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jun 24, 2013

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Los caprichos del destino

Los caprichos del destino

No pudo ser, cuando parecía que todo estaba de cara. Aunque a pesar de la no victoria me veía en la obligación de escribir algo sobre este EQUIPO (sí, con mayúsculas) que a punto ha estado de comerle la tostada a los casi invencibles Miami Heat de LeBron y compañía.

Y es que los de San Antonio son un ejemplo a seguir en muchos aspectos desde que un tal Gregg Popovich llegó al banquillo un ya lejano 10 de Diciembre de 1996. Dos años y medio necesitó para acabar de hacerse con el “control total” de la franquicia tejana (fue contratado el 31 de Mayo del 1994 como vicepresidente de operaciones y General Manager), si bien el nefasto inicio de curso de la plantilla que por entonces dirigía Bob Hill (3-15), provocado en gran parte por la lesión de espalda de David Robinson, le allanó bastante el camino.

Dos semanas después de “autoproclamarse” entrenador el bueno de Gregg, Robinson se fracturaba el pie izquierdo y decía adiós a la temporada. Terminaría firmando un 17-47 en los 64 partidos que dirigió en esa 1996-97 (única campaña en la que ha tenido un récord negativo), y los Spurs finalizaban con un triste balance de 20-62.

Sólo Vancouver y Boston ganaron menos partidos que SA, lo cual no fue impedimento para que los tejanos se hicieran con el número 1 de aquel Draft de 1997. Como era de esperar, esa elección fue empleada en un chaval procedente de Wake Forest que respondía al nombre de Tim Duncan. A partir de aquí, la historia la conocemos muy bien todos.

La pareja Popovich-Duncan ostenta un récord de 888-376 en Temporada Regular y 133-83 en Play-Offs. Ningún año ha bajado del 60% de victorias y han conseguido llegar a las Finales en 1999, 2003, 2005, 2007 y 2013, siendo esta última la única ocasión en la que no han conseguido llevarse el anillo. Y más aún: la única ocasión en la que han ido por debajo en unas Finales ha sido precisamente en este 4-3 contra Miami. Jamás les había sucedido, ni en las cuatro ocasiones anteriores ni durante el resto de la serie de este 2013.

Aunque lo más llamativo para mí ha sido ver cómo su juego ha ido evolucionando y adaptándose a los cambios que ha habido en la Liga durante los últimos años. Evolución que ha hecho que hasta un servidor acabe rindiéndose ante estos muchachos. Y digo esto porque siempre tuve atravesados a los Spurs por su baloncesto defensivo y por tener en plantilla y como uno de los jugadores principales a Bruce Bowen, uno de los tipos más sucios (si no el que más) que he visto pisar una cancha de baloncesto. Gente como Steve Francis o Wally Szczerbiak pueden dar fe de ello.

Pero dejando de lado impresiones como ésa, que no dejan de ser gustos personales de cada uno, es digna de mención la forma en que San Antonio ha pasado en poco más de dos años de ser un equipo duro de ver, aburrido por momentos, a un conjunto alegre que, si quiere, puede destrozarte jugando a anotar más que tú. Y es esa conversión, por decirlo a las bravas, del “que el rival anote una canasta menos que nosotros” al “anotar una más que el rival”, lo que ha hecho que muchos (y creo no equivocarme) nos hayamos subido al carro de los Spurs recientemente. Porque el hecho de que fueran un equipo casi perfecto, tremendamente sólido y al que era casi imposible meterle mano, no quitaba que fuera a veces un verdadero suplicio verles jugar. Ahora siguen siendo igual de sólidos, pero es que encima son una delicia. Y como dato bastante ilustrativo: en la primera campaña completa de Popovich en el banquillo promediaron 92.5 puntos anotados por encuentro y 88.5 puntos recibidos (primeros de la Liga en ese aspecto). Durante estas últimas tres, se han ido a 103+ puntos anotados en cada una de ellas (siendo, en la peor, la sexta franquicia más anotadora) mientras que su defensa permitía entre 96.5 y 98 puntos (quedándose sólo en “media tabla” en el ránking de la Liga en ese apartado).

Y creo no equivocarme al afirmar que este cambio ha sido una razón (por descontado el hecho de que el rival fuera Miami, claro está) por la que estas Finales de 2013 no han tenido nada que ver en lo que a audiencias se refiere con las cuatro anteriores en las que participó San Antonio. Porque las Finales del 99 contra los Knicks fueron un soberano tostón (aparte de que las finiquitaron por la vía rápida). Y lo mismo con las de 2003 y 2007. Las de 2005 no es que fueran precisamente vistosas (con Larry Brown además entrenando a los Pistons), pero al menos tuvieron emoción con un “Game 7” y aquel triple de Horry en la prórroga del quinto partido.

Pero el baloncesto no siempre es justo. De una forma u otra, aquellos Spurs “rácanos” (y tomaré como punto de inflexión la retirada de Bowen en 2009) conquistaron 4 anillos en 12 años. Desde entonces el balance es: barridos en las Semis del Oeste por Phoenix en 2010 (la única otra vez en que a Popovich le “sacaron la escoba” en una serie de PO fue en 2001 en las Finales del Oeste contra los Lakers), eliminados en Primera Ronda contra Memphis habiendo quedado primeros del Oeste en 2011, “colapsados” y eliminados en la Final del Oeste contra OKC por 4-2 en 2012 después de encadenar 20 victorias consecutivas (10 en RS y otras 10 en PO) y, por último, quedándose a un encuentro (y por apurar más aún, a 5 segundos) de ser campeones en 2013.

Y es esto último lo más cruel con diferencia. Si bien no deja de ser muy merecido el anillo para unos Heat que han sido una apisonadora aun jugando a medio gas el 90% de los partidos, este deporte les debía una a esa dupla Popovich-Duncan. En lo que a Popovich se refiere, por lo ya mencionado antes de su capacidad de adaptarse a estos nuevos tiempos a la vez que mantenía todo lo bueno de los años anteriores. Y del mismo modo, por su inagotable capacidad para sacar jugadores poco más o menos que de la nada (entiéndase la expresión), cuyo ejemplo más reciente podía ser Danny Green. Por la parte de Duncan, por cómo ha sabido ya no sólo mantener su nivel, sino sobreponerse y mejorarlo tras esa extraña campaña 2010-11 en la que firmó los peores registros de su carrera. Porque quiera que no, hacer eso cumplidos los 35 no es algo que esté al alcance de cualquiera.

Pero “destino” y “crueldad” son palabras que, desgraciadamente, van de la mano en muchas ocasiones. Y el destino quiso que, tras ir 3-2 en la serie y llegar al punto de ganar de 5 en el American Airlines Arena de Miami a falta de 28.2 segundos, la suerte les fuera esquiva. Esquiva en ese primer tiro libre que no anotó Manu Ginobili con el crono parado en esos 28.2 segundos y que les hubiera puesto con un +6. Y luego en ese triple que sí que le entró a LeBron James y que puso el 94-92 a falta de 20.1 segundos. Y después en esos tiros libres que tuvo Kawhi Leonard en los cuales volvió a no entrar el primero. Y por último en ese rebote ofensivo que le birló Chris Bosh (!) a Boris Diaw para acto seguido sacar el balón fuera a un Ray Allen que anotó limpiamente un triple que automáticamente pasó a ser historia viva de las Finales. Aunque para no faltar a la realidad, ese íntegro “Game 6” es ya parte de la historia de este deporte.

Y en toda esta secuencia es donde ese maldito destino se cebó sibilinamente con Popovich y con Duncan. Con el primero por dos decisiones que probablemente le acompañarán como una losa el resto de sus días como entrenador: el sacar en las últimas dos jugadas defensivas del partido a Tim Duncan para poner en su lugar a Boris Diaw y el no haber hecho falta antes de que Ray Allen lanzara ese triple letal y decisivo. Como siempre, cualquiera de esas decisiones no hubiera tenido mayor importancia si bien Mike Miller primero o Chris Bosh después no hubieran capturado sendos rebotes ofensivos. O si me apuráis, si ese triple de Ray Allen no hubiera entrado. Pero la realidad es la que es, y esto de los “y si” sólo tiene una siniestra utilidad: torturarse pensando en todo lo que pudo haber sido y no fue.

Y si Pop tuvo su ración de “tortura”, la de Duncan como impotente espectador privilegiado de primera fila de esos últimos segundos de partido no fue precisamente menor. El equipo reboteaba considerablemente mejor con él en pista que fuera de la misma (cosa lógica), pero los “ajustes” para adaptarse al small ball de los Heat pesó más que incluso, por decirlo así, la propia lógica. Mismo error que tuvo Frank Vogel en el primer partido de la Final del Este contra estos Heat al sentar al Hibbert en aquella jugada final. Jugada que, días después, les acabó costando la serie. Aquí también había una ocasión para resarcirse de esos errores en el séptimo partido, pero todos sabían (y más en San Antonio) que el anillo se les había escapado en esa infausta cadena de despropósitos. Porque como dijo Ginobili en rueda de prensa tras el “Game 6”: “Hemos estado a un par de segundos del título y lo dejamos escapar. No sé cómo nos vamos a recuperar de ésta. Estoy destrozado”.

Pero lo más triste de esto no es que se les escapara un anillo. Es que probablemente se les haya escapado a estos Spurs que conocemos la última oportunidad de ganar un título con Duncan (37), Ginobili (35) y Parker (31) en sus filas. Porque, pensándolo fríamente, parece improbable que estos jugadores puedan lograrlo en la siguiente temporada. Y ya irse más adelante sería poco más o menos que una utopía.

Sea como fuere, y deseando que ese maldito destino, por complicado que parezca, les devuelva parte de lo que les ha quitado en este Junio de 2013, lo único que queda por ahora es disfrutar de lo que este equipo (y también sus rivales, lógicamente) nos ha ofrecido durante estos últimos días. Quedémonos con esta imagen:

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Pablo Lorente en Twitter: @_Matasanos_

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