Federación Española, Ángel Palmi, con quien haremos un repaso al exitoso verano de los equipos españoles en categorías de formación.

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La última hora de la preparación de la Copa del Mundo, en Tirando a Fallar

Posted by on ago 19, 2014 in Blog Resultados NBA, Portada, Programas | 0 comments

Escucha ya el programa de esta semana aquí

A escasas dos semanas para el comienzo de la Copa del Mundo, Tirando a Fallar repasa la última hora de la preparación de las diferentes selecciones. Comenzaremos en directo con el final del España-Senegal, un partido polémico por la ausencia de televisión en directo, cuya evolución nos contará Judit Vega. Tras ello, el análisis de la preparación de la selección española y sus principales rivales correrá a cuenta de Lucas Sáez-Bravo (El Mundo) y Fran Fermoso (Canal Plus).
Además, charlaremos con varios de los protagonistas de la Copa del Mundo, como el seleccionador de la sorprendente México, el español Sergio Valdeolmillos, y dos jugadores de la pujante Brasil con pasado y presente en la Liga Endesa, como Rafael Hettsheimeir y Raulzinho Neto.
Finalmente, las últimas noticias del baloncesto NBA y la preparación del combinado USA nos las traerá como cada semana John Vázquez.

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1984

Posted by on ago 19, 2014 in Blog Resultados NBA | 0 comments

1984 fue el año en que leímos 1984, de hecho fue el año en que (re)descubrimos que existía esa novela escrita 36 años antes (1948, nótese el juego de cifras) y en la que Orwell pintaba un desolador y aterrador futuro plagado de pantallas que vigilaban hasta el más mínimo movimiento de sus ciudadanos. Claro está, nos hacía mucha gracia todo aquello, piénsese que en 1984 apenas teníamos un canal y medio de televisión, que aún no había Internet ni móviles ni portátiles ni tablets ni pecés ni deuvedés ni pendrives ni casicedés ni disquetes siquiera (no desde luego el de tres un medio, quizá ya hubiera nacido el de cinco un cuarto), que el más pequeño de los ordenadores ocupaba una mesa entera, que lo más parecido a un programa informático era aquella interminable ristra de tarjetas rosas perforadas y necesariamente clasificadas en el orden correcto que solía manejar el enterao de turno, que como un día se le cayeran al suelo y se le desordenaran era hombre muerto… Sí, nos hacía mucha gracia aquel pronóstico presuntamente errado por Orwell en 1984, hoy treinta años después ya no nos hace tanta gracia cuando miramos a nuestro alrededor, ello aunque aquel terrible concepto del Gran Hermano haya quedado completamente prostituido con el paso del tiempo y hoy ya sólo lo identifiquemos con un no menos terrible programa de televisión, ése del que el 99 por ciento de sus telespectadores (me quedo corto) ni siquiera sabrán de dónde le viene el nombre…

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1984 fue principio y fin de muchas cosas, demasiadas. Mírenme a mí por ejemplo (lo prometo, serán sólo estas líneas), miren a ese típico licenciado en paro (sí, ya entonces existía esa especie, y en abundancia) echando currículums por doquier mientras poco a poco iba asumiendo que jamás encontraría trabajo de lo mío, que llegado este momento habría de conformarme con trabajar de lo que fuera. En ese mismo lo que fuera continúo aún hoy más o menos, casi treinta años después…

1984 fue principio y fin, también en baloncesto. A nivel de clubes acabábamos de parir la ACB (aunque casi ni nos hubiéramos enterado), acabábamos de ver al CAI dar un golpe de estadio y birlarle la Copa al Barça. acabábamos de importar los playoffs, ese invento del demonio, por dios, a quién se le ocurre, dos equipos enfrentándose entre sí ¡¡¡hasta tres veces seguidas!!!, qué barbaridad, eso nunca puede acabar bien. Los agoreros se echaban las manos a la cabeza y los acontecimientos a punto estuvieron de darles la razón durante aquella Final liguera que disputaron (casualmente) Madrid y Barça: Mike Davis, Fernando Martín y Juanma López Iturriaga enzarzándose a puñetazo limpio durante el segundo partido, el Barça negándose a disputar el tercero tras las peculiares decisiones del Comité de Competición (o lo que fuera aquello), el Madrid ganando finalmente la Liga por incomparecencia del rival… ¿Se dan cuenta, ven lo que les decíamos, que una cosa así jamás podía acabar bien? Como si este sistema no estuviera ya más que probado en otros lares, como si esta clase de enfrentamientos no fueran el pan y la sal de cualquier rivalidad deportiva, como si estas mismas cosas no fueran a suceder también (corregidas y aumentadas) en la Final que habrían de disputar (casualmente) Celtics y Lakers pocas semanas después. Claro que en aquel entonces casi ni sabíamos aún de la existencia de dicha Final, casi empezábamos siquiera a conocer qué demonios sería aquello de la NBA… Qué tiempos.

1984 fue también principio y fin (primero creímos que principio, luego supimos que fin) para nuestra selección de baloncesto. Habíamos recogido el desencanto futbolero en 1982, habíamos tocado (sólo tocado) el cielo en 1983, soñábamos legítimamente con los Juegos Olímpicos de 1984. Pero ojo, soñábamos con moderación, no vayan a pensar, nada que ver con esto de ahora de llegar una gran competición y vendernos ya el oro con meses de antelación para que luego más dura sea la caída, para que luego cualquier otra cosa (incluso la plata, no digamos ya el bronce) nos acabe pareciendo poco. Entonces no, entonces la palabra medalla estaba casi proscrita en nuestro vocabulario, a nadie en su sano juicio se le habría ocurrido montar una porra como se hace hoy en día para adivinar cuántas íbamos a ganar en aquellos Juegos, era absurdo porque rara vez pasábamos de dos, por lo general en algún deporte de masas como la vela. Y en baloncesto ya no digamos, podíamos atrevernos a soñar con hacer un buen papel (fuera eso lo que fuera) pero a casi nadie se le ocurría soñar con llegar aún más allá.

Claro que para soñar con llegar aún más allá primero teníamos que soñar con llegar allá. A Los Ángeles, concretamente. Así como suena, éramos cuartos del mundo y segundos de Europa pero el billete para los Juegos aún nos lo tendríamos que ganar como tantos otros, sólo USA por aquello de ser sede y Yugoslavia e Italia por haber sido las anteriores finalistas quedaban eximidas de semejante empeño. Así que entre el 15 y el 25 de mayo de 1984 se juntaron en territorio francés 16 selecciones (sí, dieciséis) para dirimir las 3 (sí, tres) plazas europeas en disputa. Once días, nueve partidos, todo lo más florido y granado del Continente (excepto las dos excepciones antes citadas), la de dios.

Por alguna misteriosa razón tengo mucho más borrosos los recuerdos de aquel Preolímpico que los de los Juegos que vinieron después. Sí tengo fresco en mi memoria algo que siempre han declarado los integrantes de aquel equipo: que en contra de lo que pudiera parecer, fue aquel el momento culminante en cuanto a juego de aquella generación. Sí, mejor que en el Eurobasket de un año antes, mejor incluso que en Los Ángeles dos meses después, mejor que cualquier otro que podamos recordar. ¿Seguro? Si de muestra vale un botón, no estará de más recordar que el quinteto ideal de aquel Torneo, elegido por todos los periodistas europeos que se dieron cita en el mismo, fue el integrado por Corbalán, Gallis, Epi, Martín y Sabonis. Es decir, tres de cinco, mayoría absoluta. Así como pareció haber consenso general (o eso nos contaban, al menos) en que aquella selección española quizá no fuera necesariamente la mejor del Preolímpico (como veremos un par de párrafos más abajo) pero sí fue la que mejor baloncesto practicó a lo largo del Torneo. Dicho y hecho.

preolimpico

Aún así yo he buceado por las profundidades de Internet para intentar comprobarlo, no es que haya mucho material al respecto pero al menos sí he podido rescatar alguna cosa, algún retazo del España-Grecia de la primera fase (grabación de vídeoaficionado en condiciones lamentables, ya que no se televisó en su día) y luego sí, ya íntegros los partidos ante Israel y la URSS de la ronda final, narrados ambos desde París-Bercy por Héctor Quiroga junto con las portentosas aportaciones técnicas (si estaban en hombre o zona, punto) de aquel extraño sujeto llamado Nacho Rodríguez Márquez. Y créanme que así fue, créanme que aquel partido ante la Israel de los incombustibles Berkowitz y Aroesti y el incipiente Jamchi (partido que acabó de darnos el pasaporte a Los Ángeles, por cierto) fue una verdadera maravilla, 61-44 al descanso, 120-97 al final, puntos a chorros ante un equipo cuyas alternancias defensivas siempre nos complicaron sobremanera la vida, obviamente ni las defensas ni los físicos de entonces se parecían en nada a lo de ahora pero ese chorro de puntos lo veíamos de pascuas a ramos, entonces y ahora, tanto menos en un partido de la trascendencia de éste, tanto más si nos paramos a pensar que aún no se habían inventado los triples. Gozada absoluta, con Corbalán impartiendo magisterio y repartiendo asistencias como churros y Martín, Itu, Epi o el Matraco convirtiendo en oro casi todo lo que tocaban. Pura delicia.

El de la URSS fue otra delicia, pero ésta más por la parte soviética. Les pondré en situación: último partido del Preolímpico, ambas dos selecciones invictas y lógicamente ya clasificadas jugándose sólo el honor de ver cuál quedaba primera y cuál segunda. Les seguiré poniendo en situación: Eremin, Valters, Tarakanov, Kurtinaitis, Sabonis, Tkatchenko, Khomicius, Iovaisha, Lopatov, Belosteny, pónganse todos de pie si aún no lo han hecho. Aquel equipo de todas las rusias (y las lituanias, y las letonias) no había sido construido para clasificarse para los Juegos sino para ganarlos, ya empezaban a despertarles del sueño antes siquiera de empezar a soñarlo pero de momento aquella tarde nos clavaron 119-92, paliza sumamente engañosa porque les aguantamos tres cuartos (entiéndase cuartos en sentido figurado, ya que sólo había mitades) casi de igual a igual, paliza que les sirvió para llevarse ese honorífico primer puesto del Preolímpico y marcharse tan contentos y felices a sus casas para ya nunca más volver. Porque a esas alturas era ya un hecho que todo aquello no les servía para nada, a esas alturas era ya de dominio público que la URSS devolvería a USA su boicot a Moscú 80 no acudiendo tampoco a Los Ángeles 84. Lo que pudo haber sido y no fue.

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Claro que en realidad nunca sabremos lo que pudo haber sido (y no fue). En aquellos días, y en todos estos años cada vez que a alguien le dio por recordar aquel evento, era habitual debatir sobre lo que podría haber pasado si los rusos (tanto daba que hubiera lituanos y letones, para nosotros seguían siendo rusos) hubieran acudido a la cita olímpica. Pregunta retórica que por lo general acarreaba una respuesta no menos retórica, anda que si llegan a ir los rusos íbamos a haber ganado la plata, ya te digo yo que no, ni de coña, ellos se habrían jugado el oro con los yanquis y a nosotros nos habrían dejado las migajas, si acaso aspirar al bronce, eso como mucho… Puro brindis al sol. Cierto es que aquella perfecta maquinaria soviética había sido construida para ganarlo todo, cierto es que habría sido tal vez más favorita que la propia USA (factor cancha al margen), cierto es que nos apalizó en ese último partido del Preolímpico, todo eso es cierto, casi tan cierto como que dicho partido se jugó sin tensión competitiva alguna, casi tan cierto como que el año anterior habíamos ganado a la propia URSS en el Eurobasket de Nantes y al año siguiente volvimos a ganarla en el (infausto) Eurobasket de Stuttgart, y en ambos casos con un equipo relativamente parecido a éste. Vale, reconozcámoslo, aquella URSS 1984 en condiciones normales nos habría ganado ocho o nueve veces de cada diez, que es tanto como decir que probablemente sí pero que luego vaya usted a saber. O dicho de otra manera: ¿y qué? Preguntarnos si hubiéramos ganado la plata si llegan a ir los soviéticos es como preguntarnos si los Rockets habrían ganado los anillos de 1994 y 1995 si Jordan no se hubiera marchado a jugar al béisbol, o como preguntarnos si habríamos ganado el Mundial 2006 si la final hubiera sido contra USA, si los griegos no hubieran dado buena cuenta de los yanquis en semis (son sólo los dos primeros ejemplos que se me han venido a la cabeza, obviamente habría muchos más). Puras pajas mentales muy propias de nuestra innata condición de perdedores, esa que nos dejaba descolocados si alguna rara vez ganábamos algo y nos obligaba de inmediato a buscarle una explicación para justificar nuestra no-derrota. Las cosas fueron como fueron, cuánto mejor sería que nos limitáramos a disfrutarlas sin más.

Dejémonos de conjeturas y volvamos a la realidad, pongámonos ya de camino a Los Ángeles (qué más quisiéramos) pero antes hagamos una parada técnica para explicar algún detalle de aquel proceso, por ejemplo el proceso mismo. La Liga acabó bruscamente el 13 de abril, apenas dos días más tarde se concentraron ya nuestras criaturas para preparar el Preolímpico, acabado éste pudieron escaparse ocho o diez días a sus casas para luego volver a concentrarse de inmediato para preparar ya los Juegos, dado que la Final fue el 10 de agosto estaríamos hablando de casi cuatro meses de concentración, concentración que tampoco es que se pareciera demasiado a lo que hoy se estila sino que era concentración en el más estricto sentido de la palabra, sometidos además a la rígida disciplina monacal de ese personaje imprescindible en nuestro baloncesto (y casi en nuestras vidas por aquel entonces) llamado Antonio Díaz-Miguel. Cuento este dato para dejar constancia de una extraña paradoja, mientras nosotros por estos pagos idealizábamos a aquella selección, a miles de kilómetros de distancia sus integrantes estaban ya un poco hasta las pelotas. No es algo que diga yo que no soy quién para decirlo, es algo que más de una vez han comentado por lo bajinis algunos de los integrantes de aquel equipo, mención especial para Iturriaga en este aspecto. Y está bien saberlo, y es perfectamente humano reconocerlo.

A aquella selección le faltó desde el principio un Chicho Sibilio que prefirió irse a pasar el verano a su país de origen (o que no soportaba ya ni un segundo más a Díaz-Miguel, según versiones), a aquella selección entre el Preolímpico y los Juegos se le cayó un imberbe Jordi Villacampa y le creció un José Manuel Beirán vaya usted a saber por qué. Los otros once seguirían siendo los mismos, citémoslos ahora no vaya a ser que alguno se me pierda por el camino, Corbalán, Solozábal, You Llorente, Epi, Itu, el Matraco (Margall), Fernando Arcega, Fernando Martín (renqueante y achacoso iba a andar el hombre todo aquel verano, y bien que lo íbamos a notar), Andrés Jiménez, De La Cruz y Romay. Para allá que se fueron, previa estancia en territorio Dean Smith (es decir Chappel Hill, sede los afamados Tar Heels de North Carolina) y previa minigira por el México profundo que acabó como el rosario de la aurora (por qué se dirá esto), afortunadamente no hubo que lamentar desgracias personales. Y ya por fin Los Ángeles…

canada

Y ya por fin Canadá, primer rival. La Canadá del ex de la Penya Gerald Kazanowski y el ex barcelonista Greg Wiltjer (padre por cierto del ex de Kentucky y hoy jugador de Gonzaga Kyle Wiltjer), la Canadá del ex técnico de los Raptors y hoy seleccionador canadiense Jay Triano, la Canadá incluso de aquel rocoso armario a quien años más tarde veríamos fajarse a la vera de Jordan en los Bulls, Bill Wennington. Un señor equipo, magnificado además hasta la náusea en los días previos por el propio Díaz-Miguel. Sus cuentas eran claras, éramos presuntamente inferiores a USA y presuntamente superiores a Uruguay, China y Francia, ergo para tener un cruce de cuartos más favorable necesariamente habríamos de empezar ganando a nuestro rival más parejo, es decir Canadá. Dicho y hecho. Lamentablemente no he podido recuperar aquel partido pero tengo muy claro el recuerdo de que los tuvimos de corbata, quién nos iba a decir que sería el partido más duro de aquellos Juegos (USA aparte) como bien indica el resultado final de 83-82. El drama no había hecho sino comenzar.

El drama continuó contra Uruguay un par de días después, sólo que de otra manera. Éste tuvo ya más que ver con maneras de interpretar el baloncesto, con el juego en las trincheras, con no poder ganar por lo civil e intentar hacerlo entonces por lo criminal. ¿Cómo se lo explicaría? Uruguay se entregó en cuerpo y alma a aquella vieja filosofía del haz veinte faltas y te pitarán veinte, haz doscientas faltas y te pitarán veinte, si alguna vez te pitan las doscientas monta el pollo y así se las pitarán también al de enfrente. Defensa con constante uso de las manos, palos por doquier, basket interruptus, todo lo cual no funcionaría si no viniera además aderezado de una espectacular coreografía: a cada falta (repito, a cada falta, aún por evidente que ésta fuera) los jugadores uruguayos se echaban las manos a la cabeza, elevaban los brazos al cielo, rodeaban a la pareja arbitral cual si les hubieran anulado el gol de la victoria en el último minuto del descuento. Con mención especial para su técnico, por supuesto: piensen en el más ultramontano Óscar Quintana, en el más tremebundo Ioannidis, incluso en el más insoportable Mourinho que sean capaces de recordar (ya puestos); pues créanme, todos ellos unas hermanitas de la caridad al lado de don Ramón Echamendi, creo que nunca vi nada igual (bueno sí, hace treinta años, cuando lo vi por primera vez; pero aún así ha conseguido volver a sorprenderme) hasta el punto de que acabó chupando más cámara que el partido mismo, pensaría el realizador yanqui que vaya chollo acababa de encontrar, ríase usted de Bobby Knight. Baste decir, para que se hagan una idea de lo que fue aquello, que sólo en la primera mitad ya se lanzaron ¡¡¡59 tiros libres!!! (34 por parte española y 25 por la uruguaya), baste decir que sólo esa primera mitad duró 1h.03′, tal cual, una hora y tres minutos de reloj, y recuerden que entonces no había descanso entre cuartos (más que nada porque no había cuartos), que los tiempos muertos jamás duraban más de un minuto, que aún no se habían inventado (a nivel FIBA) los tiempos muertos de televisión. Luego la segunda mitad ya fue medianamente normal, más que nada porque estaba todo el pescado vendido y tampoco era cuestión de marear más la perdiz. En cualquier caso un espectáculo delirante, crepuscular, miren que no soy dado a ponerme méritos pero créanme que me merezco una medalla sólo por habérmelo vuelto a ver para poder contárselo a ustedes.

uruguay

Luego vendrían días más apacibles: contra una Francia muy venida a menos a la que se ganó con relativa comodidad y contra una China que aún no había empezado a venirse a más y a la que se ganó más cómodamente todavía. Total, cuatro victorias a falta del último encuentro de esta primera fase, el que habría de enfrentarnos al otro equipo invicto, al único e indiscutible favorito, a los mismísimos Estados Unidos de América, una bendición así de entrada tenerlos en nuestro grupo porque te asegurabas que en el cruce de cuartos no te los ibas a encontrar. ¿Qué les cuento yo de aquel Team USA que no sepan ya? Si en cualquier edición de los Juegos recuperar el trono olímpico es para USA una prioridad absoluta, pues en éstos en su casa ya ni les cuento. No podían llevar aún a los profesionales pero tanto daba, porque justo en aquellos años gozaban de una promoción universitaria que quitaba er sentío, un cuasi Dream Team ocho años antes del (único y verdadero) Dream Team. Pasemos lista: Steve Alford (ojito derecho del coach, que luego no hizo carrera en NBA y hoy se gana la vida entrenando a UCLA), Vern Fleming, Michael Jordan (pónganse en pie), Pat Ewing (vuelvan a ponerse), Chris Mullin (no se sienten todavía), Alvin Robertson, Sam Cara de SueñoPerkins, Leon Wood (que jugó luego en Zaragoza y más tarde se hizo árbitro NBA), Jeff Turner, Wayman Tisdale y hasta los incomparables armarios Kleine y Koncak. Todos ellos dirigidos por el grande entre los grandes (y ogro entre los ogros, y borde entre los bordes, aunque cuando hoy le vemos comentando NCAA en plan viejito apacible ya casi no nos lo parezca), Bobby Knight, rechace imitaciones. Hoy nos epatan todos estos nombres (unos más que otros) pero entonces aún muy poco sabíamos de ellos, por eso nuestros pesos pesados periodísticos se entregaron gustosos a la tarea de presentárnoslos… si bien unos con más acierto que otros. Hoy aquella reseña del enviado especial de ABC sobre Pat Ewing sería casi querellable y perseguible de oficio, hoy su mera lectura produce vergüenza ajena pero en aquel entonces se ve que aún no nos dábamos cuenta de estas cosas, o no queríamos dárnoslas. De aquellos polvos vinieron estos lodos.

ewing

Aquella primera mitad contra USA en la fase de grupos es sin duda uno de mis dos recuerdos más gratos de aquellos Juegos (y miren que hay donde escoger), el otro llegaría días más tarde ante Yugoslavia. Y eso que así de primeras parecíamos todos empequeñecidos (ellos sobre el parquet y nosotros en nuestras casas), contemplando boquiabiertos la superioridad de Ewing bajo los aros y la magnificencia de Jordan en todo lo demás, pero fue atreverse Jimix(o sea, Andrés Jiménez, qué pedazo de partido el suyo) a ponerle un taponazo al susodicho Ewing y quitarse de repente todos los complejos, como si hubieran descubierto que eran humanos y podía jugárseles de igual a igual, podía llegarse incluso hasta adelantarles el marcador, 21-20, hito (de Itu) histórico que no sería el único durante aquellos inolvidables 20 minutos. Y casi en empate técnico habríamos llegado al descanso de no haber mediado la dichosa canasta psicológica: últimos segundos, perdíamos de 3, Romay taponó a Mullin, nos las prometimos muy felices pero perdimos el balón y éste fue a caer justo al ladito de Jordan que nos la clavó sobre la bocina casi desde media pista. Numéricamente sólo fueron 2 puntos (que aún no había triples), sólo fue irnos al descanso 5 abajo pero bastó con eso para que el Forum de Inglewood pasara en pleno de la depresión a la euforia.

romay usa

Y si a todo ello además le sumamos la bronca que Knight debió echarles en el descanso, pues como que la segunda mitad para los yanquis fue ya coser y cantar. Aún duró el espejismo algunos minutos, no crean, pero resultó que en un determinado momento aquellos monstruos se pusieron a defender. No a defender sin más sino a DEFENDER con mayúsculas. Y si al maravilloso festival de Jordan & cia en ataque ahora le sumabas también defensa, le sumabas cinco tíos cuya movilidad y superioridad física cerraba todos los espacios y obturaba todas las líneas de pase, pues apaga y vámonos. Nos fuimos, cómo no, no sin antes echarle las culpas al empedrao en la mejor tradición carpetovetónica. Resultó que en estos Juegos Héctor Quiroga no tenía ya a su vera al insufrible Nacho Rodríguez Márquez sino al joven pero sobradamente preparado Pedro Barthe, que ya entonces unía a su indudable calidad periodística esa innata capacidad suya para ver fantasmas, incluso aunque no los hubiera. Le parecía tremendamente sospechoso que uno de los árbitros fuera canadiense (el otro era francés, es decir vecino nuestro, pero eso le parecía de lo más ecuánime), claro que en su descargo habremos de reconocer que en varias disciplinas de aquellos Juegos las sospechas de pucherazo a favor de USA estaban a la orden del día. ¿En baloncesto? Si en condiciones normales te metían ya de 30 sin despeinarse, díganme para qué habrían de necesitar una colaboración adicional. Buena gana de buscar fantasmas, ciertamente.

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Y llegó el cruce de cuartos, el eterno todo o nada, si bien en aquel entonces aún no le dábamos toda la mística de hoy en día. Australia iba a ser la llave que nos abriera la puerta de semifinales o que nos condenara a jugar por el quinto puesto, según. Al miedo en el cuerpo que ya llevábamos de serie se sumó el que nos añadieron nuestros comentaristas ante el hecho de que los árbitros fueran estadounidense y canadiense nada menos, convencidos estaban de que había una confabulación norteamericana para quitarnos de enmedio, el barthismo empezaba a hacer mella pero no era eso lo peor, lo peor es que incluso estaba contagiando a alguien tan sobrio y aséptico como Quiroga. Claro que la preocupación así de entrada se nos fue quitando a todos (ellos y nosotros) cuando vimos que esta vez tocaba la selección de las grandes ocasiones, la que recordábamos del Preolímpico, la que con su trabajadísima 2-3 no dejaba pensar al rival, la que luego al otro lado movía el balón que daba gloria verlo… Demasiado bonito para ser verdad. Pasamos de ir casi doblando a Australia a ver cómo se nos ponía a 7 al descanso, tras éste más de lo mismo, en ataque lo metíamos casi todo pero al otro lado su habitual batería de tiradores (ya andaba por allí Andrew Gaze, por cierto) hacía lo propio, cuando nos quisimos dar cuenta nos habían empatado a 75 y luego a 77 a menos de 7 minutos para el final. Fue suficiente, fue quizá el aldabonazo para que nos pusiéramos otra vez las pilas, para que siguiéramos atacando como lo hacíamos y volviéramos a defender como sabíamos. Al final 101-93. Tres cuartos de medalla.

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Y por fin, el gran día. 8 de agosto (que aquí sería ya 9, porque si la memoria no me traiciona el partido se jugó a las 2 de la madrugada), semifinal, España-Yugoslavia. No éramos favoritos, ni aún por buenos que fuéramos, ni aún por bien que estuviéramos jugando. Yugoslavia era la vigente campeona olímpica, vale que acaso estuviera en una etapa de transición entre la grandísima selección que habíamos conocido antes y la aún más grande que habríamos de conocer después, pero no por ello dejaba de ser Yugoslavia: Dalipagic, Radovanovic, Nakic, Knego, Zorkic, Zizic, Sunara… y cómo no, los Hermanos Petrovic: el 4 que es el que decían los yugoslavos que iba para figura, mientras que el 5 es el que lleva más tiempo en la selección, según la primorosa descripción de Pedro Barthe. Obviamente el 5 que llevaba más tiempo era Aleksander, obviamente el 4 que iba para figura era Drazen, entendámoslo, en aquel tiempo aún faltaban unos meses para que cumpliera veinte años, aún faltaban esos mismos meses para que se convirtiera en la bestia negra del madridismo. Sólo era un atisbo de lo que llegaría a ser pero aún así era ya la figura con todas las letras de aquel equipo, quien lo movía a su antojo, quien con la incomparable ayuda del ya veterano Praja Dalipagic nos la empezó a liar. Entre el uno y el otro nos estaban sacando a gorrazos del partido pero eso no era lo peor, lo peor era que no dábamos una a derechas tampoco en ataque, estábamos atrofiados, perdíamos balones a chorros, nos movíamos a su ritmo y éramos incapaces de correr. Un desastre, vamos.

diazmiguel

A cuatro minutos para el descanso, 10 abajo ya, y ante la evidencia de que nada de lo que probaba funcionaba, Díaz-Miguel decidió jugarse una última carta. O más bien dos: Romay para poner algo de sustancia física en la zona y que los yugoslavos dejaran de pasearse por ella como Pedro por su casa, y Llorente para subir un puntito la defensa y sobre todo cambiar el ritmo en ataque. Suficiente para que nos fuéramos al descanso perdiendo de 5, casi una bendición tal como habían ido las cosas. Recuerdo escuchar a José María García en aquel descanso (sí, en aquel tiempo hacíamos cosas así), recuerdo que dijo una frase que se me quedó grabada, que me sonó entonces a exceso de optimismo pero que a la larga resultó ser la pura verdad: si jugando tan mal sólo perdemos de 5, en cuanto empecemos a jugar medianamente bien el partido no se nos puede escapar. Dicho y hecho.

Empezamos la segunda mitad 35-40 y apenas dos minutos después ganábamos 43-40, es decir, lo que viene siendo un parcial de 8-0 en un abrir y cerrar de ojos. Con aquel inhabitual quinteto de Llorente, Epi, Margall, Jiménez y Romay, con esa zona 2-3 que ejecutábamos a las mil maravillas y con la que asfixiábamos a (casi) todo dios y con el ex presidente del sindicato (quién se lo iba a decir entonces) metiendo velocidad, rompiendo esquemas y sentando cátedra, de repente el tercer base convertido en primero justo el día más importante, un poco a la manera de aquel Sergio Rodríguez en la no menos inolvidable semifinal ante Argentina de Japón 2006. 22 años antes, aquel 8 de agosto que ya era 9, aquella semifinal olímpica ante Yugoslavia fue más de YouLlorente que de ningún otro.

yugoslavia

Intercambio de canastas, nuevo parcial favorable, 51-44, las ventajas oscilando entre 5 y 7 puntos, todo iba viento en popa y justo entonces a Antonio Díaz-Miguel le dio (lo que pareció) un ataque de entrenador: sentó a Llorente, Margall y Jiménez para recomponer el quinteto con Corbalán, Iturriaga y Martín, ni que decir tiene que Quiroga y Barthe pusieron el grito en el cielo, probablemente también nosotros lo pusiéramos en nuestras casas, en aquel tiempo aún no se había acuñado el concepto rotaciones, aquí éramos más del si funciona no lo toques. Es bien sabido que los entrenadores por el mero hecho de serlo ven cosas que al resto de los mortales se nos escapan, probablemente Díaz-Miguel vio que el dinamismo empezaba a decaer, que era el momento de meter frescura física y asestar ya la puntilla definitiva. Fuera por lo que fuera lo cierto es que le salió bien, que tras algún leve titubeo el equipo empezó de nuevo a correr y la diferencia a subir, que a pocos minutos para el final estábamos 10 arriba y empezábamos a pellizcarnos, que Drazen se fue entre protestas tras cometer la quinta y seguíamos pellizcándonos, que Díaz-Miguel puso a dos bases para asegurar las posesiones y aún le pareció poco por lo que metió también al tercero, Corbalán, Solozábal y Llorente juntos en cancha (lo nunca visto) mientras nosotros ya no parábamos de pellizcarnos, que sonó la bocina y Díaz-Miguel tras estrechar deprisa y corriendo la mano de Novosel se fue dando brincos como un niño a abrazar a todos y cada uno de sus jugadores mientras nosotros en el sofá pellizco tras pellizco, quizá también lágrima tras lágrima porque todo aquello no podía ser real, porque teníamos que estar soñando a aquellas altas horas de la madrugada, eso iba a ser, cómo iba a ser verdad que fuéramos (al menos) subcampeones olímpicos, eso sí que no, era imposible, de ningún modo… Sólo un dato: si en el descanso perdíamos 35-40 y al final ganamos 74-61, una mera operación matemática nos dirá que el parcial de aquella segunda mitad fue de 39-21. Si hoy dejar a un rival en 21 puntos tras 20 minutos de juego es ya sumamente improbable, ni aún con las defensas y los físicos que se estilan hoy en día, en aquel entonces era simplemente inverosímil. Pero sucedió.

yugoslavia2

10 de agosto (que ya sería 11) de 1984, si la semi había sido (creo) a las 2 de la mañana la final iba a ser a las 4, nada que en aquel tiempo pudiera arredrarnos, aún recuerdo como si fuera ayer cómo mi hermano y yo nos cruzamos el barrio a pie de punta a punta en plena madrugada para ir a verlo a casa de unos amigos, la ocasión bien lo merecía, la que no lo merecía era su madre que dormía plácidamente en su cama (o lo intentaba, al menos) mientras nosotros nos arremolinábamos frente al televisor con la única precaución de no hacer demasiado ruido que pudiera despertarla, no fue el caso, tampoco es que hubiera nada que gritar ni que festejar porque la celebración ya estaba hecha, ya la llevábamos de serie, ya nos bastaba con vivir el momento, sólo eso, nada más. Y nada menos.

Y es que cualquier parecido con aquella otra primera mitad contra USA jugada seis días antes fue mera coincidencia. Nuestros jugadores han contado alguna vez que estando allí no eran ni remotamente conscientes de la que se estaba liando aquí, que no sabían para nada la repercusión que aquello estaba teniendo (recuerden, ni Internet ni móviles ni emails ni esemeeses ni guasap ni tuiter ni feisbuc ni na de na), que sólo empezaron a saberlo cuando llegaron al vestuario en las horas previas a aquella final y se encontraron unas cuantas sacas repletas de telegramas de ánimo llegados desde España. Quizás el error fuera ponerse a leerlos… Ellos entraron a la cancha como en una nube, en cambio los americanos (de USA) entraron sabiendo que los de antes habían sido simplemente partidos, sin más, pero que aquél era EL PARTIDO. ¿Partido? Qué más hubiéramos querido. Desde los primeros minutos se vio ya claramente que allí no iba a haber color, sólo barras y estrellas. Tanto daba, a estas alturas. Que nos quitaran lo bailao.

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Las desventajas (o ventajas, según de qué lado del cristal se mire) se iban sucediendo, ahora 15-6, luego 28-19 pero sólo un poco después ya 42-19, alrecreo 52-29… nos abrumaban en defensa y se exhibían en ataque con mención especial casualmente para ese tal Jordan que rozaba lo paranormal, que volaba donde los demás andaban, miren qué cosas hace, fíjense como han bajado ya los dos españoles (Jiménez y Romay) y él todavía está por encima del aro, decía admirado Barthe. Claro que otras de Barthe nos dejaban ya un poco más con los ojos a cuadros, como cuando afirmaba que Ewing con esa pinta de bruto que tiene es licenciado en bellas artes, o cuando soltaba un ¡está loco ese Tisdale! ante la innata costumbre del susodicho de utilizar los codos cual ventilador para proteger los rebotes, afirmaciones todas ellas que nos rompían sobremanera los esquemas porque en las sobrias narraciones televisivas de la época no se estilaban aún este tipo de cosas. No estará de más añadir aquí que aquel Wayman Tisdale en realidad distaba mucho de estar loco, que Tisdale fue luego un tremendo ala-pívot con una grandísima carrera en el baloncesto (Oklahoma, Pacers, Kings, Suns) y otra aún mejor si cabe en el mundo del jazz (busquen su discografía si les queda alguna duda), y al que un cáncer se le llevó por delante prematuramente en 2009 cuando aún no había cumplido los 45. Un tipo muy especial.

Los primeros minutos de la segunda mitad fueron quizá los mejores de nuestra selección, los que nos hicieron creer por un segundo que aún podía pasar algo y hasta provocaron algún que otro enfado y algún que otro tiempo muerto por parte de Bobby Knight. Mero espejismo. De ahí se pasó al intercambio de canastas (sin otra preocupación ya para Knight que atemperar los codos de Tisdale) y de ahí a los minutos de la basura (si bien entonces jamás se nos hubiera ocurrido llamarlos así) para que jugaran aquellos Turner, Koncak y Kleine que hicieron exclamar a Pedro Barthe que los reservas de Estados Unidos son muy reservas, desde luego mucho más que los españoles. Ya a esas alturas nos fijábamos más en la anécdota que en la categoría (de hecho ya no habíacategoría de ninguna clase), por ejemplo en cómo a Héctor Quiroga le bailaban los nombres y cómo se las apañaba seguidamente para salir del paso, la perdió Michael Jackson, perdón, Michael Jordan, los dos Michael son dos ídolos sobre todo aquí en California, se les compara a uno con otro, de hecho está ganando enteros el Jordan sobre el Jackson porque es un auténtico ídolo, lo que pasa es que se les va a marchar a Chicago y los de Chicago serán los que tengan el ídolo

usa jordan

Al final 96-65, claro que todo esto probablemente ya se lo sepan (aunque no lo vivieran en su día, aunque ni siquiera hubieran nacido) porque TVE lo ha redifundido chorrocientas veces por sus diferentes soportes durante todos estos años, el partido en sí y la entrega de medallas, y al de megafonía presentando a Iturriaga al subir al podio como Juan María López (no sólo le borraban el apellido de guerra sino que además le cambiaban el nombre), y a las buenas gentes del Forum de Inglewood aplaudiendo a la selección española casi como si fuera la suya propia (ligera exageración), y a Knight y Díaz-Miguel medio abrazados departiendo afablemente durante la ceremonia como los buenos amigos que eran, y a Quiroga y Barthe enviando saludos cordiales y despidiéndose hasta una próxima ocasión

1984 fue principio y fin, ya se lo dije. Que Héctor Quiroga andaba mal de salud lo intuíamos todos (bastaba con verle la cara) pero jamás creímos que tanto. Héctor Quiroga se indispuso en el viaje de vuelta mientras hacía escala en Nueva York y ya jamás salió de allí, sólo sobrevivió trece días a aquella final. Los aficionados al baloncesto nos quedamos un poco (un mucho) huérfanos, tanto que hasta se creó un torneo con su nombre (Memorial Héctor Quiroga), aún más huérfano se quedó un Real Madrid que ahora ya de repente no tenía quien le televisara, soluciones había de sobra en el Ente Público (o lo que fuera eso entonces), José Félix Pons o el propio Barthe pero el Madrid se negó en redondo, eso nunca, poner a un catalán a retransmitir las gloriosas gestas blancas por Europa, por dios qué barbaridad, hasta ahí podíamos llegar. Hoy treinta años después puede sonar a coña pero créanme que en el otoño de 1984 la cosa casi degeneró en una crisis institucional. Ya ven que no hemos cambiado tanto desde entonces. Por desgracia.

84

1984 pareció principio pero fue fin para aquella selección. Pensamos que el futuro sería nuestro (tanto más con el Mundial en casa, un par de años después) pero ya todo lo que tuvimos fue pasado. Algo se rompió en el equipo nacional a la vuelta de Los Ángeles, y no sólo por la anunciada marcha de Corbalán. De alguna manera Antonio Díaz-Miguel capitalizó todo aquel éxito, sus méritos eran innegables pero durante un tiempo pareció que la plata sólo fuera suya y no de todos, durante un año entero recibió homenajes por doquier, hasta se inauguraron polideportivos con su nombre… Y a la vuelta ya nada fue igual. Su pésima gestión del Eurobasket 85 desembocó en el checoslovaquiazo y a partir de ahí ya todo fue caída tan suave como imparable, desde el mal del anfitriónen 1986 hasta el angolazo del 92 (que le costó el puesto) o el chinazo del 94 (ya con Lolo Sainz). Aquellosjóvenes airados que cantó Loquillo nos dieron muchas alegrías pero bien pudieron (debieron) habernos dado muchas más. Lo que pudo haber sido y no fue, again.

airados

1984 fue el año en que descubrimos 1984, año de Orwell, de reaganismos y thatcherismos, de presuntos (muy presuntos) socialismos a la española, año de parados de provecho que ya casi al límite de 1985 se reconvirtieron en subempleados de provecho, año de cambios, no todos necesariamente para bien. El año en que supimos que nuestra selección de fútbol podía también jugar finales (y perderlas), el año en que inventamos la ACB aunque aún no lo supiéramos, el año en que inventamos los playoffs aunque aún no los entendiéramos, el año en que descubrimos (justo inmediatamente después de aquellos Juegos) que las canastas también podían ser de 3… Todo lo que usted quiera, pero en nuestro imaginario colectivo (sea eso lo que sea) 1984 quedará ya para siempre como el año de plata, el año aquél en que nuestro baloncesto alcanzó de una vez por todas la mayoría de edad. Aunque luego no supiéramos muy bien qué hacer con ella.

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Agradecimientos:

- A acb.com en general y al crack Óscar Cuesta (@oscarcuesta76) en particular, por las fotografías de aquel Torneo que ilustran estas líneas y que han sido extraídas de su Galería de la plata de Los Ángeles 84, ya están tardando si aún no la vieron.

- A J.A. Hernán (@JAHernan13), por la página de Nuevo Basket con el calendario del Preolímpico. Y a Alberto Escalante (@aescalante_), por el recorte de ABC sobre Pat Ewing.

- Y a allsports-tv.com, sin cuyos impagables aportes habría sido totalmente imposible volver a ver todo aquello, no digamos ya escribirlo. Gracias infinitas.

usa varios

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Zaid en Twiiter: @Zaid5x5

Publicado originalmente en: http://zaidarena.wordpress.com/2014/08/18/1984/

 

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