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mar 8, 2013

Enviado por en Blog Resultados NBA | 5 Comentarios

El último tren

El último tren

O, si me apuráis, el penúltimo. Kobe Bryant ha venido dejando caer desde hace bastantes semanas que le cuesta enormemente pensar más allá del 2014, año en cuyo verano acaba el más que lucrativo contrato del que firmó una extensión de $83.547.447 por tres temporadas en Abril de 2010 y que empezaba a estar vigente al inicio del curso 2011-12.

 

Pero dejando de lado la referencia a la finalización de su contrato, ya que ésa no es una razón de peso realmente para que un jugador con su “mercado” decida retirarse o seguir en activo (salvo para Latrell Sprewell), lo cierto es que Bryant cumplirá 35 años este mes de Agosto. O lo que es lo mismo, tendrá casi 36 años cuando finalice su situación contractual con los Lakers. Casi 36 años y la friolera de 18 campañas en activo, si no ocurre nada que lo impida. Es lógico pensar que, por muchas ganas de competir y de seguir batiendo registros que tenga el escolta de Filadelfia, y aunque su juego nos haga creer en lo contrario, llega un momento en el que el cuerpo dice basta. E insisto: por ahora, leyendo sus declaraciones, la retirada en 2014 no parece algo descabellado. Otra cosa es que muchos pensemos que no lo acabará haciendo, pero a día de hoy lo señalado anteriormente es lo único que podemos tomar como información seria sobre el tema.

Es por eso que a la estrella angelina únicamente le quedan, a priori, ésta y otra temporada para poder conquistar el ansiado sexto anillo. Tras la eliminación en semifinales de Conferencia a manos de Oklahoma el pasado mes de Mayo todos creíamos que la 2011-12 había sido la última vez que habíamos disfrutado de Kobe compitiendo a un alto nivel en unos Play-Offs, puesto que se llevaba especulando desde hace tiempo con que esa plantilla acabaría desmontándose (empezando por Gasol) y era prácticamente imposible (no había tiempo, básicamente) que entrando en una fase de reconstrucción se lograra salir de ésa a tiempo como para que Bryant pudiera dar sus últimos coletazos en PO. Si a eso se le sumaba que Mike Brown estaba en el banquillo, desde luego que las sensaciones y los ánimos no podían ser peores.

Pero ahí fue cuando apareció Mitch Kupchak. En apenas un mes acordó el Sign&Trade de Nash con Phoenix, firmó a los agentes libres Antawn Jamison y Jodie Meeks, renovó a la revelación del final del curso pasado Jordan Hill y se hizo con los servicios del que para muchos era el mejor “Center” de la competición: Dwight Howard, aunque para ello se desprendiera de un Andrew Bynum que había sorprendido a propios y extraños no sólo por el alto nivel al que había jugado, sino por haber sido de la partida en 60 de los 66 partidos de un anormal año de Lockout. Sin reconstrucción de por medio ni nada que se le pareciera, y a pesar de la elevadísima media de edad del teórico quinteto titular y parte del banquillo, los Lakers volvían a aspirar a todo en un abrir y cerrar de ojos.

Y todo iba sobre ruedas hasta que la pretemporada les hizo bajar de la nube. 8 derrotas en 8 partidos. La peor en la historia del conjunto “rico” de LA. Y al comenzar la Regular Season la cosa no mejoró: una única victoria en los primeros cinco, 12 perdidos de los últimos 13 disputados si se contaban los encuentros de preparación. Como forma de tratar de cambiar la pésima dinámica del equipo se destituyó a Mike Brown y se “colocó” como entrenador interino a Bernie Bickerstaff en lo que Jim Buss y el propio Kupchak se decidían entre Mike D’Antoni, Jerry Sloan o, incluso, Phil Jackson. Contra todo pronóstico se acabó fichando al italo-americano, un entrenador que venía de haber sido destituido a mitad de la 2011-12 de los New York Knicks, franquicia en la que apenas tuvo 4 meses decentes en las casi 4 campañas en las que estuvo ocupando su banquillo.

Dicha contratación acabó cogiendo por sorpresa no sólo a todos los aficionados angelinos, sino probablemente a gran parte de la franquicia. Se había traído a un entrenador conocido por jugar al “run&gun” y su “animadversión” a jugar con quintetos grandes (esto es, con más de un pívot) cuando de lo que se disponía precisamente era de todo lo contrario: plantilla con una media de edad bastante elevada y dos torres en la zona llamadas Pau Gasol y Dwight Howard. Y a partir de aquí comenzó la debacle. D’Antoni cogió el equipo 5-5 y, tras unas primeras semanas bastante mediocres (bien es cierto que con la baja de Steve Nash, única razón que podía explicar su contratación), se colocaron con un récord de 14-14 tras derrotar en casa a los Knicks el día de Navidad y encadenar 5 victorias consecutivas.  Y además de recuperar el 50% de victorias, se había recuperado 3 días antes a Nash. Parecía que a partir de ahí todo iría a mejor.


Pero nada más lejos de la realidad: en los siguientes 14 partidos tuvieron un lamentable récord de 3-11, poniéndose con un total de 17-25 y a años luz de los puestos que daban acceso a la lucha por el título, ese ansiado anillo por el que habían llegado a LA jugadores como Nash o Jamison. Por si el récord fuera poco de por sí, en ese aciago mes que transcurrió desde Navidad hasta el 24 de Enero sufrieron numerosos sustos con la conmoción cerebral de Gasol, el desgarro de Dwight Howard en la zona del cartílago de su hombro y, por si fuera poco, la baja de Jordan Hill para toda la temporada por el mismo tipo de lesión que Howard, pero en la cadera.

Así pues, en Hollywood las cosas pintaban muy pero que muy negras. Teniendo en cuenta la media de victorias de los conjuntos que habían entrado clasificados con el 8º puesto a los Play-Offs en el Oeste en los últimos 5 años, es decir, desde 2008 (2007 fue el último año en el que los PO estuvieron “baratos” en esa Conferencia, cuando los mismos Lakers entraron con un mediocre balance de 42-40), los angelinos iban a necesitar un 58.4% de victorias o, lo que es lo mismo, unos 48 triunfos al concluir la Liga Regular para poder entrar en la postemporada. En definitiva, un balance de 31-9 en los últimos 40 encuentros de competición.

Obviamente eso parecía totalmente imposible dada la situación del equipo en lo que a sensación de juego y, sobre todo, a lesiones se refería: un Hill “out for season”, un Gasol que venía de dejar una tendinitis en sus rodillas y una conmoción cerebral pero que arrastraba molestias en el pie por culpa de una fascitis plantar y un Howard que aún no estaba al 100% tras su “season-ending surgery” en la espalda para corregirle una hernia discal y que encima tenía que lidiar ahora con ese desgarro en el hombro. De hecho, era casi imposible encontrar comentarios de aficionados siendo optimistas de cara a la clasificación para las eliminatorias por el título. Y era muy lógico pensar eso. El balance hasta la fecha era ciertamente paupérrimo y desalentador a pesar de la plaga de lesiones, y un resumen bastante ilustrativo de todo se podría hacer con lo siguiente: Sacre, nº60 del último Draft y que a punto estuvo de ser cortado justo antes de comenzar la campaña, había tenido que salir de titular y jugar muchos minutos en algunas noches. Por no mencionar a Darius Morris, otra segunda ronda angelina, aunque esta vez de 2011, que había salido de titular en el “backcourt” en buena parte de los primeros partidos de D’Antoni en el banquillo. Si con todo esto no daban ganas de echar el cierre…

 

Pero fue entonces cuando apareció un tal Kobe Bean Bryant. El escolta, que había empezado la temporada seleccionando mucho más el tiro de lo que venía siendo habitual en él, había empeorado notablemente su efectividad cara a canasta en las numerosas malas rachas que tuvo la franquicia hasta la fecha. Porque, a pesar de anotaciones bestiales en gran cantidad de encuentros, acababa forzando en la mayoría de los mismos ante la falta de opciones (o pasividad, ya como cada uno lo quiera interpretar) que le daban sus compañeros o el propio entrenador, incapaz de salirse de la famosa “isolation” a Kobe como sistema de ataque que tanto se le criticó a Mike Brown en su día. Curiosamente se había llegado a un punto en el que el equipo no atacaba mejor (supuesta mejor faceta de D’Antoni como técnico) que en los tiempos en los que el ex de Cleveland los entrenaba pero, sin embargo, sí que defendía mucho peor. Y decir “defender” con el juego que desplegaban los Lakers era una ofensa hasta para el nulo esfuerzo por parar al rival que hacen los chavales de primer y segundo año en el ahora llamado “Rising Stars” del All Star Weekend.

Pero siguiendo con el tema Bryant, el jugador franquicia angelino decidió tras la derrota en Memphis que suponía la nº25 en apenas 42 partidos (reunión de urgencia de los jugadores de por medio) que debía tratar de involucrar y motivar a sus compañeros. Él solo lógicamente no iba a poder con esa casi imposible tarea de remontar el vuelo y tratar de llegar a competir más allá del 17 de Abril, día en que cerrarían la Regular Season contra los Rockets en el Staples. Y a partir de esa dolorosa derrota fue cuando empezamos a ver al Kobe que llevamos disfrutando durante el último mes y medio. Se le podrá tachar de “chupón” (de hecho existe una pavorosa facilidad para calificarlo así, curiosamente sin ver un solo partido en la mayoría de los casos y basándose únicamente en los datos facilitados por los boxscores), incluso de mal compañero, pero lo cierto es no hay, me atrevería a decir, jugador con mayor capacidad competitiva que él en toda la Liga.

Y fue dicho y hecho. A partir de entonces, con una facilidad que pocas veces se le había podido ver a lo largo de su carrera, comenzó a coleccionar partidos con 7, 8, 9 e incluso hasta 14 asistencias. Y en más de un encuentro no fueron más porque sus compañeros no la metían ni en una piscina (sí, viene a la cabeza al instante el disputado en el Garden frente a Boston). Pero además de mejorar tremendamente en lo que a pases de canasta se refiere, su número de rebotes también comenzó a aumentar. De hecho, en esos primeros días tras la “conversión” se pudo ver a un Bryant que apenas miraba aro, y no era raro verle acabar primeras partes con solamente 3 ó 4 tiros intentados.


De esta forma este cambio de actitud ayudó sobremanera al cambio de juego y de sensaciones en LA, aunque otros factores igual o más importantes aún que éste fueron la mejoría defensiva, a pesar de que en algunos choques o en determinados momentos pudiera parecer lo contrario, y la deseada por muchos estabilización de la rotación. Tras la ansiada recuperación de Steve Blake (vital en esa mejoría, muy especialmente en la 2ª unidad, después de haber estado de baja dos meses y medio por una lesión abdominal) y la enésima lesión de Gasol (en este caso una rotura en esa maltrecha fascia plantar que llevaba provocándole molestias desde semanas atrás y que le iba a dejar fuera de las pistas hasta finales de Marzo como muy pronto) ésta se fijó en 8 hombres: Nash-Bryant-MWP-Earl Clark-Howard y Blake, Meeks y Jamison desde el banco.

Una vez que el equipo parecía ya más hecho, por decirlo así, Kobe empezó a asumir más protagonismo ofensivo sin dejar de lado a los demás. Como si el Bryant de las primeras tres semanas de Noviembre que destacaba por su selección de tiro hubiera vuelto, combinado con éste que destacaba y mucho por alimentar sin parar a sus compañeros. Ya se sabe, “The Facilitator” y todas esas cosas que empezaron a llamarle durante esos días.

Así pues, después de unos primeros partidos tras esa derrota en Memphis en los que era casi imposible verle pasar de 20 puntos (sólo lo hizo una vez en los 6 encuentros siguientes) empezó a volver a sus registros de anotación, hecho que se hizo más patente tras el parón del All Star, el cual parece que le vino que ni pintado para sus molestias en el codo derecho que le hicieron cosechar, por poner un ejemplo ilustrativo, una penosa racha de 1/32 en triples si la memoria no me falla. Aunque en mi opinión otro acontecimiento fundamental en este último paso adelante tras el fin de semana en Houston y, por llamarlo de algún modo, esa motivación todavía mayor que se le ha visto a Kobe en las últimas semanas, ha sido la muerte de Jerry Buss, el propietario de la franquicia desde 1979. El 18 de Febrero se conocía el fallecimiento del Doctor Buss quien, como se supo más tarde, fue el principal artífice de que, entre otras acciones y por no extender mucho el tema ahora, Bryant no abandonara los Lakers vía traspaso en 2007 tras una reunión con él, reunión que a la postre le valió al de Filadelfia para añadir dos anillos más de campeón a su colección, en 2009 y 2010.

 

Tras esos ajetreados días de mediados de Febrero, Kobe se sacó de la chistera exhibiciones no sólo anotadoras, como los 40 puntos y 7 rebotes con un 65% de acierto en TC contra los Blazers, sino de dominio total del juego como las realizadas en Dallas (38 puntos, 12 rebotes y 7 asistencias con un 62% de acierto y un registro de tiros perfecto en el último cuarto) y más recientemente en New Orleans (42 puntos, 12 rebotes y 7 asistencias con un 66.7% en TC, éste si cabe aún con más mérito ya que era en el segundo partido de un Back-to-Back y en el que apenas descansó 6 minutos).

 

Contra Dallas hay que decir que la estrella angelina venía “picada” por las declaraciones que hizo Cuban poco antes de ese Domingo, en las que dijo que, con el CBA actual, los Lakers podían amnistiar a Kobe para liberar carga salarial. Claro, cuando se pica a Bryant, sea o no intencionadamente, uno se expone a que la cosa no acabe bien. Y ahora que es escolta tiene cuenta en la red social Twitter, no dudó en hacer uso de ella para publicar después del encuentro el famoso “Amnesty THAT” (amnistía esto) en clara referencia a las declaraciones del propietario de los Mavericks.

En cuanto al partido contra NOLA lo recomendable es que quien tenga algo de tiempo y pueda hacerlo se lo descargue y vea primero el desastre de primera parte y luego cómo los Lakers, expoliados por Kobe y la (sorpresiva) actitud defensiva de Howard, remontaron una desventaja de 25 puntos para acabar ganando por 108-102 tras un brutal parcial de 20-0 en los últimos 6:43 de juego. Para los aficionados esos últimos minutos fueron de infarto. Y me atrevería a decir que para los integrantes del equipo también. La plantilla habría salido muy tocada y casi hundida de una derrota contra el segundo peor conjunto del Oeste, y más de la forma en que se estaba produciendo. Además, sus rivales en la lucha por los últimos puestos de PO en la Conferencia Oeste habían caído (caso de Utah contra Cleveland) o podían caer (caso de Houston contra Dallas, como al final acabó sucediendo). Era una oportunidad única para seguir recortando la ya poca distancia que les separa de los puestos que dan acceso a la postemporada. Kobe lo sabía, y a pesar de lo complicado de la situación, no desaprovechó la ocasión echándose el equipo a la espalda y cerrando una actuación única en su carrera, ya que jamás en sus con éste 17 años en la Liga había firmado unos números semejantes. Sólo faltó la derrota de Golden State (que a punto estuvo de caer contra Sacramento, el peor conjunto de la Conferencia Oeste) para que la noche fuera redonda para los de LA.


En definitiva, ahora mismo los Lakers están, tras una racha de 14-6, con un balance de 31-31 a sólo 1.5 partidos del 8º, Utah, y 2 del 7º, Houston. En esos 20 encuentros Bryant ha promediado 24.2 puntos, 6.7 rebotes, 7.6 asistencias y 50.1% de acierto en tiros de campo, siendo nombrado además Jugador del Mes de Febrero en la Conferencia Oeste. Quedan ahora 20 partidos más que serán 20 finales y en los que se enfrentarán dos veces a los Warriors y una a los Rockets. Enfrentamientos que seguramente serán decisivos para el devenir de los angelinos en este curso 2012-13.

Dada la importancia de los mismos y la clara constancia que tiene Kobe de que ésta es una de sus últimas oportunidades para igualar a Jordan en lo que a número de títulos se refiere, no resultaría extraño ver más exhibiciones como las de Dallas o Nueva Orleans. Porque, para poder soñar siquiera con poder conquistar el anillo, hay un requisito previo imprescindible, y éste no es otro que clasificarse para los Play-Offs. E, independientemente del “annus horribilis” de Lakers, sería injusto que una leyenda viva de la NBA y un competidor de la magnitud de Bryant se quedara sin poder siquiera tener la opción de luchar por ese ansiado trofeo.

Entretanto, y por lo que pueda pasar, disfrutemos todo lo que podamos de los partidos (cada vez menos, por desgracia) que le quedan como jugador en activo a este nivel.

 

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Pablo Lorente en Twitter: @_Matasanos_

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