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abr 15, 2014

Enviado por en Blog Resultados NBA | 0 Comentarios

Conferencia Este: El despropósito por bandera

Conferencia Este: El despropósito por bandera

Resulta complicado realizar un análisis de la Conferencia Este en esta temporada sin llevarse las manos a la cabeza con determinadas situaciones ocurridas desde que arrancara la campaña 2013/14. La recta final de Indiana (y Miami), el arranque caótico de los Nets, el nuevo fiasco de los Knicks, el incluir en playoffs a un equipo con clarísimo balance negativo en la temporada, o el ver en las eliminatorias finales a invitados sorpresa, como Charlotte, Toronto o Washington, hacen de esta una temporada sin duda, anómala y llega de despropósitos, si se quiere.

Indiana Pacers y Miami Heat, favoritos que dejan dudas

Si un equipo ha llamado la atención en lo bueno y lo malo, desde que arrancase el curso, es sin duda Indiana Pacers, franquicia de la que es imposible hacer un análisis sin dividir en dos partes claramente diferenciadas su temporada. Empezó siendo, sin duda, el mejor equipo de la NBA, con la defensa más sólida de la competición y un ataque en el que, pese a la baja por lesión de Danny Granger, emergía un jugador total en la figura de Paul George, el jamaicano Roy Hibbert seguía en su evolución dominando los tableros –especialmente cuando se medía a equipos de primer nivel, como Miami-, y complementos como el talentoso Lance Stephenson o el veterano Luis Scola aportaban su granito de arena para que el equipo de Frank Vogel dejara claro que sí, que este era su año. Y que tras dos temporadas siendo el equipo que más le ha complicado la vida a los Heat de LeBron James, en este curso iba a dar un paso más, alcanzando incluso los playoffs con ventaja de campo ante los de Florida, con la importancia que ello podía tener.

Pero situémonos en el mes de febrero, donde varios hechos concatenados hicieron entrar en barrena al conjunto dirigido en los despachos por Larry Bird. Para comenzar, varios movimientos en su plantilla, como el traspaso del citado Granger por el pujante Evan Turner. Algo que, unido a la incorporación de Andrew Bynum, cuya dupla con Hibbert bajo los aros podía no tener parangón en la NBA actual, hacía a los aficionados Pacers prometérselas muy felices. Con la eclosión de George, Granger había perdido muchísimo peso, más aún con sus problemas físicos, y la llegada de Turner aseguraba presente y futuro a una ya de por sí larga rotación. Con la incorporación de Bynum, en primer lugar se consiguió evitar que éste fichara por Miami (muchos piensan de hecho que fue el único objetivo de fichar al ex Laker), y por otro prácticamente asegurar tener a un pívot potencialmente dominante en cancha casi durante los 48 minutos de partido, algo que ningún equipo NBA puede decir ahora mismo.

Pero algo empezó a fallar en ese vestuario. La salida de Granger, pegamento perfecto para la plantilla, el malestar del díscolo Lance Stephenson, tan talentoso en la cancha como complejo fuera de ella, y, según se dice, un importante desencuentro entre Paul George y Roy Hibbert, han hecho caer en picado a los de Indiana a partir de febrero. Porcentajes horribles, pésima circulación de balón, broncas en la cancha, una defensa –su mejor arma en los últimos años- deficiente y un sinfín de factores que no hacen sino crecer en las últimas semanas han permitido a Miami, que tampoco pasa por su mejor momento, dar caza a los Pacers y probablemente dejar a estos fuera del primer puesto de la Conferencia Este. Y en el Oeste, San Antonio ha superado a ambos y ya se ha asegurado tener el factor cancha durante todos los playoffs, sea cual fuere su rival. El caso es que los de Vogel a día de hoy generan una sensación de banda que dista mucho del equipo que eran en diciembre o enero. Apenas David West es el único que mantiene su rendimiento en una auténtica casa de locos. Capacidad para la catarsis tienen. Aspirante a todo serían de producirse la misma, pero a día de hoy todo son dudas sobre sus prestaciones en la lucha por el título.

Así las cosas, Miami Heat vuelve a ser, a buen seguro, el principal favorito para alcanzar la pelea por el anillo por el lado este de la NBA. Pese a no llegar nada boyantes a la recta final de la temporada (no tan mala como la de los Pacers, pero tampoco digna de un equipo que aspira a todo), el equipo liderado por LeBron James va a conseguir superar nuevamente con nota más que aceptable una temporada regular en la que los problemas físicos de Dwayne Wade han hecho al escolta formado en la Univesidad de Marquette descansar en muchos partidos, con el objetivo de alcanzar la recta final de la temporada en la mejor forma posible. Sus principales bazas no difieren mucho de la campaña pasada, toda vez que LeBron continúa demostrando que es el mejor y más completo jugador sobre la faz de La Tierra –aunque el principal candidato a MVP esta temporada sea Kevin Durant, como ha admitido el propio James-, y a que no existen dudas sobre el rendimiento de Wade, Chris Bosh o Ray Allen cuando se alcance el momento cumbre del año. Ello, unido a que ni el fichaje de Greg Oden ni la apuesta por Michael Beasley han resultado completamente exitosos, harán que las armas de Erik Spoelstra vuelvan a basarse en su Big Three, la muñeca de un Ray Alllen que no hizo sus mejores finales la pasada campaña pero que fue decisivo cuando más quemaba el balón, y un ejército de secundarios de lujo donde Udonis Haslem crece cada abril y mayo, Mario Chalmers y Norris Cole forman una pareja de bases que cumple a la perfección con lo que se le pide, y veteranos como Shane Battier, Chris Andersen, y hasta el mismísimo Rashard Lewis están dispuestos a dejarse el alma y aportar aquello en lo que son especialistas por un nuevo anillo, en lo que supondría el tercero consecutivo, el threepeat como dicen en Estados Unidos.

Chicago Bulls y Brooklyn Nets: los outsiders

Ni la nueva grave lesión de Derrick Rose, ni el traspaso de Luol Deng a mitad de temporada –probablemente para hacer hueco al madridista Niko Mirotic de cara a la próxima campaña-  han limado el espíritu de uno de los equipos más competitivos de la liga, los Chicago Bulls de Tim Thibodeau, cuyo nivel defensivo se ha mantenido un año más, intacto. Por dentro, el siempre cuestionado Carlos Boozer vuelve a cumplir un año más con su papel, acompañando a un Joakim Noah sensacional, correcto en ataque y decisivo en defensa, donde posiblemente es el defensor más inteligente de la NBA. Ello, unido a la mejor temporada en la carrera de Taj Gibson, dotan a los Bulls del espíritu necesario para competir ante equipos rivales que les ganarán en centímetros y kilos en la pintura.

Igualmente, las mencionadas bajas de Deng y Rose, por diferentes motivos, dejaban a priori muy cojo el juego exterior en Chicago. Pero, una vez más, han sabido reinventarse. La irrupción de Jimmy Butler, el aceptable nivel de D.J.Augustin, base discreto pero con mucha capacidad para anotar del exterior, el buen nivel dado por un Mike Dunleavy que es una garantía en el perímetro, más aún si el físico le respeta como ha sido este año, y la veteranía de Kirk Hinrich, permiten a los Bulls tener varios jugadores muy capaces de aportar en el perímetro, aunque la falta de una referencia anotadora consistente (Augustin es el máximo anotador y no llega a 15 tantos por envite), es algo que podrán echar en falta cuando los partidos requieran de un líder ofensivo. Así las cosas, se hace difícil pensar en aspirar al anillo en Illinois, pero que nadie descarte que, si se miden a los favoritos, alarguen la serie hasta el extremo, haciendo sudar sangre al más pintado. Así son los Bulls de Thibodeau, y parece que así seguirían siéndolo aunque siguieran perdiendo miembros a priori claves en su estructura.

Pese a que Toronto concluya la temporada por delante de ellos, es necesario incluir como alternativa de poder a los Brooklyn Nets, cuya temporada podría analizarse de forma inversa a la de Indiana en algunos aspectos. El equipo dirigido por Jason Kidd comenzó de forma horrenda la temporada, llegando incluso a correr serio peligro el puesto del base recientemente retirado en el banquillo neoyorquino. Sin embargo, allá por el mes de diciembre, y tras superar una tremenda plaga de lesionados, en Brooklyn se empezó a sonreír. En buena medida por el bajo nivel de la Conferencia, no tardaron los Nets en engancharse a la zona de playoff, en la que han terminado asentados cómodamente. Y si hablábamos de capacidad competitiva en los Bulls, qué se puede decir de una plantilla con Kevin Garnett, Paul Pierce, Jason Terry, Joe Johnson, Deron Williams, o Andrei Kirilenko, jugadores que a buen seguro se multiplicarán en la lucha por el anillo.  Bien es cierto que la baja desde hace meses de Brook Lopez, su clarísima referencia interior en ataque, les hace más vulnerables por dentro, donde Garnett ya no es ni de lejos el que era, pero el buen hacer del joven Mason Plumlee ha sido una grata y positiva sorpresa, casi igual que el rendimiento de un Andray Blatche al que muchos ya parecían dar por perdido para la causa. Deron Williams y Joe Johnson son los claros líderes en el perímetro, donde el ex barcelonista Alan Anderson, el reciente fichaje Marcus Thornton, o el resucitado para el baloncesto Shaun Livingston saben y cumplen perfectamente con el papel que les otorga Kidd.

Buena muestra de la capacidad de este equipo la da su balance de victorias y derrotas ante los Miami Heat esta temporada: 4-0 a favor de los Nets, convirtiéndose en la única franquicia en conseguir tal récord ante los de Florida desde la temporada 2007-08. Quién sabe si, llegado un hipotético cruce ante los campeones en las próximas semanas, dichos precedentes podría influir, pero lo que es seguro es que quien quiera vencer a estos Nets va a tener que bordar el baloncesto. A experiencia y carácter competitivo es muy difícil que nadie gane a los de Brooklyn, a calidad no resulta fácil tampoco. Si las piernas les responden, cuidado con el equipo de Kidd, que puede dar más de un susto en el quien sabe si último baile con aspiraciones reales de los Garnett o Pierce.

Ya han cumplido: Toronto, Washington, Charlotte y ¿Atlanta?

Cualquier finalista por el lado del este que no sea uno de los cuatro equipos citados hasta el momento, será una sorpresa descomunal, como lo ha sido la temporada de Toronto Raptors. Quizá muy pocos apostaban en Canadá porque la salida en verano de Andrea Bargnani y en plena liga de Rudy Gay, podría sentar tan bien a este equipo. La madurez de Demar DeRozan, máximo anotador con más de 22 tantos por juego, y sobre todo del líder de los canadienses en la cancha, un Kyle Lowry que se ha destapado a un nivel que no se le conoció la pasada temporada (promedia casi 18 puntos, 7.5 asistencias y casi 5 rebotes), cuando compartió minutos con José Calderón, ha permitido a la franquicia canadiense cuajar una de las mejores campañas de su historia. Junto a Lowry y DeRozan, el resto de principales armas de Toronto son también jugadores exteriores. Desde el base suplenete, el genial Greivis Vasquez hasta dos anotadores inconsistentes pero capaces de eclosionar y liársela a cualquier rival el día más inesperado, como John Salmons y Terence Ross, junto a un De Colo que sigue sin encontrar su sitio en la NBA. En la pintura, no parece que el equipo entrenado por Dwane Casey posea argumentos suficientes como para pensar que pueda avanzar mucho en estos playoffs. La progresión del joven Jonas Valanciunas es segura, pero lenta aún para amenazar a los mejores de la competición, Amir Johnson es un pívot con grandes limitaciones ofensivas, aunque dote de gran nivel atrás a sus equipos, y desde el banquillo Patrick Patterson y Tyler Hansbrough, hermano del jugador del Herbalife Gran Canaria, aportarán juventud e intensidad. Lo que sí queda claro es que todo lo que les llegue en adelante será un premio, porque la temporada en Canadá ya se puede dar por sobresaliente.

No es nada habitual que a estas alturas de temporada sigan vivos, y tan vivos, los Washington Wizards. Hasta ahí, podemos hablar de sorpresa al verles tan bien este año. Pero si uno analiza su plantilla, con un John Wall madurando muy rápido junto al veterano Andre Miller en el base, aleros como Trevor Ariza, otrora campeón con los Lakers, y el jovencísimo Bradley Beal, un auténtico killer en el perímetro, y dos pívots tan consistentes como Marcin Gortat o Nene Hilario, con el apoyo desde el banquillo del carácter de Trevor Booker y la inmensa calidad de ese anotador compulsivo que es Al Harrington, ver a estos Wizards en posiciones altas de la Conferencia Este no resulta para nada descabellado. El equipo dirigido por Randy Wittman no parte ni mucho menos como favorito a llegar lejos, y posiblemente caerá en primera ronda, pero el rival al que caigan en suerte los capitalinos para abrir boca no lo tendrá ni mucho menos fácil ante una de las plantillas con más calidad al Este de la NBA.

Tener un pívot dominante en la zona puede ser muchas veces suficiente argumento para hacer un buen papel en la mejor liga del mundo. Y esa es, sin duda, la principal arma de los Charlotte Bobcats (que volverán a ser Hornets el próximo año) que dirigen Michael Jordan en los despachos y el sorprendente Steve Clifford en el banquillo. Un arma con nombre y apellidos: Al Jefferson. Los 22 puntos y 11 rebotes del ex pívot de Timberwolves, Celtics y Jazz han espoleado sin duda al que fuera peor equipo de la competición hace un año a meterse por méritos propios en la lucha por alzar el trofeo de campeón. No cabe duda que sus posibilidades son muy remotas, y que a buen seguro deberían caer por la vía rápida en primera ronda, pero la conexión entre Jefferson y un Kemba Walker mucho más maduro en su tercera temporada NBA hará a los Bobcats un equipo complicado. Fuera de sus dos principales estrellas, los Bobcats son un equipo de soldados que difícilmente pueden aspirar a la gloria en la mejor liga del mundo. Currantes de la liga como Josh McRoberts, Ramon Sessions, Gerald Henderson, Gary Neal o el pujante joven, quizá algo estancado, Michael Kidd-Gilchrist. Una plantilla que ya ha cumplido de sobra con sus expectativas y que deberá de intentar reverdecer tiempos mejores cuando vuelvan a ser los Hornets dentro de unos meses.

Finalmente, y tras sus tres victorias de forma consecutiva, parece que será Atlanta Hawks el equipo que cerrará las ocho franquicias que pelearán por la gloria en el Este, dejando fuera a unos New York Knicks que merecerían un capítulo aparte tan extenso como éste para analizar su temporada. Centrándonos en los Hawks, pese a que su balance es probablemente indigno de un equipo que buscará el anillo, lo que deja bien a las claras una vez más el pobre nivel del Este, la temporada en el estado de Georgia ha sido complicada, y casi puede darse por buena con su pase a las eliminatorias finales. La lesión de larga duración de Al Horford no ha faltado a su cita de casi cada año, y el dominicano apenas pudo disputar dos meses largos de competición. Así las cosas, y con la lesiones de otros hombres altos de la rotación, como Pero Antic o Gustavo Ayón, ha sido Paul Millsap (18 puntos y 7.5 rebotes) junto a un veteranísimo (y cascadísimo físicamente) Elton Brand quien ha cargado a sus espaldas con el juego interior de Atlanta, bien secundados por el pujante Mike Scott, que ha cuajado un curso más que correcto dadas las circunstancias. Con tanta lesión, la rotación de los Hawks es corta, pero tienen sin duda piezas valiosas para completar su plantilla en el exterior, como el explosivo Jeff Teague en el puesto de base, el francotirador Kyle Korver, siempre certero en el lanzamiento de tres, o un DeMarre Carroll que allá donde va aporta intensidad y bemoles a sus equipos. En todo caso, sus opciones en playoff serán muy remotas, salvo que se crucen con los Pacers en primera ronda y estos decidan seguir autodestruyéndose. En cualquier otro caso, parece que la aventura de Atlanta en esta temporada se prolongará pocos días ya.

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José M. Puertas en twitter: @josempuertas

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