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sep 3, 2012

Enviado por en Blog Resultados NBA | 2 Comentarios

Partituras Olímpicas (y VIII): México´68, bajo los designios de Saporta

Partituras Olímpicas (y VIII): México´68, bajo los designios de Saporta

Última entrega en www.tirandoafallar.com, finalizando así esta colección sobre las historias relacionadas con los Juegos Olímpicos, priorizando en la Selección Española. Antonio Rodríguez pone el broche de oro en los Juegos Olímpicos de México, el viaje más fascinante y más anecdótico que se haya dado jamás.

 

Don Raimundo Saporta siempre fue para el Equipo Nacional un protector, un devoto, un padre que acogía al combinado como el guardián de su manada. Mi querido amigo Justo Conde lo definía como “la persona que cambió nuestro baloncesto. Se deshizo  de  las  alpargatas y lo vistió de chaqué”. Él era de los primeros ilusionados con la posibilidad de ver desfilar a los nuestros en la Ceremonia de Inauguración de unos Juegos Olímpicos ocho años después, en México’68. Por eso, cuando viajó a Monterrey, donde se estaba disputando un complicadísimo Preolímpico, no podía escuchar las justificadas quejas de los españoles sobre el pésimo arbitraje sufrido en la segunda jornada frente a Uruguay, a la que se ganó a duras penas (68-63) y en la que un árbitro mexicano, Camacho, había permitido todo tipo de codazos y juego marrullero de los sudamericanos. Fue a debatir con Williams Jones, secretario general de la FIBA y le solicitó la presencia de árbitros europeos, toda vez que algunos ya habían llegado al país organizador de cara a los Juegos. En la tercera jornada, frente a Australia, el italiano Luglini formó parte del dúo arbitral.

Y es que el Preolímpico era la verdadera reválida de la Selección Española. Inicialmente hubo uno en Sofía, a la que la Federación Española rechazó su participación, viendo que con Yugoslavia, Checoslovaquia, nuestra “bestia negra” particular, Polonia y los anfitriones búlgaros, las dos plazas en juego estarían casi imposibles. La verdadera apuesta era la última oportunidad en Monterrey.

Si en este pasado verano, la Selección Española se enfrentó al combinado USA en Barcelona, marcándose un tanto muy a su favor, ya por aquel entonces y asumiendo que la NBA no es que fuese otro baloncesto, sino otra galaxia, se hizo algo parecido. Tras un breve peaje en Puerto Rico, el Equipo Nacional voló a Cincinnati, donde fueron recibidos en el aeropuerto por  Ed Jucker, entrenador de los Cincinnati Royals (actuales Sacramento Kings), junto a la estrella de su equipo, el mítico base Oscar Robertson, y señora. “Tipo discreto y sencillo” según la opinión de Justo Conde, invitado a la cena posterior acaecida en el domicilio de Jucker, que tan buena relación tenía con la Federación Española y con su presidente Anselmo López en particular (tras impartir unos clinics en España y ofrecerle la posibilidad de entrenar menos de tres años atrás, a la Selección Española. Oferta que declinó muy amablemente. Definitivamente, aquí no teníamos claro la proyección de un prestigioso entrenador NCAA, con la NBA llamando a su puerta). España se enfrentó a los mismísmos Cincinnati Royals, perdiendo ante los históricos Jerry Lucas, el mencionado Robertson, Adrian Smith (olímpico en Roma’60), o Tom Van Arsdale por 127-92. Y posteriormente a los Indiana Pacers, por aquel entonces construyendo su dominio futuro en la ABA, perdiendo por 102-82, pero dando una imagen extraordinaria. Sobre todo Clifford Luyk, que de los 26 puntos anotados en una actuación estelar, nos recordaba en el programa de “Tirando a Fallar” Juan Martínez Arroyo que “por lo menos 20, fueron de ganchos. Y sí, le tentaron con una oferta para quedarse allí” (PINCHA AQUÍ PARA ESCUCHARLO) .

Clifford, acoplado perfectamente a la forma de vida española, declinó tan atractivo ofrecimiento. Pero ahí queda la anécdota tras su brega con los dos pívots más dominantes de la ABA por aquel entonces, Mel Daniels y Bob Netolicky, que como me confesó un ex jugador de aquella ABA, Walter Szczerbiak, “aquellos Pacers podían ganar la NBA. Les faltaban un pívot dominante, pero los campeones de la NBA a principios de los 70, como los Knicks, los Celtics, los Warriors, no tenían grandes pívots”.

Ciñéndonos de nuevo en el Preolímpico, y tras derrotar a unos flojos australianos por aquel entonces (85-66), teníamos la asignatura de enfrentarnos en la última jornada al combinado que más quebraderos de cabeza -y más derrotas también-, nos había infringido en la última década: Polonia. Los caprichos de la competición hicieron que los aguerridos uruguayos  ganasen a Polonia (65-63), complicando un grupo en el que se clasificaban los dos primeros. Así las cosas, en la noche previa, entre el cuerpo técnico y periodistas, se hacían cábalas. La cuestión estaba clara: si Uruguay ganaba a Australia, que era lo lógico, España ganando, se clasificaba automáticamente. Y aún perdiendo por 7 puntos, también. A Polonia, tan sólo le valía la victoria y a los uruguayos, o que nosotros ganásemos, o que perdiésemos por 8 puntos o más, clasificándose ellos y Polonia, quedando fuera nosotros. Lo lógico era que se hiciese un pacto no escrito, ni tan siquiera verbal, para que España y Polonia se clasificaran ambos, con la mencionada victoria polaca por 7 puntos o menos. Pero, ¿quieren creer que en la expedición española nadie se fiaba de los polacos? Como dirían en mi pueblo, “el gato escaldado, del agua fría huye”. Y en este acalorado debate con sus números, se presenta Raimundo Saporta en tal reunión con el siguiente comentario: “Y estoy convencido de que el gilipollas de Damiani no se ha percatado de que la mejor posibilidad de clasificarse ellos (Uruguay) es la de que manaña pierdan ante los australianos”. La cara de asombro de los presentes iba acompañada con el anhelante deseo de  una explicación.  “Los uruguayos saben que tanto Díaz Miguel como Zagorski -entrenador de Polonia-, con una mirada se “entenderían”. Hace años que suspiramos por ganar por primera vez a Polonia, pero en estos momentos, lo más importante es llegar a México. ¿Se imaginan si mañana Australia le ganase a Uruguay y sabiéndonos nosotros ya clasificados, pudiéramos salir a por todas ante los polacos para intentar romper por vez primera la maldición?”.

La rocambolesca y retorcida elucubración de Saporta tenía todo el sentido. Perdiendo Uruguay, seguía dejando a Polonia con la obligación de ganar, o si no, se iba para casa. Pero con la salvedad que a España les clasificaba automáticamente. Genial.Y ahora, el turno le tocaba a uno de los periodistas, Justo Conde, que fue requerido por el propio Saporta para una misión.

“Saporta me concedía cierto protagonismo para intentar que el mentado gilipollas, José Pedro Damiani, presidente de la Federación Uruguaya, se enterara de todo aquello. Con magnetofón en ristre, me dirigí al cuartel general uruguayo para realizar una entrevista al tal Damiani que supuestamente debía ser escuchada en España un par de horas más tarde -y que por descontado nunca se transmitió-. Tras la entrevista fantasma, pude conversar con Damiani y como quien no quiere la cosa, descubrirle la diabólica elucubración saportiana. No vean la cara que puso el tal Damiani, convenciéndose que era mejor perder ante Australia y esperar la ayuda española”.

El posterior Uruguay-Australia fue una de las mayores y más grotescas exhibiciones de apatía y desinterés por la victoria que se había producido en mucho tiempo, tanto por unos eliminados australianos, como para unos sudamericanos con nueva estrategia. Sin embargo, en los últimos minutos, la aparición estelar del uruguayo Hernández, que no se habría enterado de la película, dio la victoria a los suyos (78-76), para alegría de los polacos y frustración de Damiani. Porque a continuación, en un mucho más duro partido del que se presumía, España perdió (82-83), pero consiguió el billete para tan ansiados Juegos Olímpicos. El desfile olímpico y posteriores fotos con el famoso actor Mario Moreno, “Cantinflas”, fueron un hecho.

Antes del torneo, en el vuelo desde Monterrey hasta México D.F., Raimundo Saporta se sentó junto al capitán de la Selección, Emiliano Rodríguez y le preguntó cómo le gustaría que fuese el sorteo, los rivales, a sabiendas que siendo realistas, a lo más que podía aspirar la Selección Española era entre un quinto y un séptimo puesto, más bien lo segundo. Emiliano escribió en una servilleta los 7 equipos que le gustaría tener en su grupo, juzgando por sus elucubraciones. Y si se sortearía un cabeza de serie, prefería a Estados Unidos a la URSS y enfrentarse a ellos el primer día, por lo de quitárselos de encima pronto. Que los aspirantes teóricos a medalla, Puerto Rico y Brasil, elegía a los primeros para el grupo, elegir Filipinas y Senegal entre los representantes “exóticos” y acabar jugando con Italia, que en teoría era con quien debíamos luchar por ser séptimos.

Saporta, momentos antes de la ceremonia del sorteo de los grupos, ya en el salón, fue a saludar a los periodistas Justo Conde, corresponsal del diario “Dicen” y Manuel Espín, corresponsal de “El Mundo Deportivo”, que fueron testigos de la conversación entre Emiliano y él. Se sacó del bolsillo interior de su chaqueta la servilleta escrita por Emiliano, la dejó sobre la mesa sin mediar palabra y se encaminó junto a los otros representantes al estrado. Y ante el asombro de los periodistas barceloneses, el grupo que le correspondió a España era casi calcado de los apuntes en la servilleta: se debutaba frente a USA, se tenía a Puerto Rico, los anfitriones mexicanos…y se finalizaba frente a Italia. Y aquí sí que no hubo lugar a las tan cacareadas bolas calientes, puesto que el sorteo se produjo con papeletas que tenían hasta tres dobleces. Como bien diría Saporta “hay cosas en la vida que uno se tiene que llevar a la tumba”.

El caso es que Puerto Rico no fue tan ogro como se le pintaba y se les ganó por 86-62, con el gigante Teo Cruz, posterior jugador del Picadero de Barcelona, siendo secado por el desaparecido Enrique Margall. Sin embargo, se perdió con los anfitriones, México (72-73), en una calamitosa y casera actuación arbitral, ante la mejor generación de jugadores mexicanos, liderados por los aleros Arturo Guerrero y Manuel Raga (posterior estrella en Europa al recalar en el Ignis Varese) y entrenados por el olímpico por Estados Unidos en Roma’60, Lester Lane (que dirigió al Kas vitoriano más adelante). Tras ese traspiés, el torneo finalizó como Emiliano deseó: con Italia y con victoria (88-72) para regocijo de los nuestros, que sacaron pecho, tras sufrir la lacra de una fortísima lesión de nuestra estrella Clifford Luyk en su rodilla, debiendo ser infiltrado con lovocaína momentos antes de cada partido (se retiraba a los vestuarios tras la rueda de calentamiento para ser tratado, mientras se interpretaban los himnos. Algo que algunos de nuestros rivales se tomaron como un desprecio). Justo Conde, consciente de los dolores en su rodilla en aquellos Juegos, recuerda con cariño “era emotivo ver los sentimientos que tenía por el Equipo Nacional y como supo sufrir por nuestra bandera”.

Fue un capítulo más de nuestra gloriosa historia. Que un séptimo puesto nos sabía a gloria (no olvidemos que en Atenas’04 lo fuimos también) y con ello se encaraba la romántica y esperanzada década de los 70 donde se miró al éxito de forma natural, siendo los cimientos para lo que vino a continuación.

¡Ah! y sobre el enfrentamiento los filipinos y sus artimañas post partido, os recomiendo que escuchéis el enlace del programa “Tirando a Fallar” (PINCHA AQUÍ), para oir de primera mano una de las situaciones más grotescas, bizarras e increíbles jamás vividas sobre una pista de baloncesto.

 

Antonio Rodríguez en Twitter: @tonystorygnba

 

 

 

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