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nov 30, 2015

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Cuando la larva se hizo mariposa

Cuando la larva se hizo mariposa

Existen determinadas actuaciones que son recordadas para siempre como la carta de presentación de un jugador. Lo que se pudo ver en Miribilla este fin de semana quedará ya para siempre como la confirmación definitiva del inmenso talento que atesora Luka Doncic. Para muchos, el esloveno hasta el momento era una enorme promesa, que había debutado anotando un triple de auténtico caradura en ACB a sus 16 años en la primera plantilla del Real Madrid, en un partido ante Unicaja. Otros lo recordarán por sus minutos en el playoff de la temporada pasada, cuandoasumió responsabilidades en minutos de la verdad, sin regalos de por medio para un chaval. Para los más metidos en la materia, quedará para siempre como unos de los mayores dominadores de cantera que se hayan visto en España, ganando absolutamente todo lo ganable con el Real Madrid, jugando siempre por encima de su edad. Pero lo de Miribilla fue otra cosa.

Llegaba el Real Madrid a Bilbao con dudas, tras la derrota en Belgrado. Pegas físicas, con Thompkins de baja, Rudy descansando para el drama del próximo jueves ante Fenerbahce, y Sergio Llull renqueante pero casi obligado a jugar. Dudas de confianza, por las recientes derrotas y los problemas defensivos. Y posiblemente con la cabeza en otro sitio en buena parte, pues la visita de los turcos es demasiado importante. Bilbao había empezado dominando el partido, así que la cosa no pintaba demasiado bien para los de Pablo Laso, en una de las canchas más hostiles que existen en España para los merengues. En estas, apareció por la cancha Doncic, con esa pinta de imberbe despistado que no se entera de mucho de lo que ocurre a su alrededor. Un chaval que no gesticula, pero que tampoco duda. Ahí todo empezó a cambiar. El partido de Bilbao, seguro. La cara del Real Madrid, también. La historia del baloncesto, posiblemente.

Vaya si se enteraba. El joven distraído de Ljubljana volteó el encuentro. Doncic es un buen defensor, de largos brazos, enorme trabajador, y de alta actividad, aunque parezca algo pesado en sus movimientos, quizá porque, sencillamente, sigue siendo un niño. Pero en pista delantera, es unprodigio maravilloso. Su despliegue técnico fue estratosférico. Una entrada con lanzamiento por elevación, un dos más uno acto seguido. Penetración para machacar a una mano previa finta de pase volviendo loco al defensor después. Todo ello, pidiendo los galones en la cancha dentro de un equipo campeón de todo la temporada pasada. Pases sin mirar a Ayón o Carroll, confirmando esa sensación de caradura. Y faltaba la traca final, con dos triples descomunales cuando más quemaba el balón, uno de ellos, el que ajustició a los vizcaínos, con un paso atrás previo, lo que los modernos llaman un step back. Nocioni, el de la rusticidad, se fue a por él como un loco. Ayón tenía esa sonrisa en la cara que sólo te provocan los grandes momentos. La cuarta falta de Sergio Rodríguez y la merma física de Llull parecían menos importantes. La metamorfosis era un hecho. La pequeña larva ya era una grácil mariposa que flotaba en Miribilla para dominar con puño de hierro una de las canchas más difíciles de la Liga Endesa. Luka Doncic se había presentado definitivamente, llevando a su equipo hasta un triunfo por 92-99 que le rellena la mermada moral antes del duelo decisivo en Euroliga, donde, con su actuación, el esloveno reclamó minutos. Fue un “aquí estoy yo” en toda regla.

Pasaron más cosas en la jornada. Valencia volvió a arrasar, en este caso al Herbalife, y elevó su extraordinaria racha hasta un 15-0 excepcional entre liga y Eurocup. Facundo Campazzo lideró a UCAM Murcia como MVP de la jornada para derrotar a Andorra y seguir mirando de reojo a la Copa del Rey. Baskonia confirmó que lo del CAI era algo más que un problema de entrenador, el Barcelona volvió a mostrar que eso que tanto presume Xavi Pascual de jugar para la gente no son hechos sino palabras, y se limitó a cumplir el expediente ante Fuenlabrada, y Guipuzcoa cayó en casa ante Sevilla y siguió dejando claro que es el peor equipo de la competición. Todo eso pasó y es reseñable. Pero lo de Doncic estuvo a otro nivel. Fue el primer gran partido como adulto de una carrera que si se lleva por el camino correcto puede ser legendaria. Como dijo Pablo Laso en la rueda de prensa posterior al partido: “Tiene 16 años… pero porque sabes que tiene 16 años. Si no, no pensarías que tiene 16 años”. Y al final, el niño hasta sonrió, con la sensación del trabajo cumplido. La primera de muchas.

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José M. Puertas en twitter: @josempuertas

(Foto: ACB Photo)

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