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may 10, 2015

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Zeljko Obradovic, el enemigo íntimo número 1

Zeljko Obradovic, el enemigo íntimo número 1

13 de abril de 1995, Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza. Pep Cargol se cuelga del aro y certifica un marcador de 73-61 con el que el Real Madrid, quince años más tarde, vuelve a ganar la Copa de Europa, la octava en su completísimo palmarés. En el banquillo blanco, un jovencísimo técnico de apenas 35 años, pero que con esa edad acaba de lograr su tercer título de campeón del viejo continente. Había nacido el 9 de marzo de 1960 en Cacak, entonces Yugoslavia, hoy Serbia, y tras una prolífica carrera como base, principalmente en el Partizan y la selección `plavi´, de un día para otro pasó a ser el entrenador de los blanquinegros de Belgrado, allá por el verano de 1991.

No había pasado ni un año cuando aquel temperamental base, escasamente superada la treintena, llevaba pizarra en mano al Partizan a imponerse en la Copa de Europa, en una de las finales más recordadas de la historia, por el decisivo triple sobre la bocina de un joven llamadoAleksandar Djordjevic que, junto a otro mozalbete, de nombre PredragDanilovic, conformaba un perímetro letal que cercenó en Estambul las esperanzas del Joventut de ser el mejor equipo del continente por primera vez en su historia.

Un año más tarde, el Limoges de Boza Maljkovic daría una de las mayores sorpresas de siempre en el baloncesto, imponiéndose en Atenasa ritmo de cincuenta puntos por partido primero al Real Madrid de Arvydas Sabonis y en la final a la Benetton de Treviso de Toni Kukoc. Sería el último año de Obradovic en su equipo de casi siempre, pues tras esa temporada iniciaría una nueva etapa, precisamente en el Joventut de Badalona. La Penya se unió a su verdugo de dos años antes y, pese a dudas en algún momento de la temporada (el entrenador llegó a declarar que si era un problema para el club debido a sus malos resultados, se marcharía) el resultado no pudo ser mejor, pues los verdinegros se plantaron en Tel Aviv apenas dos meses más tarde de los rumores sobre Obradovic para terminar derrotando en la final al todopoderosoOlympiakos.

Llegaría después aquella temporada 1994-95, en la que en la capital de España se lamían las heridas de sus derrotas en las últimas Copas de Europa, cuando era favorito. Limoges en semifinales (1993), y el propio Joventut en cuartos de final (1994), cercenaron las opciones del Madrid de Sabonis de reinar en Europa. Así que, al posiblemente mejor juego interior del continente, con Joe Arlauckas y el Zar lituano, hubo de unirse desde el banquillo Zeljko Obradovic para lograr la combinación perfecta, y que la casa blanca volviese a reinar quince años más tarde.

 

Sabonis se marcharía, y la llegada de un Bodiroga enormemente talentoso pero aún no tan sabio como en su etapa en Barcelona, permitiría al Madrid ganar una Eurocopa, la vieja Recopa, ante el Verona en Nicosia, casi como el último servicio de Obradovic a la causa blanca. Sin embargo, aquellas tres temporadas en blanco le harían ganarse el cariño eterno de la grada, que aún hoy día le recuerda como uno de los mejores entrenadores que han pasado por el histórico equipo madrileño.

Tras su etapa en el banquillo del club de Concha Espina, el serbio hacía las maletas rumbo a Treviso, donde pasaría dos años en la única etapa de su carrera en que no llevó a su equipo a ser el mejor de Europa. En 1999 aterrizaría en el Panathinaikos, y allí se convertiría, más aún si cabe, en leyenda, alzando cinco Euroligas (2000, 2002, 2007, 2009, 2011) en sus doce temporadas, logrando un total de ocho máximos trofeoscontinentales con cuatro equipos diferentes, algo nunca antes logrado por nadie, lo que hizo que los aficionados verdes, incluso los más radicales, le rindieran verdadera pleitesía. Allá por 2010, en uno de los peores momentos de la historia reciente del club ateniense, y entre múltiples rumores de dimisión o despido de Obradovic, miles de aficionadosinvadieron el parking del equipo tras una derrota única y exclusivamente para pedirle al serbio que se mantuviera en su cargo, por mal que estuviera la situación. Un año más tarde, ganaría su última Euroliga. Justicia divina.

Ahora, Zeljko Obradovic es el enemigo íntimo del Real Madrid. No pocas veces se ha informado del interés de los blancos en que el de Cacakvolviera a coger sus riendas, tantas veces como halagos por parte del entrenador hacia sus años de blanco. Muchos piensan que son caminos destinados a encontrarse nuevamente, pero lo que es un hecho es que ahora mismo el serbio es el gran enemigo blanco. Con cariño mutuo, pero con odio extremo el próximo 15 de mayo. Su rival en la semifinal de la final a cuatro en Madrid, con los blancos aún doloridos por las heridas de las dos últimas finales, y sin alzar el título desde hace veinte años en tierras aragonesas, y con el ahora enemigo íntimo en el banquillo.

Obradovic se enfrentará al Madrid buscando volver a demostrar por qué le llaman `Míster Euroliga´. Porque en todos estos años ha vencido finales a pocos y a muchos puntos, partidos con mayor y menor ritmo, ha tirado de pizarra, de pick&roll central, de cambios defensivos, y de lo que ha hecho falta para convertirse en el mejor técnico a este lado del Atlántico. Ahora, en su segundo año con Fenerbahce, ha colocado a los otomanos en la Final Four, que no es poco dado el historial turco en la competición, pero no se conformará con eso. Sabe que una semifinal como anfitrión será durísima en el aspecto mental para el equipo de Pablo Laso, y enmarañará el encuentro lo necesario para incomodar al Real Madrid, evitar que corra, y hacerle sufrir en el terreno donde menos cómodo se siente. Y, por supuesto, llegará con los cuchillos afilados. Con Jan Veselyde vuelta de la NBA demostrando que puede dominar Europa, conNemanja Bjeliça acercándose a lo que una vez pudo ser y en el Baskonia nunca logró, con Andrew Goudelock como quizá el mayor francotirador de la competición, Emir Preldzic tirando de su descollante talento, yBogdan Bogdanovic creciendo como la gran esperanza serbia, junto a un nutrido grupo de fajadores curtidos en la guerra como Luka ZoricNikos Zisis, u otro retornado NBA, Semih Erden.

En resumidas cuentas, un equipazo multimillonario e implicado en su proyecto con el maestro de la pizarra a los mandos. Una auténtica bomba de relojería en el horizonte del Real Madrid, que si quiere alcanzar “su” final deberá superar un partido durísimo en lo psicológico, por las trampas físicas, tácticas, y emocionales que encontrará. Y es que el enemigo íntimo se las sabe todas.

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