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sep 21, 2012

Enviado por en Blog Resultados NBA | 2 Comentarios

Pues yo conozco…

Pues yo conozco…

Uno de los americanos más distinguidos, queridos y a la par, más desconocidos para el aficionado medio  del F.C. Barcelona y del baloncesto español en general, es Bob Guyette. Este ala-pívot de 2.05 dejó una  huella imborrable en la Ciudad Condal durante las 5 temporadas que vistió de azulgrana desde su llegada en 1975. Honesto, trabajador y siempre con ganas de hacer equipo,  Guyette, que llegó a ser el máximo encestador liguero en la temporada 76-77, con más de 32 puntos de media, se mantuvo en el equipo del recién llegado Antoni Serra, a pesar de haber bajado mucho sus números debido a una dolencia lumbar –que acabó retirándole-, por lo que aportaba dentro de una pista y fuera de ella.

Bob Guyette era de la universidad de Kentucky. De hecho, llegó a España tras perder la final de la NCAA ante UCLA. La honestidad de Guyette hizo que recomendase al Barcelona su futuro sustituto, incluso antes de irse él. En el verano del 79, les habló de un mocetón de 2.08, pívot devastador en poste bajo a pesar de sus delicadas rodillas, llamado Mike Phillips. Y en la directiva del F.C. Barcelona le hicieron caso y lo ficharon, iniciando su triunfal periplo de 12 años en las pistas españolas, en el equipo vinculado de los azulgranas: el Mollet, entrenado por Manel Comas. Quizás Phillips sea, junto a Essie Hollis y Nate Davis en el Askatuak, los jugadores que más funciones y más números debían ofrecer por ayudar a sus equipos.

Bob Guyette

                No contento con eso, Bob Guyette volvió a la carga con el “Pues yo conozco…” y recomendó a un ex entrenador suyo en el club blaugrana, el yugoslavo Todor Lazic, a otro compatriota conocido  de la universidad de Kentucky, para intentar salvar al recién ascendido Obradoiro, en la temporada 82-83. Y llegó a Santiago Chuck Verderber, un ala-pívot de raza blanca, de 2.03, con tanta clase como mala suerte. En la quinta jornada, cuando llevaba 35 puntos, se rompió el tendón de Aquiles y frustró su carrera en España.

Y Chuck Aleksinas, otro armario de 2.10, tras una campaña por Estudiantes y una frustrante experiencia en Golden State Warriors por asentarse en la NBA, fue fichado por el CAI Zaragoza en la temporada 85-86, entrenado por Manel Comas, tras haber sido compañero en la universidad de Kentucky de Mike Phillips, que recordamos, fue dirigido en el Mollet…por Manel Comas.

Chuck Aleksinas

                Consejos y favores, todo en pos de hacer florecer un equipo, de consolidar una competición. Pues el mismo consejo que le dio Mario Pesquera en su día a Lolo Sáinz, cuando le confirmó en el verano de 1987, que su jugador estadounidense Wendell Alexis, era lo que necesitaba el Real Madrid.

Tiempos pasados. Esto ha cambiado mucho. Ahora existen tecnologías, facilidad de poder ver casi lo que se quiera a través de la red, sean highlights o partidos enteros, agencias  y agentes de jugadores desenvolviéndose en el mercado… Sin embargo, ante tal masificación y en estos tiempos de crisis, en los que se vuelve a “tener que acertar con el americano” o con el jugador en cuestión, parece que aquellos buenos consejos, vuelven a tener su valor, no cuantificados en números y monedas, que es en lo que se ha convertido este baloncesto de hoy día y por extensión, la Liga Endesa: en un negocio que tiene irremediablemente a la impersonalización. El tener el “filtro” del consejo de alguien de fiar, reconozco que hoy día es primordial. Estoy viendo en la actualidad cómo se fichan estrellas e incluso gregarios de equipos NCAA, cuando hasta hace bien poco, ni se atrevían a fichar, ya que les dejaban rodarse en Francia, Grecia, Israel o Turquía. Y por eso, los clubes ACB se aventuran en William Buford, Robbie Hummel, Jon Scheyer o Kyle Kuric. Y de estos consejos que han dado de “comer” a nuestra liga durante muchos años, no debiéramos desprendernos. En el fondo, denotan un hermanamiento que debiera ser más acentuado ahora más que nunca.

               William Buford

                  En la fantástica y maravillosa ABA, tras robar a la NBA a su máximo encestador, Rick Barry, algo que le tuvo apartado un año, aclarándose entre juzgados (mientras tanto, Barry echaba pachangas con amigos y periodistas. Da la risa hoy día), le vio jugar en los Oakland Oaks entrenados por su suegro, trasladado a los Washinton Caps y ante el miedo de los rectores de la ABA de perderlo, lo traspasaron al equipo con más tirón de la competición, los New York Nets, así, por decreto sacado de la manga. Había que salvar a la liga y había que hermanarse. Por supuesto no quiero decir con esto que los mejores jugadores de equipos más modestos sean regalados a los grandes. Es el concepto de hermanamiento entre los clubes, del consejo y el favor de unos con otros, por encima de muchísimos intereses que hay creados hoy día.

Los que pudieran estar en salvavidas, quizás razonen que se puede volver al barco y reflotarlo para que navegue con un orgullo desgastado y a veces, olvidado. Pero entre todos. En la dirección de su propia viabilidad colectiva y el apego del aficionado. Y que el espíritu de Bob Guyette o de Mario Pesquera del “Pues yo conozco…” florezca, porque estoy convencido que ganaremos todos. Que el inicio  de la competición está en la vuelta de la esquina y no sólo quiero divertirme, sino que otros muchos puedan hacerlo también. Por el bien de todos.

 

Antonio Rodríguez en twitter: @tonystorygnba

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