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No todo son resultados NBA

Defensa de la alegría

Posted by on may 22, 2015 in Blog Resultados NBA, Portada | 0 comments

El insigne (y nunca suficientemente añorado) guionista Rafael Azcona contaba una triste anécdota de sus años mozos, aquellos duros tiempos de guerra, posguerra, miseria y desolación que le tocó vivir. Contaba que a veces (raras veces) algo les hacía gracia, lo que fuera, una anécdota del barrio, un programa de radio, cualquier cosa, lo suficiente como para romper la monotonía, como para tirarse toda la familia un buen rato echándose sus buenas risas, así hasta que de repente su madre cortaba en seco la diversión: mucho nos estamos riendo, ya lo pagaremos… Puro fatalismo, esa amargura de serie que nos inocularon en aquellos años y en los inmediatamente posteriores, rígida moral cristiana mediante: tanta alegría no puede ser buena, la felicidad no nos está permitida, hemos venido a este mundo a sufrir, a suspirar gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Esa filosofía perduró hasta nuestros días, de alguna manera nos la fuimos transmitiendo casi sin querer de generación en generación. No se trata ya tanto de que no disfrutemos como de que sintamos remordimientos de conciencia cada vez que disfrutamos, como si nos estuviera prohibido el mero hecho de disfrutar: todo lo que da placer o es pecado o engorda, todo lo que haga gozar habrá de estar siempre bajo sospecha, así en todos los órdenes de la vida. Sí, también en baloncesto.

El baloncesto también proscribió durante un montón de años la alegría, Aquí la frase no era ya (aunque igualmente podría haberlo sido) mucho nos estamos riendo ya lo pagaremos, sino este baloncesto no sirve para ganar títulos. Cuántas veces no lo habremos escuchado (aquí o allá o en donde fuera) cada vez que un equipo se desataba, cada vez que se entregaba a la lujuria y el desenfreno como forma de vida. Este baloncesto no sirve para ganar títulos, podrá servir en temporada regular pero nunca en playoffs, nos lo repetían como un mantra desde el otro lado del charco y nosotros nos lo creíamos, cómo no nos lo íbamos a creer si los hechos casi siempre les acababan dando la razón: con aquellos maravillosos Kings de comienzos de siglo, con los no menos maravillosos Suns de Nash, acaso también en décadas anteriores con los Warriors o los Nuggets, tantos otros. O acaso también en NCAA con los Phi Slama Jama a comienzos de los ochenta o los Fab Five a comienzos de los noventa, los ejemplos eran cuantiosos y solían darles la razón como si en verdad la tuvieran. Claro está, si hubiéramos tenido capacidad de raciocinio habríamos podido encontrar ejemplos en sentido contrario, equipos a los que la alegría de vivir les funcionó también (y aún mejor si cabe) en los momentos decisivos, los Lakers del showtime o la Nevada-Las Vegas de Tark The Shark por citar los dos primeros ejemplos que se me vienen a la cabeza. Pero entonces ni nos lo planteábamos, asumíamos la versión baloncestera del cerrojazo o el cerocerismo como única fórmula posible del éxito. Acaso aún hoy no hayamos dejado de asumirla.

CC WILLIAMS GROUP

[Llegados a este punto conviene hacer una matización. En baloncesto, como en la vida, no es verdad que lo divertido sea lo contrario de lo serio. NO ES VERDAD. De hecho la diversión será tanto más divertida cuanto más seria sea, cuanto más trabajada esté. Lo divertido es lo contrario de lo aburrido, punto. O dicho en términos de baloncesto: no es verdad que la diversión en ataque se contraponga a la defensa. NO ES VERDAD. De hecho el ataque será tanto más alegre (y tendrá más posibilidades de éxito) cuanto mejor trabajado llegue desde atrás, cuanto mejor se hayan empezado las cosas al otro lado de la cancha. La diversión sólo se contrapone al aburrimiento, el juego alegre sólo es lo contrario del triste, nada tiene que ver con la defensa sino con el mareo de perdiz en ataque, con el tenerla y sobarla durante veintitantos segundos sin arriesgar apenas un pase no vaya a ser que se pierda, sin casi más objetivo que el reducir el número de posesiones del rival. Quede claro el concepto, ya que para algunos si reivindicas la creatividad en ataque demonizas la defensa. No hay falacia mayor. Dicen que el ataque gana partidos y la defensa campeonatos, la segunda parte de la frase no puede ser más cierta, nos guste o no. Aunque para ganarlos no estará de más que tengas un buen ataque también.]

limoges maljkovic

En cambio en Europa no hizo falta que nadie nos dijera que este baloncesto no servía para ganar títulos, a partir de un determinado momento todos parecíamos llevarlo interiorizado de serie. Quizá todo empezara en 1993 con aquel Limoges de Maljkovic, fue como dejar escrito en piedra que para ganar un título debías de anotar (y encajar, obviamente) menos de sesenta puntos por partido. Como explicaba antes, no era tanto cuestión de defender (que también) como de adormecer con posesiones interminables, quitándole al juego todo lo que lo hace atractivo: el contraataque, la velocidad, la creatividad, el dinamismo, el riesgo y demás malos vicios que habrían de quedar definitivamente desterrados en aras de conseguir el único fin que justificaba todos los medios: la victoria. Había nacido el baloncesto-control, por otro nombrebaloncesto-tostón. Era una opción tan válida como cualquier otra, qué duda cabe. El problema es que durante un tiempo dejó de ser una opción para convertirse en LA opción. Acaso aún estemos en ese tiempo…

Dicen que las excepciones confirman la regla, pero yo no concibo esa razón. No la concibo en absoluto. Las excepciones (cuantas más mejor, menos excepcionales serán) son siempre bienvenidas porque subvierten la norma, porque hacen posible lo (que parecía) imposible, porque convierten el sueño (juego) en realidad (títulos), porque demuestran de una vez por todas a los escépticos que otro baloncesto es posible. Siempre recordaré como un oasis en medio del desierto aquel título europeo de 1999, aquel maravilloso Zalgiris Kaunas liderado por el enanito (Trecet dixit) Tyus Edney, un verdadero chorro de agua fresca justo cuando más espeso era el cemento. O cómo no recordar (a otro nivel, pero también con sustanciosos títulos en su zurrón) aquella Penya de finales de la pasada década, aquella deliciosa criatura de Aíto y sus Erre que Erre. Sólo algunos ejemplos (habría muchos más) para mostrar una obviedad: que jugar (además de bien) bonito también gana campeonatos, que la especulación y el colmillo retorcido también los pierde, aún por bien que nos lo envuelvan los pierde, aún por mucho que nos lo vendan los pierde. A las pruebas me remito.

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Hace ahora dos años ya les defendí la alegría, y lo hice en circunstancias mucho más difíciles que ésta de hoy. El Real Madrid acababa de perder la Final de la Euroliga 2013, llevaba sin jugar esa final desde el siglo pasado lo cual debiera haber sido razón más que suficiente para disfrutarla aún perdiéndola, pero eso a la larga tanto dio. Es más, por la reacción de alguna gente casi pareció que les habría dolido menos haberse quedado a mitad de camino, haber caído (por ejemplo) en cuartos de final. A mí me pareció que aunque no se hubiera hollado la cima había merecido mucho la pena el viaje hasta llegar a ella (tanto más dada su inusual belleza), que si perseveraban por ese camino tarde o temprano llegarían los ansiados frutos… Muchos estuvieron de acuerdo, pero también los hubo (y no pocos) que me pusieron como hoja de perejil (signifique eso lo que signifique). Se había levantado la veda, había comenzado de nuevo el tiro al Laso, este baloncesto no sirve para ganar títulos, este tío no tiene carácter, no aprieta riendas, no retuerce el colmillo, no es entrenador para el Madrid. Y si así fue en 2013 no digamos ya en 2014, aquella bendita locura, aquella pura delicia que dimos en llamar lasismo (y su brazo armado en cancha, chachismo), aquella temporada de ensueño que acabó en brusco despertar. Y entonces ya no era que se hubiera levantado la veda sino que el tiro al laso se convirtió de repente en deporte nacional, ya no había manera de esquivar las balas, el fuego cruzado te acababa alcanzando a poco que te descuidaras. Aquel dantesco final a la pata coja en el Palau pareció su sentencia de muerte, tanto más lo pareció cuando pocos días más tarde le descabezaron el cuerpo técnico, aún hoy me resulta inconcebible que lograra sobrevivir…

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Contra viento y marea. Contra los de arriba y los de abajo, contra los de dentro y los de fuera. Contra los que montaron el pollo tras su contratación sin concederle siquiera el beneficio de la duda, los que se relamieron tras cada derrota en sus primeras temporadas (ya falta menos para que vuelva Obradovic, decían), los que se lamentaron tras la consecución de aquella liga porque eso significaría su continuidad (es lo malo que tienen los títulos, decían), los que el pasado verano se engolosinaron con Katsikaris (y hasta le contrataron, casi), los que a la primera derrota de esta misma temporada ya soñaban en voz alta con Djordjevic… Es lo que llamaríamos la paradoja blanca: un equipo que no admite perder, un club que no entiende la posibilidad de la derrota ni como concepto siquiera, una institución en la que cualquier derrota (aún por nimia que sea) viene inevitablemente asociada a la palabra crisis, una entidad que es como la madrastra del cuento, dime espejito mágico, ¿habrá otro equipo en el mundo aún mejor que el mío? (y si le contesta que sí lo hace añicos y se compra otro espejo, será por dinero)… y sin embargo un equipo cuyos aficionados (sólo algunos de ellos, no generalicemos) a menudo prefieren perder con tal de conseguir otro objetivo aún mayor que la victoria, como es el que les sirvan en bandeja de plata la cabeza de su propio entrenador. No sé si es éste un fenómeno extrapolable a otros grandes, sí sé que a mí (que no soy de grandes) no recuerdo que me haya pasado jamás, ni aún por mucha tirria que le tuviera al entrenador de turno. Será que el raro soy yo.

¿Quieren más paradojas? Aquellos que hace un año criticaron a Laso por no haber sabido administrar sus fuerzas, por haber tenido al equipo como una moto en noviembre/diciembre y haber llegado fundido a mayo/junio, son acaso los mismos que este pasado diciembre le pusieron en la picota tras perder apenas un par de partidos como si eso fuera el fin del mundo, y ello cuando resultaba manifiestamente evidente que lo que estaba haciendo el Madrid este año era precisamente lo que le habían demandado, aplicar la dosificación que no aplicó el año anterior. Pero llegó a utilizarse con profusión el concepto crisis (para variar), llegó a situársele más fuera que dentro (para seguir variando), llegó incluso a filtrarse que la Federación (o sea Sáez) sólo estaba esperando a que el Madrid finalmente lo destituyera para nombrarle seleccionador… Cinco meses después el Madrid es Campeón de Europa, y lo es entre otras cosas por no repetir errores del pasado, por no haber echado el resto en otoño para luego tener que arrepentirse en primavera, por haber ganado (o no) con lo justo en diciembre para ganar con todo en mayo. Cinco meses después el Madrid está en posesión del mayor título que pueda ganarse a nivel de clubes pero a algunos no parece bastarles, aún hay casos aislados que manifiestan un regusto amargo porque el nivel de aplastamiento no haya sido el que ellos esperaban o porque haya habido que bajarse al barro para conseguirlo, como si el barro no fuera imprescindible en estas circunstancias, como si el gen del madridismo llevara también incorporado de serie el gen de la insatisfacción. Cinco meses después Laso tiene por fin el crédito que siempre mereció, pero habrá de saber que ese crédito le durará exactamente hasta la próxima derrota (vales tanto como el último partido que juegas), hasta el próximo título (aún por nimio que fuera) que se escape de las vitrinas de tan sacrosanta entidad. Marca de la casa, no tienen más que mirar a su sección de fútbol si aún les queda alguna duda.

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Dure lo que dure habrá merecido la pena. La alegría, aquella catarsis que hace un par de años reivindicó con pasión José Manuel Puertas, resulta mucho más fácil de defender cuando hay un título que la sustente. Todo lo cual no resta méritos (más bien al contrario) a otros equipos lúdico-festivos (pero no por ello menos efectivos), ese maravilloso Canarias de Alejandro Martínez, la Penya de Maldonado (casi cualquier Penya, en realidad), tantos otros. Pero los títulos de alguna manera crean escuela, marcan doctrina, enseñan el camino a seguir. Cuando un equipo alegre gana un título es como si lo ganara dos veces, por lo que representa el título en sí y por lo que representa haberlo ganado así. Este Madrid de Laso ganó Supercopas y pareció poco, ganó Copas y aún no pareció suficiente, ganó una Liga y pareció que aún faltaba algo, gana ahora por fin la Euroliga y debería ser ésta ya la victoria definitiva, la que despeje dudas, la que consagre para siempre este estilo de juego tan válido como cualquier otro, en realidad mucho más válido que cualquier otro porque gana como cualquier otro pero a la vez divierte más que cualquier otro (no sé si me explico). Repito: debería ser. No nos confiemos. Volverán los apóstoles del feísmo como volvieron las oscuras golondrinas, de hecho están ahí agazapados esperando su oportunidad, soñando con que este Madrid se la vuelva a pegar en ACB o con que los fantásticos Warriors de Kerr & Curry no ganen esta NBA para volver a contagiarnos con su bilis, para vendernos otra dosis de cemento y apretarnos todavía un poco más las riendas. Mantengámonos alerta.

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Ahora bien, cuando vengan mal dadas, cuando las cañas se tornen lanzas (cursilada que hasta hoy jamás me había atrevido a utilizar), cuando pinten bastos (pasado mañana, como quien dice), el Madrid, antes de tomar medidas drásticas, deberá sentarse a valorar todo lo que representó el lasismo (y el chachismo, por extensión) para la idiosincrasia de este club. No es ésta una entidad que por lo general coseche adhesiones allá por donde pasa, más bien al contrario, tiende a generar animadversiones por doquier, fruto de la propia grandeza de la entidad. Y sin embargo este Madrid de Laso ha conseguido la cuadratura del círculo, que muchísimos aficionados que no son ni fueron ni serán nunca del Madrid disfruten viendo jugar (y ganar, incluso) a este equipo (créanme que sé de lo que hablo, créanme que conozco no a uno ni dos sino a unos cuantos). Que este Madrid vaya a ser recordado por sus títulos pero también (y sobre todo) por su juego, por las simpatías y empatías que genera, por mejorar, promover y publicitar por el mundo la maltrecha imagen de marca de la entidad. Por algo tan simple como (permítaseme la expresión) devolver el baloncesto a la gente. Gente que cuando se sienta a ver un partido (tanto más si no se trata de su equipo) lo hace sólo para disfrutar, para que le dejen ser feliz siquiera un par de horas, que para aburrirse o amargarse bastante tiene ya con su vida cotidiana, con mirar a su alrededor, con mirarse incluso en el espejo cada mañana. Digámoslo de una vez por todas, no es verdad que hayamos venido a este mundo a sufrir, no es verdad que este baloncesto no sirva para ganar títulos. NO ES VERDAD. A este valle de lágrimas hemos venido a llorar lo menos posible, a reír a hasta hartarnos sin temer represalias, a gozar del juego que amamos (y de la manera en que lo amamos) sin tener que arrepentirnos después. Defendamos siempre la alegría, por favor. También en baloncesto.

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José Díaz Tenorio en Twiiter: @Zaid5x5

La Euroliga se ganó en los despachos (videoblog)

Posted by on may 21, 2015 in Blog Resultados NBA, Multimedia, Vídeo | 0 comments

Vicente Azpitarte, director de Tirando a Fallar, analiza en el siguiente vídeo el triunfo del Real Madrid en la Euroliga, que supone el noveno entorchado blanco en la máxima competición continental, descifrando las claves de la misma y el gran trabajo realizado durante el verano en los despachos de la entidad, ¡Conoce ya su opinión!

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Vicente Azpitarte en Twiiter: @Azpitarte

El regreso de `Boom Boom´

Posted by on may 21, 2015 in Blog Resultados NBA, Portada | 0 comments

Durante los actos de celebración del título de la Euroliga del Real Madrid, un hombre no quería separarse del enorme trofeo bajo ningún concepto. Mientras buena parte de la plantilla se asomaba al balcón de laComunidad de Madrid para saludar a la afición, Jaycee Carroll se abrazaba a la ansiada novena Copa de Europa, como si de su fe en Dios se tratase, en un acto de liberación y, por qué no decirlo, de descanso y reflexión. Dentro de una plantilla que no ha tenido precisamente un camino de rosas en las últimas temporadas, el escolta de Wyoming es probablemente, uno de los que peor lo ha pasado. Así, si bien afronta su cuarta temporada en la casa blanca, el compulsivo anotador formado en laUniversidad de Utah State es consciente de que, ante el Olympiacos, por fin se confirmó el retorno de `Boom Boom´, un mote que define perfectamente sus descomunales rachas de tiro, desaparecidas en la pasada temporada y el inicio de ésta por los problemas físicos, donde simplemente era Jaycee Carroll, uno más de blanco, y no pocas veces en el ojo del huracán.

Realmente ha sido un sufrimiento. Demasiado largo, seguramente. “Sí, por supuesto. Pero tenía claro que quería volver este año. Eso forma parte del pasado, y de verdad creo que puedo jugar a un buen nivel”, reclama el esperanzado protagonista. Con la puesta a tono y el fortalecimiento de sus rodillas, su cabeza vuelve a estar en el punto exacto para asesinar desde el triple la más férrea resistencia, por más Olympiacos que se llame. Sus once puntos consecutivos, con tres triples nada sencillos, bien punteados, de esos llamados sólo a ser anotados por los elegidos, forman ya parte de los grandes momentos de la máxima competición continental. “¡Boom!, ¡Boom!, ¡Boom!”. Tres puñaladas letales al enorme corazón del equipo de El Pireo, justo cuando la banda de Spanoulis salía de su guarida para acogotar al rival como tantas otras veces, pasando de un 40-29 a un 40-41 en un santiamén. Un acto de servicio descollante, que recordó a aquella final copera en 2012 en el Sant Jordi, con un acierto desatado como pocos exteriores blancos habían mostrado en décadas ante el Barcelona, acaso desde Drazen Petrovic. “Tenía mucha confianza, en el equipo y el trabajo que hemos hecho. Y en ese momento realmente me sentí muy fino”. Como hace meses que no. Como cuando ametrallaba defensas en Gran Canaria. `Boom Boom´ volvía a llamar a la puerta en el día más importante.

La vuelta a las mejores sensaciones no le ha sido nada fácil. Criticas a unarenovación para muchos precipitada de uno de los hombres de confianza Pablo Laso. Las finales de Euroliga perdidas, el descalabro de la pasada temporada, y el constante sufrimiento en duelos directos con el gran rival ante un Brad Oleson que se erigía en su mejor kriptonita. Tras su mala temporada pasada, con la rodilla siempre molestando, el crecimiento del escolta ha sido lento, pero seguro este año. Como el resto del equipo, buscando llegar a la Final Four a tope. En el camino, algunaexhibición anotadora ante el Nihzny en Euroliga o incluso un desquite ante el Barça en Liga Endesa, ante el que ya aportó valor en la Copa del Rey. Pero los once puntos salvadores en el peor momento de la final fueron la llave para que el Madrid evitara el escenario indeseable: a Olympiacos en el partido a tres minutos del final. El día que simplemente Jaycee volvió a ser `Boom Boom´.

Jaycee Carroll, abrazado a la Euroliga

 

 

Su mejoría en todos los sentidos, empezando por la salud y acabando, claro en la cabeza, es palmaria. Desde hace unos meses, alguien sobre quien siempre hubo dudas de su rendimiento en pista propia se encarga incluso de emparejarse con el base rival. Una innovación de Pablo Laso, que sorprendió a Marcelinho Huertas en el Top 16 de la Euroliga y que funcionó tan bien que se importó a la Final Four ante los dos grandes estiletes rivales, Andrew Goudelock y Vasilis Spanoulis. “Esa sí es la gran novedad de la temporada. Hace años ni me lo podía imaginar”. Una muestra más del giro de tuerca dado por Laso a una plantilla tan atractiva como quizá imperfecta en años previos, y a la que a la seda se ha unido el cemento armado en este curso para perfeccionar el estilo y derribar, al fin, el muro de la Euroliga.

Abrazado a su Copa, un paso por detrás en protagonismo mediático de los líderes del vestuario, el sencillo Carroll no olvida el pasado lejano, pero disfruta del inmediato. Y descansa al reconocer al escolta asesino con cara de buena persona: “por fin. Tuve la oportunidad de hacer cosas buenas. Estoy contentísimo, y acabamos siendo campeones de Europa”. Y en buena parte, gracias a su inspiración cuando la soga más apretaba, la que el año pasado habría sido casi imposible.

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José M. Puertas en twitter: @josempuertas 

La Euroliga del Real Madrid, en Tirando a Fallar

Posted by on may 18, 2015 in Blog Resultados NBA, Portada, Programas | 0 comments

Escucha ya el programa de esta semana aquí

El triunfo del Real Madrid en la Euroliga de baloncesto será el tema principal del programa de esta semana. Apenas una hora después de la final, los mejores analistas, y los principales protagonistas del título blanco, estarán en Tirando a Fallar repasando el histórico éxito del equipo de Pablo Laso.

Escucha ya el programa de esta semana aquí

 

 

El CSKA, favorito, pero menos

Posted by on may 14, 2015 in Blog Resultados NBA | 0 comments

La final a cuatro de la Euroliga, seguramente el fin de semana más intenso para el baloncesto continental, desembarca este fin de semana en Madrid. Y lo hace con uno de los mejores carteles de los últimos años, en una edición en que todos los analistas coinciden en que será de un nivel seguramente superior al de las precedentes.

Así, a partir del viernes, Real Madrid, CSKA de Moscú, Fenerbahce y Olympiakos se disputarán el título de mejor equipo del continente, en una competición muy dada a las sorpresas por su peculiar formato. Lejos de los clásicos playoffs del baloncesto, el sistema a un partido, con semifinales y final, aumenta sobremanera las posibilidades de dar una sorpresa durante el fin de semana para el equipo que llegue mejor preparado táctica, física y psicológicamente. Como los más claros ejemplos, los triunfos del Maccabi de Tel Aviv el año pasado, o delOlympiakos los dos anteriores, cuando seguramente hebreos y griegos eran los menos favoritos de los cuatro clasificados.

Sin embargo, en las horas previas se hace necesario dibujar a los participantes, y si de buscar un favorito se trata, debería ser el CSKA de Moscú. Los rusos, tras la salida por la puerta de atrás de Ettore Messina, han mantenido su estructura acorazada esta temporada, aunque la llegada al banquillo de Dimitiros Itoudis, sempiterno ayudante de Zeljko Obradovic en el Panathinaikos, ha hecho al ejército rojo convertirse en el mejor ataque de la competición, con casi 88 puntos de promedio. Algo quimérico en temporadas previas.

¿A qué se debe ese cambio en el estilo de juego impuesto por el entrenador griego? La propia estructura de su plantilla responde a esa cuestión. La llegada de Nando de Colo como referente exterior, y la consolidación de Milos Teodosic tras su excelente Copa del Mundo en España el pasado verano, permitieron al técnico heleno arrojarse a los brazos del talento en su equipo, sabedor de que la exuberancia física de sus jugadores le cubriría bien las espaldas. Un perímetro en el que el otro gran nombre es el completísimo Sonny Weems. Un jugador con sueldo y rendimiento de NBA, donde ya hiciera un más que aceptable papel con los Toronto Raptors, antes de convertirse en acaso el alero más dominantede la Euroliga junto a Rudy Fernández.

Un talento y gracilidad en el exterior perfectamente compensando por sus hombres grandes, que dotan al CSKA de un nivel físico sin parangón en Europa. Desde el eterno Sasha Kaun, un `5´ puro de esos que ya casi no quedan por estos lares, hasta el potentísimo Kyle Hines, un pívot con altura de escolta y envergadura digna de un tren de mercancías, determinante en la competición en los últimos años desde que empezara a hacerse un nombre en Brose Basket para terminar eclosionando en el Olympiakos que ganara dos Euroligas consecutivas. Y entre medias, una tripleta imponente de esas que sólo crecen en latitudes septentrionales. Tres aleros fuertes de antropometría inacabable: Kirilenko, Khryapa, y Vorontsevich. Del primero huelga cualquier comentario. Si quiere y llega en forma, como parece, es el mejor jugador de la competición. Con una carrera larguísima en NBA, siendo siempre un segunda espada de máximo rendimiento, muchos dudaron de que su vuelta al CSKA este invierno fuera un retiro dorado. Sin embargo, su alto rendimiento ya se ha encargado de volver a convertirle en temible. Puntos, rebotes, defensa, intimidación.AK47 no pretende retirarse sin ganar, al fin, la Euroliga que entre Spanoulis y Printezis le escamotearan hace tres años en una gesta heroica.

Junto a Kirilenko, el relevo generacional. Khryapa ha perdido peso en la rotación este año con Itoudis, aunque seguirá siendo letal cuando aparezca en cancha. Sus minutos se los ha birlado Vorontsevich, otro alero colosal en lo físico pero del que durante años se ha esperado un mayor rendimiento, y que este año ha hecho grandes progresos, desbancando en minutos a su alma gemela en la cancha.

En resumidas cuentas, una plantilla sensacional a la que su jefe desde el banquillo ha permitido jugar con un cierto toque de diversión y velocidad, lejos de las clásicas adherencias del baloncesto continental. Por todo ello, deben ser considerados como los favoritos. Sin embargo, los precedentes, en todos los sentidos juegan en contra de esta afirmación. No ya sólo por las tres últimas ediciones, sino por la habitual tendencia de los rusos a fallar en los momentos claves en años anteriores. Si de un puro análisis estadístico se tratase, seguramente el CSKA saldría ganador en un alto porcentaje de veces. Pero no existe fin de semana más psicológico para el baloncesto que la Final Four, y esos factores, incontrolables a veces, llegan a jugar un papel determinante. No en vano, buena parte de la asignatura pendiente de los moscovitas pasa por controlarlos. Si lo hacen, serán temibles.

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José M. Puertas en twitter: @josempuertas 

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