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No todo son resultados NBA

La segunda muerte

Posted by on jul 21, 2014 in Blog Resultados NBA, Portada | 0 comments

Santiago Segurola, bilbaíno de pro a la par que extraordinario cronista deportivo, escribió alguna vez acerca de lo que representaba el Athletic de Bilbao no ya en dicha ciudad sino en todo el territorio de Bizkaia. En otros lugares su equipo de fútbol sería parte importante e incluso esencial de la comunidad pero en Bilbao resultaba ser aún mucho más que eso, una presencia hegemónica que de alguna manera consumiría toda la atención deportiva, que haría prácticamente imposible el surgimiento de cualquier otro equipo profesional de alto nivel. Una hegemonía que casi se palpa si vas por allí o incluso si te acercas, si (como es mi caso) acostumbras a pasar tus periodos vacacionales en un bello lugar de la costa cántabra, en el que el predominio del turismo vasco es muy superior al de cualquier otra comunidad y el predominio de camisetas rojiblancas es infinitamente superior a cualesquiera otras que usted pueda imaginar. Y sin embargo…

Y sin embargo, en al menos dos momentos muy puntuales a lo largo de la historia, hubo un deporte llamado baloncesto que se creyó con derecho a comerse siquiera una pequeña parte de ese pastel. Primero en los ochenta con aquel Caja Bilbao de La Casilla, Josean Figueroa, Davalillo, aquella mítica pareja Darrell Lockhart & Joe Kopicki, tantos otros. Aquello se murió (o más bien lo mataron), hubieron de pasar casi veinte años pero un día de repente aquella fiebre reapareció por fin, sólo que corregida y aumentada. Ya la sociedad bilbaína/vizcaína dejó de pensar sólo en términos de fútbol porque (re)descubrió que había otros mundos, ya la camiseta rojiblanca del Athletic siguió siendo hegemónica (y cómo no habría de serlo) pero no necesariamente excluyente, ya podías venir de vacaciones a esta misma costa cántabra y cruzarte en el paseo por la playa, en la plaza del pueblo o en la cola del súper con algún sujeto vestido de negro, no de cualquier negro sino del inimitable color de los hombres de negro. Y te reconfortaba, veías un día esa camiseta, ese polo o esa sudadera y pensabas que no todo estaba perdido, que al menos quedaba una ciudad en la que el baloncesto aún crecía y crecía sin cesar, que de una vez y para siempre (qué ridículo suena esto ahora, para siempre) Bilbao había entrado por fin a formar parte del círculo de grandes capitales de nuestro deporte…

cajabilbao

Recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver, decía la copla. No teman, no culparé por ello a la ACB, esta vez no, difícilmente podría hacerlo sin que se me cayera la cara de vergüenza. Tal vez recuerden que hace algunos meses, en uno de esos momentos de enajenación mental transitoria que me caracterizan, escribí un largo post con todo lo que yo haría en el imposible supuesto de que algún día fuera presidente ejecutivo de la Asociación de Clubes de Baloncesto. Decía yo entonces (entre otras muchas tonterías) lo siguiente:

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB sí complacería en algo al sindicato, y con mucho gusto además: los impagos. En esto sería absolutamente radical, y miren que no suelo serlo en casi nada en esta vida: club que no esté al corriente de pago, club que no podrá fichar y al que (si reincide) se le retirará además la licencia para poder jugar. (…) Y si para ello hay que bajar el nivel general de la competición pues se baja y punto pero qué quiere que le diga, prefiero una chabola de ladrillo a una torre de papel. O a un castillo de naipes.

Sería todo un ejercicio de cinismo por mi parte criticar ahora a la ACB por haber hecho (siquiera esta vez) justo aquello que le pedí que hiciera. El problema en todo caso no estará tanto en la acción como en la omisión previa, en no haber sabido poner los parches adecuados antes de que la vía de agua se hiciera ya insostenible, en haber dejado que las cosas se pudrieran hasta este punto. Saben que son muchas (demasiadas) las cosas que no entiendo de la ACB, no entiendo que los ascensos y descensos sean mentira, no entiendo que (si como sospecho esto ya se barruntaba desde tiempo atrás) no hayan aprovechado para oficializar ambos descensos y hacer liga de dieciséis (nada en contra de Manresa sino más bien al contrario, pero es que ya huele), no entiendo que se conformen con hacer otra vez liga impar de diecisiete con todo el caos que ello conlleva. Son demasiadas cosas las que no entiendo de la ACB pero ésta no es una de ellas, al menos sí que entiendo que hayan tenido que tomar la decisión que han tomado. Nadie en su sano juicio prescindiría de una de sus plazas principales así porque sí, nadie eliminaría de un plumazo una sede estratégica si no fuera porque ya no les quedaba más remedio. Porque ya no tenían ninguna otra opción.

No, el problema no está en la ACB, ojalá lo estuviera. El problema es que todos, yo el primero (desde la distancia) miramos para otro lado mientras la burbuja fue creciendo. Pero es que aquella burbuja daba gloria verla, es que hasta tocaba con las manos la Liga en 2011, es que se codeaba con el CSKA en cuartos de final de la Euroliga 2012, es que no era fácil ver más allá y comprender que todo lo que la sustentaba era un castillo de naipes, naipes de dinero público además, que mientras atábamos a los perros con longaniza a nadie pareció importarle pero cuando la longaniza empezó a acabarse todos comprendimos que el dinero público debía estar para otras cosas. Fue quitar el naipe de la Diputación Foral y venirse abajo el tinglado, por más que se recurriera a patrocinios fantasmagóricos como el de Gescrap (fuera aquello lo que fuera) o se volviera a pedir árnica a la Diputación ya aquello no había quien volviera a levantarlo. El penúltimo capítulo ya lo vimos todos, nóminas que no se pagan, jugadores que se plantan, planes de viabilidad que no hay por dónde cogerlos, presuntos patrocinadores que huyen como de la peste en cuanto se dan cuenta del estado real de la entidad… El penúltimo capítulo ya lo vimos todos, el último acabamos de verlo.

Habré de reconocérselo, siempre desconfié de los crecimientos repentinos, del surgimiento de nuevos ricos de la noche a la mañana, de ese (como decían antes en los anuncios de coches) pasar de cero a cien en diez segundos. Recuerdo que hace años mostré en un foro mi escepticismo ante el desembarco gerundense de Akasvayu, y recuerdo igualmente que unos cuantos contertulios se me echaron cordialmente al cuello, aquello iba a ser la hostia en verso para nuestro deporte que saldría finalmente de las catacumbas en que estaba sumido etc etc. No hará falta que les recuerde lo que tardó en marcharse Akasvayu ni el pufo que dejó por el camino, dónde fue a parar el equipo de baloncesto de Girona ni qué queda de él a día de hoy. Podría ahora jugar a predecir el pasado y decir que lo mismo me pasó con Bilbao Basket pero no lo haré, no se lo diré porque sería mentira. Siempre creí (al menos mientras se llamó Bizkaia Bilbao Basket, e incluso cuando antes fue Lagun Aro) que se sustentaba sobre una base firme y sólida, ya ven lo ingenuo que puede llegar a ser uno cuando no quiere ver la realidad.

Por no desconfiar ni siquiera desconfié de un sujeto a quien había tenido terriblemente atragantado (aún lo tengo, de hecho) en sus años pre Bilbao Basket, cuando no era nada más (y nada menos) que un agente de jugadores cuyo fin no parecía ser tanto el bienestar de sus representados como el suyo propio.Hay agentes que parecen trabajar para sus jugadores y hay jugadores que parece que trabajaran para sus agentes, éste (visto desde lejos) era uno de esos casos: cuerdas que se tensaban hasta límites insospechados, profesionales que cambiaban de equipo casi tanto como de calzoncillos, jugosas comisiones tras cada operación… Un día Gorka Arrinda decidió dejar de jugar a ser David Falk o Arn Tellem y empezar a jugar a ser Paul Allen o Mark Cuban: se quitó el traje, se vistió de sport, se soltó el pelo, se sentó tras la canasta y se puso su mejor cara de todo esto es obra mía, joder qué grande soy, qué encantado estoy de haberme conocido cada vez que ante él se posaban las cámaras de televisión. Pero ni por esas desconfié (y miren que no me habrían faltado motivos), ni siquiera supe ver que Bilbao no es Dallas ni Portland, ni siquiera supe apreciar la sutil diferencia entre unos multimillonarios cibernéticos que apenas se juegan una pequeña parte de su capital y un advenedizo que parece columpiarse sobre el capital de los demás. No lo vi, lo cual no tiene la menor importancia porque el que yo no lo viera es irrelevante, lo verdaderamente grave es que tampoco lo vieran quienes tenían que verlo, ni siquiera aquellos a quienes pillaba más cerca. O que sólo lo vieran cuando ya era demasiado tarde.

Cuentan los que saben de esto que la ACB pierde su tercera plaza en número de espectadores, cuentan que pierde incluso su primera plaza en porcentaje de espectadores en relación con el aforo total del pabellón. Supongo que esos datos serán ciertos, no me consta, sé poco de números, sé mucho más de sensaciones, de emociones, de etiquetas que se nos habían ya grabado a fuego en el imaginario colectivo de una ACB que no está precisamente sobrada de ellashombres de negroefecto Miribilla, cosas que con sólo decirlas todo dios sabía de qué estábamos hablando, lo que se llama identificación, algo que trascendía mucho más allá de unos simples colores o de toda una ciudad. La ACB se acaba de pegar un tiro en el pie, eso es indudable, pero la duda que me queda es si tenía otra opción, si no habrá sido el mal menor, sacrificar el pie para que no te vuelen la cabeza, condición necesaria (y no sé si suficiente) para seguir (mal)viviendo. El precio a pagar por nuestro baloncesto no será poco, ni más ni menos que andar cojeando durante toda una larga temporada.

Claro que otros habrán de pagar un precio muchísimo mayor. No me refiero a los jugadores, que no sé si algún día cobrarán siquiera un euro de lo que les dejaron a deber pero que al menos encontrarán más pronto que tarde otro lugar donde ganarse el sustento. Me refiero a los aficionados, todos esos miles de bilbaínos y vizcaínos que se implicaron en el proyecto hasta extremos insospechados, que lo sintieron como suyo, que se creyeron con derecho a soñar hasta que les dieron con la cruda realidad en la cabeza. Primero les dijeron que no serían grandes, luego que no serían competitivos, finalmente que no serían, punto. El Bilbao Basket 2014/2015 será LEB, será EBA o no será, qué sé yo lo que será, saber lo que se dice saber sólo sabemos (si hacemos caso a los que entienden de esto) que como dijo el bolero, pasarán más de mil años, muchos más antes de que vuelvan a verse en la máxima categoría de nuestro baloncesto. Porque hay quien dice que mantendrán los derechos ACB pero no son pocos los que aseguran que en caso de ascenso habrían de pagar el canon íntegro, como un Burgos cualquiera de la vida. O lo que vendría a ser lo mismo, la muerte del baloncesto de élite en Bilbao. Otra muerte más pero esta vez mucho más dura, mucho más definitiva que aquella primera. Una segunda muerte a la que a día de hoy no se le ve posibilidad alguna de resurrección.

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Zaid en Twiiter: @Zaid5x5

(Publicado originalmente en http://zaidarena.wordpress.com/2014/07/21/la-segunda-muerte/)

 

Alfonso Reyes, invitado de lujo esta semana en Tirando a Fallar

Posted by on jul 21, 2014 in Blog Resultados NBA, Multimedia, Portada, Programas, Vídeo | 0 comments

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Uno de los mejores pívots de la historia del baloncesto español, Alfonso Reyes, visita esta semana los estudios de esRadio para ser entrevistado por Vicente Azpitarte y todo su equipo. El actual Presidente del sindicato de jugadores, la ABP, dará su visión sobre el nuevo marco de contratación de la ACB, tras el decretazo ejecutado por el Consejo Superior de Deportes, que reduce el número mínimo de jugadores de formación que será obligatorio en cada plantilla a partir del próximo año.
Por supuesto, habrá tiempo también para analizar la gran carrera del pívot cordobés, con 140 partidos con la selección española.
Además, el repaso a la actualidad del baloncesto nos llevará hasta Bilbao, donde analizaremos la exclusión de club vasco de la ACB junto al periodista Igor Minteguia, y los movimientos del mercado NBA junto a John Vázquez y José Sáenz de Tejada.

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El hombre que pudo reinar

Posted by on jul 20, 2014 in Blog Resultados NBA, Portada | 0 comments

“(…) aunque en una ocasión conocí de cerca a quien pudo haber sido un verdadero rey (…)”

(Rudyard Kipling, “El hombre que pudo reinar”)

 

Según la teoría del caos, en determinados sistemas una pequeña variación de las condiciones existentes es capaz de hacerlo evolucionar de forma muy diferente a la esperada. Así, el aleteo de una hercúlea mariposa en Ohio puede provocar que, al unísono, un caramelo envenenado se quede en la Gran Manzana y un gigante bueno se mude desde la soleada California a la ventosa Chicago mientras, a la estela de este último, un hombre hace las maletas que nueve años ha deshizo un niño de Podgorica, sin que en los despachos de Concha Espina nadie parezca haberse dado por aludido. Bien es verdad que, en un tiempo en que cada vez más y cada vez más pronto la voraz NBA echa sus redes de dólares y glamour en los mares europeos para pescar los mejores peces, lo de Mirotic no era una cuestión de si se iba sino de cuándo lo haría pues, añadiendo a su gran talento una buena ración de centímetros, parecía que su ADN, en vez de la doble hélice clásica, dibujaba la silueta de Jerry West driblando.

O al menos esa sensación tuvieron muchos ya desde que el joven Nikola impuso la dictadura de su buen hacer en las categorías inferiores de nuestro baloncesto. Y, a nivel del público en general, sobre todo desde que aquellos míticos 84 puntos de valoración en el Torneo de Hospitalet pusieran a todo gas la Máquina de los Titulares Exorbitantes y sus que si ya está aquí la próxima joya, que si el nuevo Kukoc, que si el nuevo Nowitzki. Uno, que no sigue de cerca el baloncesto de cantera pero que ya ha visto muchos “nuevos XXX” no confirmar alternativa y despeñarse en el vértigo del salto de categoría, puso entre paréntesis la euforia y esperó impaciente a que, en los breves minutos que los entrenadores del primer equipo tuvieran a bien darle al júnior (ya saben, “que salgan los chavales” y eso), se pudiera valorar si el diamante tenía realmente tantos quilates como se decía. Y no hubo que esperar mucho ya que muy, muy pronto, se comprobó que el entonces solo montenegrino no era el típico dominador de competiciones de formación por diferencia de físico con sus coetáneos sino que, a sus doscientos ocho centímetros de móvil armadura, añadía una técnica y tiro portentosos y un desparpajo sin límites, lo que le podía convertir en un jugador llamado a marcar diferencias en profesionales a poco que se mantuviese centrado; de hecho, durante los tiempos tormentosos de Messina, el de Podgorica empezó a arañar más minutos de los esperados e incluso a dar alguna que otra exhibición que hizo echar aún más humo a las rotativas.

Sin embargo, mi primer recuerdo perdurable de Mirotic no es en la cancha sino fuera de ella, de hecho ni siquiera es una imagen sino un sonido, cuando aquella Onda Madrid que todos los días hablaba de baloncesto (sí, sí, todos los días, aunque tronase o lloviese fútbol) reveló que, cuando el club había propuesto a Nikola ir cedido a mitad de temporada al Fuenlabrada para coger minutos y experiencia, el Mirlo Blanco había rechazado la idea diciendo que él iba a ganarse la confianza del técnico catanés y, con ella, un sitio en el primer equipo. Y sus palabras no fueron una bravuconada pues aquel mismo año no solo llamó a la puerta de la élite del baloncesto, sino que la derribó a golpes cogiendo la posición, con todos los honores, en la tierra prometida de la pintura blanca. Esa anécdota era la pieza que faltaba, la característica más importante que, incluso por encima del talento o las cualidades físicas, separa la raza de los extraordinarios jugadores de la de los superestrellas: la cabeza, el carácter. Para alguien como yo, que prima el juego efectivo sobre el efectista (go Celtics!), era el proyecto de estrella perfecto.

Desde aquel puñetazo en la mesa, la historia de Nikola Mirotic es la de una ascensión al trono del baloncesto europeo. En el plano individual, además de acumular trofeos tanto en ACB como Euroliga, su presencia en los esquemas del equipo y en la valoración de público y especialistas fue creciendo con la misma parsimonia con la que año a año, como su mentor Felipe Reyes, se empeñó en mejorar distintos aspectos de su físico y su juego hasta conseguir, privilegio de los grandes, ser como un fantasma (es decir, reventar la estadística mientras se dice que hoy no ha estado muy presente). Inconformista, verano a verano intentó pulverizar los puntos débiles de la temporada anterior y así, si un año enriquecía sus movimientos interiores eludiendo el peligro de quedarse encasillado en una mera Muñequita de Seda plantado en la esquina, en el siguiente hacía puré la posible falta físico volviendo a las canchas mucho más rápido y con una musculatura evidentemente más desarrollada. A nivel colectivo, también empezaron a llegar los resultados pues esa semilla de crecimiento individual cayó en el terreno abonado de un proyecto joven y talentoso que, por mor de un calentón del maestro Ettore, se encontró de rebote con un Pablo Laso que lo completó con un estilo de juego tan atractivo que no solo ha devuelto al Madrid a puestos del escalafón que llevaba quinquenios sin pisar sino que, además, ha llenado las gradas del Palacio y (¡oh, sorpresa!) ha convertido al Gran Constructor en visitante asiduo de su palco.

Pero como el Daniel Dravot del relato de Kipling en su asalto a la corona de Kafiristán, algunas sombras se cernieron sobre el reinado de Nikola. La primera, extradeportiva, fue el conflicto surgido de la nacionalización exprés de Serge Ibaka, o más bien de la mala gestión que del mismo hicieron tanto la FEB como el propio jugador (o su famoso entorno) y del fuego que intentó avivar según quién y que amenazó durante un tiempo, afortunadamente sin consecuencias, con establecer una supuesta rivalidad Ibaka-Mirotic que reviviese en la afición polarizaciones del estilo de Joselito o Belmonte, Bahamontes o Loroño. La segunda, más preocupante por cuanto afecta al rendimiento en la cancha, fue la idea de que en determinados momentos, precisamente los importantes, el hispano-montenegrino desaparecía y no rendía a su nivel, opinión propiciada por el hecho de que los entorchados individuales de fases regulares no se repetían en las finales. La aristía de Spanoulis en Londres sacaba los colores al mal partido de Nikola, y el trofeo MVP Orange de la Liga Endesa 12/13 se empañaba con el hecho de que había tenido que ser la enésima resurrección del martillo pilón Reyes la que acabase ahogando al Barça en aquel tremendo playoff final que supuso la trigésimo primera liga blanca.

Personalmente, aunque fui partícipe de la duda, siempre creí que se trataba más de cuestión de juventud que de falta de carácter y es que alguien que siendo un jovencito es capaz de hacer cambiar de opinión a Messina, no puede ser que de natural se arrugue. De hecho, a mi humilde modo de ver este año Nikola, un perfeccionista que no se autojustifica ni duda en inculparse cuando no ha jugado bien, realmente ha dado un paso adelante en ese sentido. Se demostró en la Copa del Rey, donde cuando más quemaba el balón se echó el equipo a la espalda propiciando que, cuando en violento escorzo el Chacho dio la bola a Llull, lo que este hiciera con ella pudiera tener una influencia en el resultado final. E incluso en Milán, donde es cierto que, tras salirse en el espejismo semifinal, fue ahogado por Blu en un remedo de aquel partido del Mundobasket ‘86 en el que Muggsy Bogues amargó la vida a Amadeus, pero con una diferencia fundamental respecto a Londres ‘13: el jugador estuvo desacertado y, consiguiendo solo tiros libres, nuca llegó a ser desequilibrante, pero no desapareció. Y lo mismo podemos decir de la final contra el Barça, donde sobre todo en el cuarto partido, con desesperación y rabia, intentó y casi logró, por encima de la falta de éxito, ser partícipe de la remontada.

Mi impresión es que Nikola ha sido víctima de su propia ambición, de ese inconformismo que le hace ser consciente de las críticas y machacarse en verano, obsesionado con ser cada vez mejor, quizá en detrimento de una buena planificación de sus picos de forma. Además de posibles problemas de relación interna del equipo, el problema fundamental de Mirotic, el que desató la rabia que acabó con la manga de neopreno golpeando a la mesa del Palacio y una silla pateada, puede haber sido la impotencia de ver que, después de unos meses fulgurantes donde su velocidad de arrancada había sufrido una gran aceleración respecto a lo que conocíamos, llegó físicamente fundido al tramo final de la misma, que el antaño efectivo semigancho tras arrancada desde línea de fondo ganando el centro de la zona, incluso defendido por Lorbek, terminaba una y otra vez golpeando el aro en vez de en la red.

Sea cual sea la causa lo cierto es que la mala hierba, una vez sembrada, es difícil de arrancar, y el tremendo desencanto que ha supuesto el batacazo de la Final Four de Milán con su epílogo ACB, unido a la pésima gestión por todas las partes involucradas de las comunicaciones y silencios en relación con el pinchazo del globo blanco, no han hecho más que propiciar su crecimiento hasta el punto que, de forma un tanto injusta, un sector de la grada haya señalado a Mirotic como principal culpable de la derrota, incluso insinuando que su bajo rendimiento se debía a que tenía la mente puesta en Illinois.

Ese clima y esas dudas, la frustración y la inexplicable falta de actitud de una institución a la que el señorío no se le cae de la boca pero no le llega a las manos, han hecho que la marcha de Nikola Mirotic para vestir el 44 de los Bulls se haya vivido con un sentimiento agridulce, de decisión precipitada, capítulo cerrado en falso y de asignatura pendiente, en vez de como una evolución natural del que estaba llamado a ser rey de Europa. El hombre que pudo reinar se nos va a la NBA donde, estoy seguro, triunfará y hará valer su ansia de ser mejor. Aquí, por lo menos algunos, nos quedamos esperándole hasta que venga a reclamar su corona.

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Theobald Philips en twitter: @TheobaldPhilips

Videoblog: El renacer de Pau en los Bulls

Posted by on jul 20, 2014 in Blog Resultados NBA, Multimedia, Vídeo | 0 comments

La llegada de Pau Gasol a los Bulls es analizada por Vicente Azpitarte, Director de Tirando a Fallar. ¿Crees que relanzará su carrera en la NBA? ¿Volverá a pelear por un anillo? Vicente lo tiene muy claro, le van a ir bien las cosas a Pau en Illinois…

 

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Vicente Azpitarte en Twiiter: @Azpitarte

La NBA, de pesca en España

Posted by on jul 16, 2014 in Blog Resultados NBA | 0 comments

Son ya varias las marchas confirmadas desde la competición española hacia los Estados Unidos, siendo sin duda la más significativa la de Nikola Mirotic, que será compañero de Pau Gasolen los Bulls de Chicago. Posiblemente, no sea descabellado decir que ha terminado saliendo por la puerta de atrás del Real Madrid, tras el amargo final de temporada para el de Podgoriça y para el equipo blanco. El hispanomontenegrino firmará en el Estado de Illinois por tres temporadas, en las que cobrará unos 17 millones de dólares, y dejará en torno a 2,5 millones de euros en las arcas blancas, que está por ver – parece que no-, si serán destinadas a reforzar la sección del balón naranja la próxima temporada. Todo hace indicar que será precisamente un ex NBA, como el Chapu Nocioni, quien sustituya a Mirotic en el cuadro blanco.

Más sorprendente ha sido sin duda el caso de Joey Dorsey, quien tras su más que aceptable campaña en el Fútbol Club Barcelona, al que dotó de una solidez importante en defensa y bajo los tableros, ha alcanzado un acuerdo para militar dos temporadas en los Houston Rockets, pese a que el Barça estaba interesado en renovar al pívot formando en la Universidad de Memphis. Todo lo que no sea que Dorsey tenga un papel residual en los Rockets, donde Dwight Howard es el amo y señor bajo los tableros, será una sorpresa. Sin embargo, la llamada de la NBA es en ocasiones demasiado aliciente como para desaprovecharla, y el norteamericano no ha dudado en probar suerte en la mejor liga del mundo, pese a que cobrará el mínimo salarial en las dos temporadas en las que militará en la escuadra tecana.

Hasta la fecha, hay un tercer nombre que ha abandonado la competición con la misma dirección, en su caso para enrolarse en los Indiana Pacers. Se trata del croata Damjan Rudez, que tras su brillante paso por el CAI Zaragoza, donde en la posición de alero fuerte ha hecho muchísimo daño desde el perímetro, y asentado como uno de los pilares de su selección, da el salto a uno de los mejores equipos de la NBA. En la franquicia presidida por el míticoLarry Bird no tendrá fácil disponer de minutos de calidad, y es que tras la decepcionante recta final de temporada que privó de pelear por el anillo a los de Indianápolis, el equipo de Frank Vogel busca en Rudez una nueva amenaza exterior para hacer aún más potente su ataque.

Sin embargo, hay un caso aún más particular que ha emprendido similar aventura. Se trata de Domantas Sabonis, hijo del histórico Zarlituano, y que el próximo curso disputará la liga universitaria americana en la Universidad de Gonzaga, la misma de la que salió, por ejemplo, John Stockton. Lo peculiar del caso de Domas, es que el joven lituano criado en Málaga, pese a haber contado con muchos minutos en el Unicaja de Joan Plaza esta temporada, lo ha hecho sin disponer de contrato profesional. Y es que, de haber firmado como jugador profesional, inmediatamente le habría sido imposible jugar en la NCAA, motivo por el cual, asesorado por su padre, decidió pasar su último año en Málaga en tan extraño rol, pues su decisión de enrolarse en una Universidad, pese a no ser oficial hasta el pasado mes de marzo, estaba tomada desde que arrancara la pasada campaña.

Mirotic, Dorsey, Rudez y Sabonis. Son cuatro nombres importantes cuyas marchas debilitan la competición, y que han caído rendidos ante la NBA. En las próximas semanas, no es descartable algún movimiento más, que podría afectar principalmente al Barcelona, toda vez que Kostas Papanikolaou Ante Tomic están en el punto de mira de los Houston Rockers y los Utah Jazz, respectivamente, aunque en principio en la Ciudad Condal parecen confiados en que ambos sigan la próxima temporada las órdenes de Xavi Pascual.

Finalmente, otros nombres siempre ligados a la NBA parece que no se moverán este verano. Son los casos de Sergio Rodríguez, quien amplió su contrato con el Real Madrid en plena temporada cuando varias franquicias llamaban a su puerta, o el propio Rudy Fernández, a quien el equipo blanco espera ampliar su contrato en breve. Igualmente, Tomas Satoransky, cuyo futuro a medio plazo está claramente en los Estados Unidos, es uno de los fichajes del Barça hasta el momento, tras alcanzar los catalanes un acuerdo con el Cajasol sevillano, mientras que Fran Vázquez también ha ampliado su contrato con el Unicaja, pese a que aún había quien pensaba que el gallego podría plantearse el salto a la mejor liga del mundo, aunque las decisiones tomadas por el pívot a lo largo de su carrera hayan ido siempre en una dirección muy diferente a esa.

Una vez más, asistimos al desembarco de la NBA en España. Llega la mejor liga del mundo a nuestro país para, cual barco pirata, llevarse alguno de los principales tesoros de la Liga Endesa.

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José M. Puertas en twitter: @josempuertas

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