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sep 21, 2013

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Decepción, que no fracaso

Decepción, que no fracaso

Algunos se habrán llevado las manos a la cabeza por lo ocurrido ante Francia. Otros habrán tirado de la crítica a diestro y siniestro, incluso del siempre irrespetuoso (también cobarde) insulto. Sin embargo, yo tengo la conciencia bien tranquila con lo que respecta a la selección española de baloncesto. El tropiezo ante Francia era algo que podía suceder perfectamente. Los galos viajaron a Eslovenia con buena parte de sus mejores hombres en nómina y por tanto su plantilla estaba menos resentida que la nuestra. Nada de complejo de inferioridad: complejo de realismo, señoras y señores. Aquellos que se empecinaron en vender de antemano el oro continental para España no cayeron en la cuenta de que éste estaba más caro que nunca. La cautela era lo que había que difundir. Era mucho menos vendible, claro.

Sabíamos a lo que veníamos a este EuroBasket: a competir hasta donde pudiésemos, que bien podían ser las medallas o el vacío. Por eso hay que estar orgullosos de haber llegado al partido por el bronce. Viendo los altibajos que la selección ha tenido a lo largo del torneo, el premio es bastante digno. Con un entrenador poco curtido en batallas difíciles y un roster varios puntos por debajo del habitual, la tarea está más que cumplida. Los partidos donde los niños se convierten en hombres nos han puesto en el lugar que a buen seguro nos tocará ocupar en los próximos años (quizá el Mundial casero se salve de la quema). Hay savia nueva que pisa fuerte por abajo, pero eso no garantiza nada y el éxito costará mucha más sangre, sudor y lágrimas que antaño. Generaciones como la del 80 o el 59 se cuentan únicamente con los dedos de una mano.

España ha disputado cinco partidos ante rivales de entidad, con idéntico guión en todos ellos salvo ante Croacia: nadar para morir en la orilla y caer derrotados. Dar la sensación de tener controlado el encuentro para después caer de forma estrepitosa. ¿Casualidad o causalidad? La lógica nos dice que hay que decantarse más por lo segundo. En cuanto nos tocó enfrentarnos a situaciones de juego en las que reinaron el descontrol y la igualdad, el KO fue técnico. La anarquía ya no va con la selección española, sino que le perjudica con notoriedad. Gustamos de tenerlo todo controlado al milímetro para no sufrir. No hay más que repasar la parte final del último cuarto y toda la prórroga ante Francia para comprobar que cuando todo lo que resultó ajeno a nuestro control se impuso, no supimos reaccionar.

La zona dispuesta por Francia al inicio de la segunda parte fue el principio del fin para nuestras esperanzas. Durante los dos primeros cuartos, España aprovechó la enorme presencia de Marc Gasol en la pintura para castigar a un juego interior galo muy necesitado del ausente Noah. Pick and roll central a diestro y siniestro y penetración tras penetración, los nuestros se hicieron con una renta que llegó a ser hasta de catorce puntos. Todo se desmoronó cual castillo de naipes cuando no se pudo atacar el aro rival de aquella manera. Sergio Rodríguez fue el que mejor se movió en un correcalles triplista y desmesurado en el que su aceleración fue vital, para lo bueno y también para lo malo. Los demás cayeron víctimas de las urgencias, incluso un Rudy Fernández que por momentos jugó a la altura del liderazgo futuro que se le presupone en este combinado.

Orenga no ha estado tan a la altura como debiera y no consigue una nota muy allá en mi particular valoración, lo siento. Todo parece indicar que es un seleccionador de transición más que otra cosa (aunque conociendo a la FEB quién sabe). Aun así, no debería ser considerado el único culpable de todos los males de España. La actitud defensiva que ha implantado en la selección ha sido muy digna, aunque las cosas no hayan sido ni parecidas en ataque. La lectura de los momentos decisivos habidos en los enfrentamientos con Eslovenia, Grecia, Italia y Francia fue irrisoria, eso sí. La jugada que te puede dar el pase a la final continental se resuelve con un triple a la desesperada de tu mejor hombre, que resulta ser un pívot, y claro, le das vueltas. Si la cosa se ha repetido con anterioridad en el mismo partido con otros tiradores (“si cuela, cuela y si no…”), la reflexión es aún más obligada. La autogestión puede funcionar durante un tiempo, pero no siempre. Un buen equipo debe serlo tanto en la cancha como en la banda y hemos flojeado en ambos aspectos.

Nadie sabe qué cabe esperar del partido por el bronce (domingo a las 17:30 contra Croacia). La irregularidad que ha predominado en este EuroBasket otorga a los pronósticos más valor especulativo que nunca, también en la final que jugarán Francia y Lituania (21:00 horas). Que quede claro que si esos dos equipos están ahí, es porque fueron mejores que nosotros. No le demos más vueltas ni carguemos las culpas más de lo debido en alguna de las partes o en alguien en particular. El futuro comenzaba aquí y puede hacerlo con una medalla. Conformémonos, que algo es algo.

Para terminar, os dejo unas reflexiones tuiteras muy interesantes de nuestro compañero José Manuel Puertas a modo de balance de la actuación española en Eslovenia.

 

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Millán Cámara en Twitter: @millancb y @whereah

(Fotos: FIBA Europa)

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