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abr 28, 2016

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Xavi Pascual: marcharse o morir

Xavi Pascual: marcharse o morir

Le vieron preocupado, distante, mirando para otro lado y sin hablar con nadie. El viaje desde Krasnodar (Rusia) hasta Barcelona es largo, eterno si has fracasado en tu intento de realizar una temporada decente. Porque el año del Barcelona de baloncesto lleva camino de ser malo, a lo mejor normalito si gana la Liga, exigencia de este club, pero por lo general deficiente. Y Xavi Pascual lo sabe.

No estaba para bromas el entrenador de Gavá que sabe que su tiempo se acaba, que le ha llegado el momento de dejar libre un banquillo que ocupa desde 2008 y que ha dignificado con cuatro Ligas, tres Copas del Rey y una Euroliga, pero que le ha secado emocionalmente, que le ha desgastado. Sabe Pascual que irse sería lo mejor, quedarse será alargar la agonía. Porque pueden volver títulos, eso es evidente, pero a la larga sería perjudicial.

Le entregaron las llaves a principio de temporada de un castillo enorme, lleno de jugadores excelsos. Si no la mejor, de las más espectaculares plantillas europeas. Son dos años a las puertas de la Final Four cuando se le debe exigir a este grupo estar permanentemente entre los mejores. Y son dos años de fracaso en esta competición, por otro lado, maquiavélica, extravagante en sus desarrollos. Una competición que tiene a dos invitados en esta Final Four de Berlín (13-15 de mayo) que ni siquiera estuvieron en cuartos de final el año pasado. Una locura.

Pero, aún así, tenía el Barcelona entre ceja y ceja realizar una buena Euroliga. Los últimos seis años son nefastos para los culés de viaje por Europa. Sin estar en tres de esas ediciones en Final Four (2011, 2015 y 2016) y perdiendo ante Olympiakos (2012) y ante el Madrid de manera rotunda en dos años consecutivos (2013 y 2014). Todo ello desde que Navarro levantara en Paris en el lejano 2010 una Euroliga de ensueño.

Y todo ha sucedido en estos dos años cuando se habían solucionado males endémicos de siempre. La falta de un base nato fiable, a Pascual le entregaron a Arroyo y Satoransky, un escolta que alterne por las posiciones exteriores, le trajeron a Pau Ribas. Pascual pidió refuerzos y sustitutos urgentes para Navarro y vinieron Abrines y Oleson. Al técnico se le puso en la cabeza contar con dos aleros altos, útiles en varias posiciones. Y entonces Joan Creus le brindó a Perperoglou y Doellman. Por no decir de los interiores con TomicLawal Dorsey. Una plantilla sublime. Y nada ha valido.

Este año el equipo no ha logrado un nivel acorde al estatus de los jugadores. Quedaron fuera a las primeras de cambio en una Copa del Rey de pesadilla, ante el Bilbao y perdieron en el Palau, en otros tiempos, infranqueable, el factor cancha en la Euroliga ante el Lokomotiv Kuban. Por no hablar del quinto partido en Rusia, que fue una cúmulo de despropósitos.

Contó siempre en estos años malos azulgrana, el factor Real Madrid. El buen papel de los blancos fue clave y observar a los rivales eternos ganar todo el año pasado fue, más que un resorte de motivación para este año, una puñalada en el corazón. Siempre le ha afectado a los dos grandes de nuestro basket que al rival de toda la vida le fuera bien. Es ley de vida. Y eso mató al Barcelona el año pasado. Me cuentan que ya el verano fue durísimo. Imaginen cómo será ahora. Y Pascual descontando los días y las horas aunque gane la Liga. No me pongo en su piel, ni quiero.

 

 

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