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may 19, 2014

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Errores del pasado, aciertos del futuro

Errores del pasado, aciertos del futuro

Resultaba complicado pronosticar antes de la final de la Euroliga un desenlace como el que vimos. Muchos podrían pensar que el Madrid impondría su ritmo y pasaría por encima del Maccabi. Otros tantos apostarían por una victoria sufrida de los blancos, por aquello de que una final nunca se gana sin apuros. También una buena parte habría apostado por la victoria del Maccabi, pero seguramente lo que casi nadie habría imaginado en las horas previas al duelo era una victoria de los hebreos cuasicalcada al triunfo de Olympiakos sobre el Real Madrid un año antes en Londres con el mismo título en juego.

Y es que, efectivamente, el mayor punto en contra del equipo de Pablo Laso en la final fue quizá no haber aprendido de lo ocurrido un año antes. Nadie se escondió o rehuyó la responsabilidad. Bien es cierto que Sergio Llull fue menos protagonista en ataque de lo habitual (pese a sus, ojo, ocho asistencias), que Mirotic no se pareció al de la semifinal ante el Barça, aunque no es menos cierto que sacó muchas faltas personales cuando más atascado estaba el Madrid que permitieron a los suyos sumar desde el tiro libre, o que Rudy Fernández fue de más a menos en el partido, quizá superado por momentos por la maraña defensiva de David Blatt, que incluso apagó la luz de un Sergio Rodríguez inspirado en el tiro pero menos clarividente de lo habitual en la dirección de juego.

Pero creo, insisto, que una vez más los madrileños no elevaron el listón de intensidad para ponerlo al nivel de su rival. Blatt, como Bartzokas, Maccabi, como Olympiakos, salieron a no especular un ápice contra el Madrid (los griegos lo hicieron en el primer cuarto entonces y fueron arrollados), conscientes de que era la única forma de vencer al que es el mejor equipo de Europa a día de hoy. Y la forma de jugar de tú a tú a este equipo es desde la máxima intensidad, que genera una enorme actividad defensiva al límite de lo legal (ya se sabe aquello de que cuanto más das menos te van a pitar), y cargar el rebote ofensivo como auténticos condenados. Y en ataque, abusar del pick&roll central, sea para continuación de los interiores (Schortsanitis por abajo, Tyus por arriba), o para penetraciones o tiros de Hickman y Rice como si de los Spanoulis de 2014 se tratase. Con esas claves los macabeos lograron que el Madrid no dominara el rebote en ningún momento, evitando el juego rápido de los blancos, y es ahí cuando los de Pablo Laso deben bajar al barro, en un terreno donde no se sienten cómodos. En un terreno donde se repitió aquel tapón de Kyle Hines llegando por detrás a Mirotic, en este caso personalizado en Devin Smith por la falta de contundencia del de Podgoriça o el mismo Bourousis a veces bajo los aros. Y de ahí que sorprenda que Felipe Reyes gozara de tan pocos minutos en la segunda parte, cuando el cordobés había sido el claro bastión interior de los españoles en la primera parte, porque es alguien que no evitaría pegarse con su madre, llegado el caso. A Mirotic, todo calidad, maestro violinista, aún parece que le falta algo de proceso para poder tocar el bombo llegado el caso, algo que se ha visto en las dos últimas finales continentales, e instrumento en el que Reyes es y será siempre un referente.

El partido recordó al de un año antes, sí. Con el matiz de que enfrente no estaba el vigente campeón, y de que el Real Madrid, esta vez sí, era el claro favorito. Por eso resulta más dolorosa, o preocupante si quieren, la derrota, especialmente por parecerse tanto en determinados aspectos a la de 2013. La defensa del pick&roll central pareció arreglarse con el cambio de Bourousis por Begic, pero un año más tarde la enorme velocidad de los Hickman y Rice ha vuelto a dar donde más duele a los merengues, acaso por la sensible baja de Dontaye Draper para dar diez minutos de calidad defensiva. El juego de Maccabi, con unos contra unos casi permanentes, desarboló a la defensa blanca, como determinadas situaciones de small ball impuestas por David Blatt que llegó a formar un quinteto durante varios minutos en que sus dos “pívots” eran Devin Smith y David Blu, que han sido aleros toda su vida. Osea, que jugaba sin pívots.

Ahí quizá le faltó reacción a Pablo Laso, como en los minutos finales cuando el Real Madrid se encomendó a las manos y la cabeza de Sergio Rodríguez, como hiciera Juan Orenga en aquella semifinal del Eurobasket 2013 ante Francia. El Chachosistema esta vez no fue suficiente, pues el entramado defensivo hebreo evitó las canastas fácil blancas durante todo el duelo, muy especialmente en la segunda parte y la prórroga.

Pero, con todo ello, el Madrid tuvo el partido en su mano. Porque Tremmell Darden puso a los madrileños cuatro arriba (67-63) a apenas cuatro minutos del final, pese a que las sensaciones nunca fueron las mejores. Porque el partido se decidió en la prórroga, que nadie olvide tal cosa. Y eso indica que este Real Madrid es un equipo claramente competitivo. Y al que desde luego esos detalles que deciden una final no le acompañaron. Como aquel triple de Blu al borde del descanso o ese otro del MVP Tyrese Rice que entró llorando tras botar dos veces en la canasta. Esos pequeños detalles que suelen caer del lado del campeón, que fue Maccabi por méritos propios. Entre otras cosas, por ser capaz de creer y rendir por encima de sus posibilidades, algo que no pudieron hacer los blancos, a los que con todo y eso, sólo pudieron superar en el tiempo extra.

Toca ahora momento para la reflexión, claro. Para analizar los errores que se repitieron un año después y de los que pareció no haberse aprendido. Pero también, en los que decidirán el futuro de la sección, para valorar el poso de un equipo que ya es historia del Real Madrid, y que el próximo año tendrá un reto mayúsculo con la Final Four en la capital de España. El reto de demostrar que pueden dominar Europa, y que han aprendido de dos errores del pasado, especialmente esta temporada, cuando ya no eran imberbes en partidos decisivos. Y ese reto no cabe duda que merece encabezarlo Pablo laso, al que hay que pedirle que siga siendo fiel a sus ideas. Que siga llenando a reventar cada partido importante el Palacio de los Deportes. Que siga haciendo que la gente hable de este Real Madrid como hacía años que no sucedía. Quela Copa del Rey ola Final Four desplace más aficionados madridistas que nunca. Y que siga creyendo que así, si se corrigen pequeños (o grandes) detalles, pero detalles al fin y al cabo, se puede ganar una Euroliga. Pero muy especialmente, que se puede seguir llegando al alma de la gente, haciendo sonreír como hacia años que ningún equipo del Real Madrid lo hacía. Eso es lo más importante, y ahí es donde el club debe acertar de cara al futuro. En mantener el rumbo.

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José M. Puertas en twitter: @josempuertas

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