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No todo son resultados NBA

El legendario oro europeo de la selección femenina, en TaF

Posted by on jun 26, 2017 in Blog Resultados NBA, Portada, Programas | 0 comments

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Tirando a Fallar repasa esta semana el sensacional triunfo de España en el Eurobasket Femenino, que consagra definitivamente a la actual generación con Lucas Mondelo al frente como la mejor en la historia del baloncesto femenino en España, tras unir el oro europeo a las platas olímpicas y mundial de las que son vigentes poseedoras.  Estará en el programa la pívot Laura Nicholls, así como dos leyendas de la selección española, Mónica Messa y Ana Belén Álvaro, representantes de la primera España campeona de Europa, en Italia en 1993.

Además, entrevista con Ibón Navarro, seleccionador masculino sub 20 y hasta hace unas fechas, entrenador del ICL Manresa. Junto al entrenador vitoriano analizaremos las opciones de la selección de cara al Europeo de Creta en el último torneo de categorías inferiores, y donde España defiente el oro logrado en Helsinki hace un año, así como su temporada en Manresa, con sensaciones agridulces para Navarro, satisfecho por el trabajo y la entrega de su equipo, pero dolido por el descenso de la Liga Endesa.

Y por último, repaso junto a John Vázquez a lo que dio de sí el draft de la NBA y lo que está siendo el efecto Lonzo Ball en Los Ángeles, tras la elección del controvertido jugador por parte de los Lakers.

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El histórico éxito de Valencia Basket en la Liga Endesa, en TaF

Posted by on jun 20, 2017 in Blog Resultados NBA, Portada, Programas | 0 comments

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Vicente Azpitarte y su equipo analizan esta semana en profundidad los triunfos de Valencia Basket en la Liga Endesa y los Golden State Warriors en la NBA. La victoria taronja será repasada a fondo con los periodistas Vicente Salaner, Lucas Sáez Bravo, y Juan Carlos Villena, además de la participación en el programa de uno de los grandes artífices del éxito levantino, Fernando San Emeterio, que dará algunas de las claves de una campaña inolvidable en La Fonteta.

Además, pasará por el programa Himar Ojeda, el director deportivo español del Alba Berlín, nuevo equipo de Aíto García Reneses. Junto al gestor canario, conoceremos las claves y los detalles de la incorporación del técnico madrileño a uno de los mejores equipos de la liga alemana, así como sus planes de futuro.

Finalmente, el repaso a lo ocurrido en la final de la NBA, con la victoria de los Warriors y exhibición de Kevin Durant y Stephen Curry, así como los preparativos para el próximo draft, llegarán de la mano de John Vázquez y Sergio Andrés.

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La lucha por la Liga Endesa y la NBA, en Tirando a Fallar

Posted by on jun 5, 2017 in Blog Resultados NBA, Portada, Programas | 0 comments

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Tirando a Fallar analiza esta semana las semifinales de la Liga Endesa, con la clasificación del Real Madrid para la final tras derrotar al Unicaja de Málaga, mientras Valencia Básket y Baskonia se disputan la otra plaza en la la serie por el título. Junto a los periodistas Lucas Sáez BravoAdolfo RomeroSergio Vegas, y Juan Carlos Villena, se entrará en profundidad en todo lo sucedido en ambas eliminatorias, al tiempo que pasarán por el programa las voces de algunos de sus protagonistas, como Sergio LlullNemanja Nedovic, y Luka Doncic.

Además, habrá tiempo para un repaso exhaustivo al inicio de las Finales de la NBA, con triunfo de los Warriors en el partido inaugural, junto a John Vázquez y Edu Salán

Kevin Garnett, el corazón delator (III)

Posted by on jun 1, 2017 in Blog Resultados NBA, Programas | 0 comments

Foto: Keith Allison (Flickr)

1ª Parte de “Kevin Garnett, el corazón delator”

2ª Parte de “Kevin Garnett, el corazón delator”

Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio… ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí!

Edgar Allan Poe, “El corazón delator” (trad. Julio Cortázar)

Pero no dejemos que la sombra esconda todas las luces del Kevin Garnett jugador, una luz cegadora cuya aparición deslumbró al mundo del baloncesto haciéndole que tuviera que romper prejuicios y evolucionar; porque no se trataba, como otras veces, del surgimiento de un gigante con una habilidad y una muñeca tan prodigiosas que le permitieran encestar desde distancias hasta entonces vedadas a los interiores o arrancar al comentarista televisivo de turno la típica frase de “ha cruzado el campo botando como un alero”, sino de algo totalmente nuevo, de un auténtico “bajito” de 2,13 centímetros de altura y más de 2,28 de envergadura que podía jugar de cara y de espaldas al aro, destrozándolo suavemente desde la media distancia o de forma agresiva tras poner el balón en el suelo en el perímetro, que limpiaba salvajemente ambos tableros y que ponía bloqueos de hormigón tras los cuales, indiferentemente, podía tirar líneas hacia fuera o hacia dentro, que absorbía y repartía juego, que hacía saltar por los aires la idea de que quedarse con el grande tras un bloqueo generaba ventaja para el atacante. Ya no había ventaja, aunque fueras un “jugón” del calibre de Kevin Johnson quien, jocosamente, agradecía hace poco que la eclosión de Big Ticket le hubiera pillado al fin de su carrera, visto lo que había tenido que sufrir las veces que el azar en sus últimos partidos le había emparejado con el de South Carolina (él, tan acostumbrado a ser defendido por hombres mucho más altos, como Magic).

El juego cambiaba mientras las jóvenes generaciones de futuros hombres altos (como vimos con Chris Bosh al principio de este retrato con palabras) veían como aquella figura desgarbada y aparentemente enclenque de los incipientes Wolves iba creciendo noche tras noche. Pero esa revolución fue lenta y, aunque nos pueda parecer increíble en la era del small ball y los cambios automáticos, en la que el cuatro abierto es un dogma de fe, KG tuvo que gastar mucho, mucho tiempo y esfuerzo en derribar esa puerta por la que han acabado entrando los Nowitzki primero, los Durant, Davis y compañía después. Como el Núñez de H.G. Wells, Kevin descubrió que en el país de los ciegos el tuerto no es el rey, viéndose obligado a luchar contra toda una concepción del baloncesto en la que su figura, un jugador total sin número adscrito a una situación geográfica concreta dentro de la cancha, no cuadraba. En un mundo más preocupado por cómo iba aquel delgado adolescente a aguantar las embestidas de Shaq en la pintura que en solventar cómo podrían moles como el ex de Louisiana State perseguirle por todo el campo, dejando desguarnecido el aro, quizá por primera vez en la historia un jugador profesional “encogió” por propia voluntad, escondiendo su estatura real sabedor de que, si se le calificaba como un “siete pies” (Flip Saunders decía que era un 6’12”, que en sistema métrico decimal es como decir “un dos doce y diez milímetros”) quedaría amarrado para siempre por una cadena invisible al poste.

Destino trágico de nuevo, si Garnett hubiera llegado al baloncesto después de que Garnett hubiera revolucionado al baloncesto, si en la plenitud de sus facultades le hubieran hecho formar junto a un Pau Gasol, a un Lamar Odom, a un Chris Bosh o a un Draymond Green, en vez de con mastodontes tipo Stanley Roberts, Stojko Vrankovic o Rasho Nesterovic ¿hasta dónde habría llegado? Quizá el único atisbo que podamos llegar a tener de ello es cuando, al borde del desastre total, un quinteto que prescindió de los centímetros de Brook López para alinear juntos a Deron Williams, Joe Johnson, Paul Pierce, Andrei Kirilenko y un ya desgastado KG reavivó lo suficiente el proyecto elefantiásico de Mikhail Prokhorov para conseguir llevarlo hasta las semifinales de Conferencia, siendo capaces de arrancar incluso una victoria de las mismísimas fauces de los todopoderosos Miami Heat de Lebron James.

Letal por fiereza, movilidad y talento junto al aro, ofensivamente Garnett añadía a su repertorio de estratosféricos mates y entradas el abrelatas de una puntería mortífera desde esa media distancia que Dan Peterson, hace ya varios años, comenzaba a denominar como la “zona muerta”. Nueva paradoja de un rey de la estadística avanzada que logró reinar en el páramo creado precisamente por la explosión atómica de la estadística avanzada Big Ticket, especialmente desde la cabeza de la bombilla y desde 4-5 metros en el lado izquierdo, convertía el parquet en espacio, siendo una estrella interior que oxigenaba la zona arrastrando a sus defensores fuera, abriendo a sus compañeros la ventana que hoy, los modernos, llaman spacing. Y, cuanta más atención atraían sus puntos, más espacios dejaba a los compañeros, cuyo crecimiento se veía beneficiado con el abono de esa generosidad de la que ya hemos hablado. Al All Star no se le caían los anillos por bloquear a un compañero, o por dar una asistencia al que estuviera más librado, se había acabado el pívot meramente finalizador. La onda expansiva de la explosión ofensiva de Garnett causaba impacto, incluso allí donde el sismógrafo de la estadística no llegaba a registrarla.

Foto: Keith Allison (Flickr)

A esa capacidad, el bombear alocado de su corazón le añadía un instinto, actitud y esfuerzo defensivo absolutamente descomunales, tanto en la marca individual, donde podía cruzarse con éxito con cualquiera de las cinco posiciones del equipo rival, como en las incipientes defensas zonales que el cambio de la normativa NBA permitían, siendo famosa la 1-3-1 con él en punta que sirvió a los Timberwolves para alcanzar las más altas cotas de su historia (algo como lo de Laso con Slaughter, pero con un demonio de Tasmania de 2,13 con alas de pterodáctilo en vez de Marcus). Como ejemplo de qué clase de defensor era, cuenta Paul Pierce que, en un Celtics – Wolves, estando él en racha y con una progresión de llegar a los 60 puntos, Garnett se puso a defenderle (hasta entonces había estado con Antoine Walker), haciéndole la vida tan imposible que no solo es que no anotara más, sino que terminó decidiendo quedarse parado en la línea de medio campo pensando “ya que no me deja recibir la pelota, por lo menos que no pise la pintura”. Y así como ofensivamente el paso del tiempo y, sobre todo, las lesiones, fueron pasando factura a Kevin (en las finales de 2010 Gasol dijo que había perdido su explosividad, que se había convertido en un mero tirador de suspensiones), defensivamente Big Ticket mantuvo su efectividad prácticamente hasta el final de sus días; de hecho, en los 38 partidos que llegó a jugar en su última temporada con los Wolves, su presencia en cancha se traducía en 7 puntos menos encajados para los de Minnesota. Pero, aparte de sus más olvidadas dotes ofensivas (el tiempo no perdona y siempre parece prosperar en el recuerdo la última imagen que deja un jugador) como su más presentes cualidades defensivas, tengan o no las mismas reflejo en números, tablas y fórmulas[http://www.basketball-reference.com/players/g/garneke01.html], el corazón delator de Kevin Garnett le hacía también un jugador especial fuera del parquet.

Su concepción del baloncesto como un deporte de equipo y su intenso liderazgo a través del ejemplo hacían de él, en palabras de varios de sus entrenadores, una de las estrellas más “entrenables” con las que han compartido vestuario. Dentro de la jerarquía del grupo, para KG el entrenador era el general en jefe y los soldados, los jugadores, debían seguir sus órdenes con la mayor de las disciplinas, poniendo hasta la última gota de sudor posible en cada acción. Desde su primer entrenamiento como profesional, donde se empleó con tanta fiereza que el veterano Sam Mitchell se quedó pensando “¿Cómo voy a anotar en los entrenamientos si tengo a este tío delante?”, hasta otro de su segundo año en el que se permitió el lujo de echar una bronca a Vrankovic por dejar una bandeja en vez de machacar, Garnett era la exigencia viva que todo coach quiere poner a sus pupilos. Por supuesto, el lado oscuro de su carácter, su exceso de celo, hacía como en tantas otras cosas que a veces subvirtiera ese orden establecido, como cuando Flip Saunders no pudo ensayar los movimientos ofensivos del próximo rival porque Garnett se empeñaba en no dejar recibir al que hacía de tirador (Wally Szczerbiak), o cuando Doc Rivers tuvo que suspender un entrenamiento porque KG, que había sido excluido del mismo para que descansara, se negó a quedarse sentado comenzando a imitar en la banda los movimientos de Leon Powe. Y es que para nuestro protagonista una defensa era una defensa, fuera en un partido o en un entrenamiento, y dejar de entrenar significaba enviar a los jóvenes del equipo un mensaje de que se podía descansar, lo que era incomprensible.

Foto: Keith Allison (Flickr)

Pero Garnett, para los entrenadores, suponía un reto no solo en el sentido de cómo manejar la botella nitroglicerina que suponía aquel cóctel de calidad, intensidad y compromiso, sino que su inteligencia y memoria les imponía también un nivel de exigencia y preparación. La misma tensión que ponía a los compañeros la ponía en los entrenadores porque, como reconocía Doc Rivers, solía estar a nivel técnico-táctico tan preparado como él, con lo que no podía dejar ningún cabo suelto. Su mentor durante más años, Flip Saunders, recalcaba esa impresión diciendo que era habitual que KG recordase el scouting hecho a un jugador o equipo hace cinco o seis años. Sí, una vez más encontramos los opuestos conjugados en un mismo cuerpo, el del jugador aparentemente poco cerebral y todo intensidad que, sin embargo, muestra una inteligencia y basketball IQ altamente desarrollado; y, nuevamente, esa dicotomía es sustancial, desde siempre, pues ya de rookie “si le enseñabas algo, lo cogía a la primera. No tenías que repetirlo” (Sam Mitchell).

A nivel de juego, la crítica fundamental que Kevin Garnett ha tenido que afrontar desde la opinión pública (trash talking y similares aparte), ha sido la de ser incapaz de ganar títulos, la de arrugarse en los momentos decisivos, una bola de nieve creada por la trayectoria de sus Wolves en las fases finales y que no se ha podido quitar de encima hasta vestir de verde en 2008. Como con Lebron James, esa crítica tiene mucho de injusta, al no tomar en consideración el ecosistema en que la fiera se mueve, los impensables equipos a los que lleva hasta ese límite en el que, supuestamente, falla, equipos que jamás se despeñarían desde tan alto de no ser levantados sobre unos hombros superlativos. La numerología, una vez más, desmiente esa acusación, demostrando que el rendimiento de Kevin -su uso, por usar el concepto más en boga- no decrece en la postemporada, o lo hace en la misma proporción en la que también decrece, antes las defensas más duras que florecen en los playoff, el de otras estrellas a las que no se achaca esa flaqueza.

“Salí así del vientre de mi madre, tío. Así es como soy. Estoy construido de esta manera”, decía a John Thompson en la famosa entrevista. Desde la cuna hasta el día de hoy, un corazón que ha delatado a Kevin Garnett mostrándonoslo tal y como es, con sus profundas contradicciones, para construir una de las carreras y personalidades más fascinantes de toda la historia de nuestro deporte.

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Theobald Philips en twitter: @TheobaldPhilips

 

Willy Hernangómez, a fondo en Tirando a Fallar

Posted by on may 29, 2017 in Blog Resultados NBA, Portada, Programas | 0 comments

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Vicente Azpitarte y su equipo entrevistan esta semana en profundidad a Willy Hernangómez, el pívot español de los New York Knicks. Tras su primer año en la NBA, procedente del Real Madrid, el jugador madrileño repasará, durante una hora, muchos de los aspectos de lo que ha sido su última temporada, en una extensa charla en la que se tocará multitud de puntos de vista del juego, su rutina y vida diaria en la Gran Manzana, o sus inicios en el baloncesto. Junto a Vicente Azpitarte y José Manuel Puertas, participarán en el programa los periodistas Fran Guillén y Paco Rabadán, así como José Luis Pichel, ex entrenador de Hernangómez en las categorías inferiores del Real Madrid.

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