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dic 16, 2013

Enviado por en Blog Resultados NBA | 0 Comentarios

Sebas y el agujero negro

Sebas y el agujero negro

Esta es la historia de un chico llamado Sebas y de un agujero negro (lo mismo ya lo habrán deducido a partir del título). Suena casi a otra cosa, como Blancanieves y los Siete Enanitos, Juan y las Judías Mágicas, Aladino y la Lámpara Maravillosa, Harry Potter y el Cáliz de Fuego, Indiana Jones y el Templo Maldito, Sebas y el Agujero Negro, Sebas and the Black Hole en versión original, pero témome que en este caso no se trata de ficción sino de la cruda realidad de la vida. De hecho a nuestro chico llamado Sebas lo conocerán ya de sobra a poco que hayan seguido últimamente a nuestras selecciones de formación, a poco que vieran el Mundobasket sub 19 o el Eurobasket sub 20 de este pasado mes de julio, acaso también el afamado Torneo de Mannheim del año anterior: saben que su nombre completo es Juan Sebastián Sáiz, que nació en 1994 de padre español y madre dominicana, que se crió al pie de la Sierra de Gredos en la bella localidad abulense de Arenas de San Pedro, que se abrió al mundo (baloncestísticamente hablando) en el seno estudiantil y que desde hace año y pico anda completando su formación (así académica como deportiva) en USA: acabó el bachillerato (o equivalente) en la Academia Cristiana del Amanecer (chirría menos en versión original, Sunrise Christian Academy) sita en Wichita, Kansas, y de ahí pasó a formar parte de los Rebels o lo que viene siendo lo mismo, la prestigiosa Universidad de Mississippi, ésa misma que en USA (por razones que se me escapan) acostumbran a abreviar como Ole Miss. Esa a grandes rasgos vendría a ser la vida de Sebas. Y en cuanto al agujero negro…

Sebas Sáiz, de blanco con Ole Miss

Antes de nada me permitirán un breve inciso: la expresión agujero negro obviamente no tiene connotaciones cromáticas sino meramente astronómicas. Un agujero negro (como todos ustedes saben perfectamente) es una región finita del espacio en cuyo interior existe una concentración de masa lo suficientemente elevada para generar un campo gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera la luz, puede escapar de ella. (…) El horizonte de sucesos separa la región del agujero negro del resto del universo y es la superficie límite del espacio a partir de la cual ninguna partícula puede salir, si aún se quedan con ganas de más no tienen más que pinchar en este enlace (eso sí, luego vuelvan aquí, no se me dispersen) pero en lo que a nosotros respecta con esto tenemos ya más que suficiente. Un agujero negro en términos baloncestísticos vendría a ser ese jugador del que ninguna partícula material, ni siquiera el balón, puede escapar de él. Es decir, puede escapar si acaso hacia la canasta pero en ningún caso podrá salir en rección a otro jugador. Un agujero negro es el que hace desaparecer la pelota, el que es receptor pero no emisor, el que mata la circulación de balón, el que bola que le des bola que se juega (tanto dará que tenga posición o no, que esté abierto o no, que la situación lo requiera o no), ése que sabes que cuando le llegue ya nunca más la volverás a ver. Un agujero negro es ese tío del que toda la vida hemos dicho que se tira hasta las zapatillas, sirva esta última explicación por si no hubiera quedado claro todo lo anterior. El agujero negro sería una mera metáfora (que queda mucho más elegante que decir chupón, por ejemplo) que además tampoco es mía, no me atribuiré paternidades que no me corresponden, se la escuché más de una vez al insigne narrador plusero David Carnicero. Por supuesto que el agujero negro carece de connotaciones raciales, de hecho un buen agujero negro ni siquiera tiene por qué ser negro. Nuestro agujero negro es blanco, sin ir más lejos.

Nuestro agujero negro blanco se llama Marshall Henderson. Es posible que algunos de ustedes ya hayan oído hablar de él (e incluso habrá quien ya me haya leído acerca de él) pero como el saber no ocupa lugar les contaré mínimamente que nació en Texas, que jugó y triunfó en High School a las órdenes de su padre y que a partir de ahí su currículum es de lo más variopinto ya que ha pasado por tres universidades y un júnior college la criatura: la temporada 2009/2010 (o sea, su año freshman) la jugó para los Utes de Utah, la temporada 2010/2011 la pasó en blanco (o sea, redshirt) porque pidió el transfer para marcharse a Texas Tech, la temporada 2011/2012 se cabreó con Texas Tech tras el cese del coach Pat Knight y (sin haber jugado ni un solo segundo para los Red Raiders) prefirió pasar su año sophomore en el modesto South Plains Junior College (donde se salió, claro), la temporada 2012/2013 aterrizó ya en Mississippi para su año júnior y aunque parezca asombroso allí sigue todavía en esta 2013/2014 disputando su año sénior. Todo lo cual no se entendería sin añadir que casi cada primavera/verano desde que dejó el insti ha tenido toda clase de problemas con alcohol, marihuana, cocaína y demás perniciosas sustancias: que ya se comió una vez 25 días de cárcel, que aún tiene causas y pleitos pendientes y que sin ir más lejos este pasado agosto también le pillaron con las manos en la masa, lo cual pareció que le costaría la temporada entera pero al final sólo le costó perderse los tres primeros partidos. Todo esto muy a grandes rasgos, si aún quieren profundizar más en el personaje no tienen más que guglearlo y alucinarán casi tanto como él mismo, se lo aseguro.

Marshall Henderson tiene muchísimo talento para jugar a esto, no seré yo quien diga lo contrario. Una movilidad increíble, una intensidad fuera de lo común y sobre todo una capacidad innata para buscarse la posición y sacarse el tiro a velocidad asombrosa. Marshall Henderson tiene muchísimo talento pero una cosa es tenerlo y otra saber cómo utilizarlo, una cosa es saber jugar muy bien y otra ser además un gran jugador, parece lo mismo pero no es lo mismo. Marshall Henderson tiene a mi modo de ver dos problemas fundamentales, uno es que se cree mucho mejor de lo que es, el otro es que nadie se atreve a decírselo, como aquel rey al que ninguno de sus vasallos se atrevía a decirle que iba desnudo. Marshall Henderson vendría a ser como ese compañero de trabajo que todos hemos tenido alguna vez, ese que cada vez que le decían algo montaba tales pollos que al final sus jefes acababan dejándolo por imposible, que el resto podíamos estar puteados y él en cambio viviendo de fábula, a éste casi mejor no le decimos que haga nada no se nos vaya a enfadar (obviamente la comparación no es adecuada porque el problema de Henderson no es que no haga nada sino que hace demasiado, pero ustedes cogen la idea). Marshall Henderson parece estar pidiendo a gritos un hermano mayor, una figura paterna (pongamos su entrenador, por ejemplo) que pudiera reconducirle, domesticarle, enderezarle o meterle en vereda según la terminología que a cada quien le parezca más adecuada. En cambio Andy Kennedy (que así se llama el interfecto) más bien parece haber optado por la filosofía de aquel verso de Pablo Milanés, la prefiero compartida antes que vaciar mi vida, que en este caso vendría a ser le prefiero a su puta bola antes que perderlo, le prefiero haciendo lo que le dé la gana antes que correr el riesgo de que se me enfade y ya no vuelva nunca más. En el pecado lleva la penitencia, claro.

He visto dos partidos de Ole Miss esta temporada, casualmente las dos únicas derrotas (por siete victorias) que llevan los Rebels a día de hoy, puede que ello influya también en mi negatividad al respecto. Ambas dos fueron derrotas ajustadas y ante buenos equipos, la primera en Manhattan y la segunda en Oxford, suena raro así que habré de aclararles que Manhattan es la localidad del Estado de Kansas donde tiene su sede la Universidad de Kansas State y que Oxford es la localidad del Estado de Mississippi donde tiene su sede Ole Miss, que en este caso recibía a Oregon. En Kansas State Henderson pegó el petardazo, 4 de 18 en tiros de campo, 2 de 13 en triples para un total de 13 puntos de los 58 que metió Ole Miss (por 61 de Kansas State, ya ven que el partido no fue la alegría de la huerta precisamente). Todo lo contrario sucedió tres días más tarde cuando recibieron a los Ducks de Oregon, la cosa acabó 105-115 (prórroga incluida) y aquella noche la criatura se fue hasta los 39 puntos, 11 de 27 en tiros totales, 10 (sí, diez) triples anotados de 23 (sí, veintitrés) intentados, apúntese también que el total de triples intentados por los Rebels fue de 35 y ello nos llevará a la conclusión de que él solito intentó casi el doble de triples que el resto de sus compañeros juntos. Será justo reconocer que forzó la prórroga a triplazo limpio cuando la situación no podía ser más desesperada (80-86 afalta de 40 segundos, todavía 83-88 afalta de 15 segundos…) casi tan justo como reconocer que se había cascado una buena dosis de airballs durante los 39 minutos anteriores. Él es así, el típico jugador que te gana un partido o que te lo pierde, en ocasiones incluso ambas cosas a la vez. Véase la muestra.

Y además (y por si aún no lo han deducido a partir de todo lo anterior) es un personaje. No para quieto, se mueve constantemente, no ya durante el juego (que eso hasta resulta saludable) sino también cuando el juego está parado, cuando está sentado en el banquillo, sospecho que será igual cuando esté en el vestuario o en su casa o en su cama, la que (presuntamente) duerma con él lo tendrá crudo para pegar ojo, me temo. Lo que nuestras abuelas llamaban un rabo de lagartija, o lo que decía aquel de hay que ver, qué ricos los gemelos Henderson, a lo que el otro le contestaba qué va, si es uno sólo, lo que pasa es que muy nervioso… Doy por supuesto que ya no está bajo los efectos de (que allí son muy mirados para estas cosas) pero demasiadas veces se comporta como si aún lo estuviera, como si se le hubieran cronificado en el organismo o como si en realidad fuera así de nacimiento. La comparación con los más afamados yugoslavos que ejercían de yugoslavos en los ochenta se le queda corta, la comparación con los más afamados trashtalkers que hayamos conocido se le queda aún más corta, Henderson va más allá de todo eso, Henderson es un broncas en toda la extensión de la palabra, un tipo aún peor cuando gana que cuando pierde como bien tuvieron ocasión de comprobar los aficionados de Wisconsin en segunda ronda del pasado Torneo Final, como bien tuvieron ocasión de comprobar por ejemplo sus rivales de Georgia Tech hace apenas dos semanas. Marshall Henderson lleva años siendo l’enfant terrible de la NCAA, sólo quedará por ver dónde (y cómo) lo seguirá siendo cuando acabe su periplo NCAA.

Cuentan que tras ese reciente lío ante Georgia Tech le fueron a preguntar a Andy Kennedy sobre la conducta y la madurez de Henderson, y cuentan que respondió it remains a work in progress, ya ven que cito textualmente. Que progresa adecuadamente como si dijéramos, será que se conforma con poco o será que en el fondo ha tirado la toalla. Créanme que me encantaría saber en qué consiste ese work, qué medios reales está poniendo el amigo Kennedy para atemperar su carácter más allá del castigo meramente simbólico de no sacarle de titular, una tontería como otra cualquiera porque a la larga siempre acaba jugando más minutos que cualquiera de sus compañeros. Compañeros que no serán para tirar cohetes pero que tampoco están tan mal: Jarvis Summers es un base potente, Millinghaus le da buena réplica, LaDarius White y Martavious Newby (sí, como nombres de pila no tienen precio) también aportan desde el perímetro. Súmenle a los aleros Aaron Jones y Anthony Pérez (venezolano de Cumaná, sospecho que una bendición para Sebas porque así tendrá alguien con quien hablar en su idioma) y al interior DeMarco Cox y tendremos a un puñado de jugadores apañados, normales en la mejor y la peor acepción de la palabra. Es decir, ninguno de ellos llega ni de lejos al nivel de Henderson para lo bueno, ninguno de ellos llega tampoco al desnivel de Henderson para lo malo. Ni puñetera falta que les hace.

Y Sebas, claro. Sebas emerge desde el banquillo, vendría a ser el sexto o séptimo hombre del equipo si no fuera por el pequeño detalle de que Henderson emerge también desde el banquillo. Ante Kansas State jugó una buena minutada, ante Oregon jugó apenas ocho o diez minutos entre otras cosas porque se metió en líos de faltas demasiado pronto. En defensa es ya importante y lo será más, sin duda, no podría ser de otra manera en un equipo intenso y físico que además tiene a gala ser de los primeros de la nación poniendo tapones. En ataque… En ataque es absolutamente irrelevante. No es que lo haga mal, es que no lo hace ni bien ni mal, es que prácticamente el juego no pasa por él. Sus compañeros apenas le miran, la bola circula preferiblemente por fuera, si en ese tránsito cae en manos de Henderson pues a morir por dios, si no tampoco es probable que le llegue. En la minutada ante Kansas State su única canasta (que yo recuerde) llegó tras rebote ofensivo, en la derrota en casa ante Oregon fueron ya dos canastas, la una igualmente tras rebote ofensivo, la otra ya sí por fin, una especie de semigancho que se trabajó convenientemente. En el tiempo que lleva en USA Sebas ha mejorado de manera exponencial el apartado físico pero tiene aún (digámoslo elegantemente) un elevado margen de mejora en el aspecto técnico. Tres años y medio por delante tendrá para ello, lo conseguirá sin duda… entre otras cosas porque a partir de la próxima temporada ya no habrá marshallsistema, ya no tendrá que atravesar ningún agujero negro. O eso espero.

Sí, ya sé que suena raro pero es así, soy mucho más optimista con respecto al futuro de Sebas que al de Henderson. No sé dónde ni cómo pero sé que Sebas acabará ganándose muy bien la vida jugando a esto, no me cabe la menor duda. Con Henderson ya no estoy tan seguro. Por talento sería puro NBA, por actitud será un problema allá donde vaya. De otro tal vez podría imaginar que se reconvirtiera en especialista tirador saliendo desde el banquillo, de Henderson me cuesta creer que estuviera dispuesto a aceptar un rol secundario. Y no creo que haya nadie tan loco en aquella Liga como para entregarle al cien por cien las llaves del reino, de hecho me resulta más fácil imaginármelo a este otro lado del charco, ejerciendo de líder de algún equipo menor de cualquier liga menor, tirándose sus treinta triples por partido al servicio de cualquiera que no tenga escrúpulos en dinamitar el concepto de equipo. Claro está, eso en el mejor de los casos, eso en el supuesto de que sus excesos para estar cada verano a la altura de su personaje no acaben devorándolo por completo. Ya ven que soy pesimista pero tampoco me lo tengan muy en cuenta, si al fin y al cabo pronostiqué una brillantísima carrera para Adam Morrison o Royce White a ver por qué no voy a poder equivocarme ahora en sentido inverso con Henderson. Ojalá, más que nada porque a pesar de su anarquía y de su ego desmedido y de su desparrame neuronal, en el fondo me daría muchísima pena que todo ese talento en bruto que atesora al final acabara echándose a perder. Que acabara él también engullido por su propio agujero negro.

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José Díaz en twitter: @zaid5x5

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