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may 1, 2013

Enviado por en Blog Resultados NBA | 0 Comentarios

Pequeñas tonterías sin importancia

Pequeñas tonterías sin importancia

Quizá recuerden que hará más o menos mes y pico Tirando a Fallar abrió un debate entre todas las fuerzas vivas de nuestro deporte con la sana intención de ver qué cambios habría de adoptar el reglamento del baloncesto para volver a ser el juego dinámico y espectacular que un día conocimos. No participé entonces en dicho debate, bien podría yo ahora tirarme el folio y decir que preferí mantenerme al margen, a ver qué demonios podría aportar yo (un mero aficionado, al fin y al cabo) entre gente tan principal. Podría decirlo y sería verdad… a medias. Es bien cierto que hay ciertos temas en los que me da pudor meterme no vaya a ser que alguien me diga mira tú el advenedizo éste (signifique lo que signifique advenedizo), quién le habrá dado vela en este entierro, opinando como si en verdad supiera de lo que habla. Pero no es menos cierto que en aquellos días (mediados, finales de marzo) andaba yo particularmente encebollao con la cosa esa de la MarchMadness, apenas tenía ojos ni oídos para otra cosa que no fuera el baloncesto universitario, ustedes lo padecieron en sus propias carnes en estas mismas páginas. Así que por una vez decidí aprovechar la magnífica oportunidad que se me brindaba de guardar silencio, en este asunto al menos. Oír, ver y callar, ese fue el consejo que me dio siempre mi padre, un consejo que a lo largo de los años me esforcé sistemáticamente en incumplir (y así me fue). Por una vez que le hiciera caso tampoco iba a pasar nada…

Hasta hoy. Hoy he decidido entrar (siquiera tangencialmente) en ese debate aunque sé de sobra que es demasiado tarde y que los buenos amigos de Tirando a Fallar cuando vean de qué va esto dirán (con toda la razón del mundo) anda macho, ya te vale, ahora que ya hemos cerrado el tema y estamos en otras cosas vas tú y nos vienes con ésas, a quién se le ocurre, a buenas horas mangas verdes (o similar). Pues sí, lo asumo, no es el momento, he llegado tarde a casi todo en esta vida así que esto tampoco habría de ser una excepción, están ustedes en su derecho de no publicármelo y hasta de tirármelo a la cara si les place pero aún así correré el riesgo, ya les dije antes que me cuesta seguir los sabios consejos que me dejó mi padre, aquello de que calladito estoy más guapo (o menos feo). No, no se van a librar (salvo que salgan huyendo despavoridos, que no me extrañaría), aquí les dejaré finalmente mi opinión al respecto… aunque sea mes y medio después.

Ahora bien, tampoco esperen grandes cosas, y si las esperan les recomiendo que acudan de nuevo al título del artículo (o lo que sea esto) para que no se les generen falsas expectativas. Para empezar habré de reconocerles que estoy prácticamente de acuerdo con casi todo lo que se manifestó en aquellos días, cosas tan aparentemente obvias que hace falta ser muy cerril (perfecta definición de la FIBA) para no tenerlas en cuenta: cosas como el ensanchar la cancha de una vez por todas para que a los tiradores de esquina les quepan holgadamente los pies más allá de la línea de tres sin tener que pisar la de banda (a qué extremos habremos llegado que hace algunas semanas escuché a un narrador de Orange Arena referirse a esa zona como la parte estrecha de la cancha; evidentemente la cancha es rectangular, no tiene partes anchas ni estrechas pero ustedes cogen la idea). O como recuperar el salto entre dos, que a saber por qué demonios lo perdimos [una vez leí que cuando se quitó en NCAA fue porque los árbitros casi nunca ejecutaban bien esa suerte, casi nunca lanzaban el balón bien, razón por la cual se decidió adoptar allí (y luego aquí) la salomónica flecha de posesión; peculiar razonamiento sin duda, imaginen la que se liaría si (por ejemplo) la FIFA decidiera suprimir el fuera de juego con el socorrido argumento de que los linieres cada vez se equivocan más al señalarlo...] O como que el sacador pueda poner rápido la bola en juego sin que ésta tenga que pasar por las sucias manos del árbitro, que a ver de qué le sirve al balón que lo toque un árbitro, si al menos llevara una toalla para secarlo todavía tendría algún sentido. O como… No, nada que añadir a casi todo aquello, faltaría más… pero me van a permitir que intente ir aún un poquito más allá.

Por ejemplo: ¿han reparado ustedes alguna vez en el hecho de que el baloncesto es el único deporte de equipo (que yo conozca) que tiene diferentes reglamentos según el lugar y/o la categoría en que se juegue? No me consta que entre la liga inglesa de fútbol y la española haya diferencias de reglamento (aunque a veces lo parezca) como tampoco me consta que las haya en balonmano, voleibol, waterpolo, hockey sobre patines o hockey sobre hierba pongamos por caso. Eso sí, haré hincapié (famoso ciclista) en el paréntesis aquel que puse en medio de la interrogación, que yo conozca; mis saberes en béisbol o hockey sobre hielo no dan tanto de sí como para asegurarlo al cien por cien. En cambio en baloncesto sí creo conocer hasta tres reglamentos distintos, y hasta puede que me deje alguno, y todo ello sin necesidad de recurrir a las recientes excentricidades de la liga norcoreana: el (llamémoslo así) internacional, el de la NBA y el de la NCAA. Dejemos si quieren de lado a esta última por aquello de que se trata de un baloncesto amateur y de formación, muchas de cuyas peculiaridades obedecen precisamente a esa misma circunstancia; centrémonos si les parece en lo profesional, y asistiremos a la paradoja de que un mismo deporte se juegue con reglas diferentes a uno u otro lado del charco (entiéndase ese charco en sentido amplio, en este caso América Central y América del Sur estarían más de nuestro lado que del suyo). ¿Qué hacer? ¿Existe alguna posibilidad por pequeña que sea de que pudieran unificarse ambos reglamentos? No puedo sino suscribir las sabias palabras que el técnico del Granca Pedro Martínez expresó en aquellos lejanos días de marzo: habría que ir equiparando poco a poco las reglas FIBA a las reglas NBA, en la certeza de que en la susodicha Liga no dan puntada sin hilo: si ellos incorporan y mantienen una norma es porque han comprobado sobradamente que funciona y contribuye al espectáculo, si no es así no les duelen prendas en cambiarla. Esa sería una razón, que comparto plenamente, y yo además añadiría otra: puestos a equiparar mejor será que nos equiparemos nosotros a ellos, porque como pretendamos que sean ellos quienes se equiparen a nosotros vamos listos, bien podemos esperar sentados.

Por entrar en detalle: en el baloncesto USA hay una norma que ellos llaman goaltending y que nosotros solemos traducir como violación por entrar en contacto con el balón cuando éste se encuentra situado en el interior del cilindro imaginario que resultaría de la prolongación del aro por su parte superior, nótese nuestra capacidad de síntesis. Bueno, pues a mí me parece alucinante que dicha norma, que lleva décadas enteras funcionando bien en USA, no haya sido incorporada jamás al baloncesto FIBA; qué digo no haya sido, que ni se lo hayan planteado siquiera. Aquí compramos hace siglos lo de dar canasta cuando el balón sea interceptado en trayectoria descendente (que eso también es goaltending), y muy bien que hicimos, pero ¿por qué adoptamos sólo una parte de la norma, y no la norma entera? Vale que hace treinta años probablemente no tenía razón de ser, hace treinta años se podían contar con los dedos de una mano los jugadores que en el baloncesto europeo fueran capaces de palmear un balón (para sacarlo o para meterlo) cuando éste estuviera sobre el aro, pero hoy digamos que los físicos que nos gastamos ya no son exactamente los mismos de antaño, no sé si han dado cuenta, hoy cualquiera con una buena estatura y/o un buen par de muelles te saca o te mete todo lo que haya que sacar o que meter (sigo hablando de baloncesto, aunque no lo parezca), y en USA si está sobre la vertical del aro lo anulan, y aquí si ya ha tocado el aro lo damos por válido. Creo sinceramente que ha llegado el momento de aplicar el goaltending tal cual se aplica allende los mares, de asumir por fin que cualquier balón que aún esté sobre el aro sea sagrado aunque venga de un rebote. Claro está, ustedes que son muy pejigueras me dirán que a ver qué ganaríamos con eso, si prohibimos los palmeos hacia fuera también estaremos prohibiendo los palmeos hacia dentro, las gallinas que entran por las que salen. Pues sí pero no: porque son bastantes más las veces que el mazas de turno saca un balón que aún puede entrar que las que mete un balón que aún puede salir, y porque aunque fueran las mismas me da igual, me niego a que el baloncesto quede reducido cada vez más a una mera cuestión de músculo. Si en USA tienen esta norma aún siendo como son la meca del juego físico (o quizá precisamente por eso) digo yo que por algo será; no sé a qué esperamos para incorporarla nosotros también.


Otro detalle: aquí tenemos la falta antideportiva, norma que como tal no existe en el baloncesto USA. Durante estos años he escrito más de una vez que ese de la antideportividad me parece un concepto etéreo, y casi siempre que lo he dicho alguien me ha contestado que el concepto podrá ser todo lo etéreo que se quiera pero que en el reglamento están perfectamente explicitadas las situaciones que dan lugar a la señalización de esa falta. Así será, no me cabe le menor duda (de hecho para eso están los reglamentos, sólo faltaría), pero al aficionado iletrado la sensación que le queda es que se trata casi de un cajón de sastre en el que cabe casi todo según convenga. ¿Qué hacer? Pues por ejemplo lo que hacen en USA, que en vez de tener una falta genérica tienen varias faltas concretas, que acaban sirviendo más o menos para lo mismo que nuestra antideportiva sólo que mucho mejor delimitado: por ejemplo su famosa falta flagrante, que además tiene grados (y en las teles USA no dudan en sobreimpresionarte el nivel de contacto que implica uno u otro grado, para que el espectador pueda juzgar con la norma ante sus ojos), según el grado serán sólo dos tiros y banda o será además la expulsión del infractor. Una vez escuché resumirlo a un prestigioso analista, que venía a decir que era flagrante de primer grado si se trataba de violencia innecesaria y de segundo grado si era (además de innecesaria) excesiva. No está mal para hacernos una idea, aunque a algunos (tocapelotas de natural) nos pueda parecer que toda violencia innecesaria es (por definición) excesiva y que toda violencia excesiva es (por definición) innecesaria. Tonterías mías, ya se lo dije al principio, no me las tengan en cuenta.


Tienen su falta flagrante y tienen también esa otra que llaman clear path foul, que hay que ver qué facilidad tienen para ponerle nombres a las cosas, y que aquí podríamos traducir por falta de camino libre o de campo abierto o de tira top’alláp’alante, como ustedes prefieran. Aquí para señalar antideportiva siempre andamos con que si era o no el último hombre o si era o no ocasión manifiesta, a la que nos descuidamos se nos cuelan nuestras evidentes reminiscencias futbolísticas. Allí en cambio (quizá porque están mucho menos futbolizados que nosotros) lo tienen mucho mejor delimitado, si en la línea recta imaginaria que va del jugador falteado a la canasta contraria no hay ningún defensor se penaliza con tiros y banda, así esté el atacante en la zona rival o en el círculo central. ¿Imaginan aquí algo así? Probablemente no acabaríamos con las dichosas faltas tácticas pero al menos las penalizaríamos más que ahora, y hasta podría actuar como un poderoso elemento de disuasión. Claro que dicho así su señalización parecería casi una cuestión de regla, escuadra y cartabón si no fuera por el pequeño detalle de que allí tienen instant replay. Aquí también, claro, aquí podemos necesitar seis o siete repeticiones hasta que aparezca por fin en una esquina del televisor un piquito del tablero encendido en rojo y así poder finalmente discernir que aquella canasta postrera de Rudy al Obradoiro fue fuera de tiempo, aquí como allí tenemos instant replay, la diferencia es que allí además funciona. Como la seda, vamos.

 

Y aún habría otra falta, que esta ya no sé qué nombre le dan pero que se explica muy fácilmente (espero): la NBA asume que en los instantes finales el equipo que va perdiendo tiene que forzar faltas para hacer que se pare el cronómetro, lo asumen ellos como lo asumimos nosotros, de hecho o de derecho. Pero mientras que aquí estuvimos años y años interpretando intencionalidades, en USA lo tuvieron más claro: vale que hagáis faltas al hombre-balón, que serán tan intencionadas como lo han sido toda la vida; pero lo que no os vamos a permitir es que hagáis faltas a quien no tiene el balón para que podáis elegir quién lanza los tiros libres, hasta ahí podíamos llegar: si lo hacéis antes nos lo tendremos que comer (por ahora, hasta que se cansen del hack-a-Shaq o hack-a-Dwight o hack-a-leches) pero si lo hacéis en los dos últimos minutos tiro y banda. Que repito, que aquí pasaría lo mismo, que aquí las faltas desesperadas al que tiene el balón todo dios las asume (si no se les va la mano) pero de hacérselas a quien no lo tiene también pitarían antideportiva, no me cabe duda; la diferencia está en el concepto, en esta etérea antideportiva nuestra que abarca cuanto menos estas tres faltas diferentes suyas. Ellos saben a qué atenerse mientras que nosotros todavía nos andamos con vaguedades; quizá no en el reglamento pero sí en nuestra percepción.


Y antes de acabar (sí, ya falta poco) me permitirán que eche también una leve mirada al engorroso asunto de los tiempos muertos. No, no teman, en esto no pretendo que nos equiparemos al baloncesto USA, en lo que a cantidad se refiere estamos bien como estamos. Te pones a ver un partido en directo de NBA o NCAA una noche cualquiera y ya sabes de antemano que esos timeouts, bien administrados, te permitirán preparar la cena, recoger la cocina, hacer la colada, tender la ropa, bajar la basura, pasear al perro (el que lo tenga), leerle el cuento al niño antes de que se duerma (quien todavía tenga niño en edad de escuchar cuentos), etc, etc. Son así, tienen mucha publicidad que meter y necesitan deportes interruptus para darle salida, sin que ello les suponga ningún problema porque están perfectamente acostumbrados dado que llevan haciéndolo así toda la vida. En cambio nosotros apenas solemos tener más publicidad que la de los patrocinadores del evento (y gracias); y además sucede que estamos futbolizados, todos nos hemos criado viendo un deporte en el que se juegan 45 minutos de un tirón sin pausa alguna, si pestañeas te lo pierdes, si en un momento dado no puedes más y te vas a echar un pis puedes estar bien seguro de que será justo entonces cuando se produzca el único gol del encuentro, es la llamada I Ley de Murphy del Balompié. Estamos bien como estamos (en lo que a tiempos muertos baloncesteros se refiere), para qué más… pero sí hay un aspecto que me gustaría copiarles, el simple hecho de que también pueda pedir tiempo el jugador que lleva el balón. Estamos hartos de verlo en partidos USA, el jugador que ve que se va a salir por la banda y pide tiempo en el último instante para asegurarse la posesión, el que se ve apretado por dos defensores y lo pide antes de que le marquen cinco segundos, el que agarra el balón en el suelo y sin soltarlo consigue juntar los dedos de una mano con la palma de la otra o gritar timeout justo antes de que piten lucha… Si no son asiduos al baloncesto yanqui probablemente les chirriará todo esto, si lo son sabrán ya de sobra que éste es un factor más (muy secundario, sin duda; pero factor al fin y al cabo) a la hora de contribuir a la espectacularidad del juego. Y les recuerdo que de eso precisamente se trataba, de elevar la espectacularidad de nuestro juego para hacérselo más atractivo al (tele)espectador. Un factor que no aumentaría los tiempos muertos (ni pensarlo) pero introduciría otra posibilidad de gestionarlos, además de (nunca en vez de) la que ya viene siendo habitual.

 

Y una última cosa que no es tanto de reglamento como de procedimiento. A ver si consigo explicarme: en NBA, en NCAA, en ACB, en Euroliga, en casi todas partes existen ya los tiempos muertos de televisión. Ve usted un partido NBA y sabe que a partir del minuto 6, a la primera interrupción saltará el media timeout (salvo que un entrenador lo hubiera pedido previamente); ve usted un partido NCAA y sabe que en cuanto el reloj marque el 16 saltará también a la primera interrupción (y aquí da igual que un entrenador lo haya pedido antes o no, salta de todos modos); ve usted un partido ACB y sabe que en cuanto el reloj marque el 3 saltará igualmente a la primera interrupción (salvo que algún entrenador lo hubiera pedido antes…) Parece todo lo mismo, ¿verdad? Pues no, porque hay una diferencia esencial, la muy diferente interpretación que nosotros hacemos del concepto interrupción. En USA una interrupción es cualquier cosa que haga que se detenga el cronómetro: un balón que sale fuera, una falta personal, una violación cualquiera del reglamento, todo aquello que haga sonar el silbato del árbitro tendrá la consideración de interrupción y hará saltar el tiempo de televisión si se produce en el minuto adecuado para ello. ¿Aquí? Aquí somos más papistas que el papa, faltaría más. Aquí consideramos interrupción todas las circunstancias anteriores pero además también las canastas, como suena, da igual que una canasta por sí misma no pare el cronómetro porque ya nos encargaremos de meterle un bocinazo y pararlo desde la mesa, pa chulos nosotros. Haga usted la prueba si no me cree, siéntese a ver un partido de ACB, compruebe que nadie haya pedido tiempo antes y verá como si se produce una canasta a falta de (por ejemplo) 2 minutos y 58 segundos para el final, no falla, bocinazo al canto y tiempo muerto que te crió. ¿Por qué hacemos esto? Si en USA, que tienen más tiempos muertos que pelos en los (escoja usted la parte del cuerpo que le parezca más oportuna), pueden esperar perfectamente a que piten falta, a que hagan pasos, a que la bola salga fuera, ¿por qué nosotros no? ¿Por qué paramos perdiendo el culo tras canasta como si no hubiera otra opción, como si no tuviéramos tantas interrupciones o más que ellos, como si no hubiera un mañana? ¿Por qué interrumpimos el flujo anotador que es precisamente lo mejor que tenemos, por qué paramos el juego cuando acaban de meter canasta como si luego el juego no fuera a pararse solo? Y sí, asumo el riesgo, soy consciente de que a muchos de ustedes esto que acabo de escribir les parecerá una tontería sin la menor importancia; pero si así fuera no se me llamen a engaño, recuerden una vez más el título de este (presunto) artículo, que conste que yo al principio ya se lo advertí…

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José Díaz Tenorio en Twiiter: @Zaid5x5

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