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sep 14, 2012

Enviado por en Blog Resultados NBA | 1 Comentario

En busca de arcas perdidas

En busca de arcas perdidas

Leyendo las quejas de mi colega José Manuel Puertas (@josempuertas) en Twitter, he de darle la razón –y reconozco que muy poquitas veces estamos de acuerdo- en sus quejas.

“Hoy día, un jugador con 16-17 puntos de media por partido es candidato a máximo anotador de la #ligaendesa. Así es imposible, sencillamente”

Recuerdo haber visto horrorizado el Mundobasket de Atenas’98. Como bien dice Puertas, Alberto Herreros acabó siendo máximo encestador de aquel torneo que hizo renacer la ilusión en muchos españoles, con…17.9 puntos de media. Y acabé horrorizado por el mero hecho de ver cómo jugaban las selecciones. A qué ritmo y a qué tanteos. Sí, ya sé que en Europa llevábamos años con tal aliño. Pero a falta de NBA Team a causa del lockout, fue la primera  vez que me topé de bruces con una dura realidad: todo el baloncesto mundial jugaba así. Y daba igual que fuesen australianos, argentinos, brasileños o yugoslavos. Como en todos los campeonatos, quien ganó fue el equipo de más talento. Eso sí, en una dinámica de juego que no optimizaba tal talento.

Es cierto que aquel Brasil estaba en horas bajas, Argentina y España se nutrían de la generación que precedió a los combinados que enamoraron al mundo, o que en Australia estaban más pendiente de la sala de pesas que de aprender fundamentos. Ahora, la Liga Endesa necesita del talento. Mejor dicho, ahora la Liga Endesa necesita explotar su talento. Que lo tiene.

Convencer y asentar al público que te sigue es un primer paso más que tirarse al vacío en busca de nuevos adeptos. Como primer paso, me vale. Si al fiel seguidor lo echas para atrás, mal camino. Sin ir más lejos, la pasada temporada tuvo partidos que insistían e insistían en que dejase de verles. España tiene una identidad. Los más jóvenes, o sea, los que tengan menos de 20 años, ni se acuerdan. Pero la tuvimos.

Hace unos días, charlando con Ramón Trecet, hablaba sobre un equipo afincado en Vallehermoso, en Madrid, que aunque Raimundo Saporta insistiera que nada tenía que ver con el Real Madrid, los jugadores de su segundo equipo estaban allí: el Tempus. Trecet, enrolado en las filas del Atlético San Sebastián, posterior Askatuak, de su íntimo amigo desaparecido Josean Gasca, quedaba impresionado por aquel conjunto: “Eran potentes físicamente. José Luis Llorente corría el campo como un cohete y me impactó mucho un tipo con la fortaleza de Alfonso del Corral, que corría a esa velocidad los contragolpes, y con ese tren superior, no se le paraba”.  Aquel Tempus finalizó la temporada con una media de 100,1 puntos de media.

Por supuesto que no quiero que ningún equipo intente promediar 100 puntos hoy día, porque es casi imposible. Hablo de un estilo, de unas directrices en el baloncesto español tan viejas como su reglamento, que durante más de 60 años han sido una marca tan registrada como la paella en nuestra península (y Canarias, que luego se me ofende Miki Borges). Ese Llorente corría la pista buscando opción de ventaja con esa rapidez, sin pensar si la jugada acabaría en contragolpe o no. Claro, que como gran compañero de fatigas de aquel equipo, tenía como aliado en Fernando Romay, que cogía el rebote defensivo. ¿Eso sucedía en Madrid? Sí. ¡Ah!, pero vayamos a Cataluña. En el F.C. Barcelona, aquel del pantalón blanco aún, Miguel Angel Estrada era el del rebote y un joven Nacho Solozábal, lanzado en busca de desequilibrar una defensa imposible de ser montada. Badalona: Santillana cogía el rebote para otro novel que imponía siempre una marcha más: Manel Bosch. Meister-Corbalán lo eran en el Real Madrid. Claro, que para eso, se necesitaba que el pívot del rebote ofrezca algo hoy casi desconocido: el pase de apertura. Siempre nos enseñaban el pase de apertura de Romay como algo modélico: rápido, preciso y propiciador de aquellos torbellinos ofensivos. Incluso cuando sacaba de fondo –siempre y cuando no nos enfrentásemos a yugoslavos, perennes violadores de esa jugada, palmeando el balón hacia otro lado, ante la increíble complicidad y permisividad arbitral. Verdad, ¿Fernando?-.

Fernando Romay, desde bien joven, sabía sacar el pase de apertura

No voy a comparar el baloncesto de hace 35 años con el de ahora. Las defensas y la evolución del juego ahora permiten menos eso. Pero menos. No lo ha hecho desaparecer. ¿Recuerdan a Shaquille O’Neal qué pases sacaba tras coger el rebote, que parecían obuses lanzados desde sus manazas? ¿Calderón debiendo acelerar en sus Raptors el tempo de partido para optimizar la aportación de tipos como Sony Weems? ¿Alfonso Reyes corriendo el primero para ganar una posición –consciente que le iban a seguir-, y recibir para convertir dos puntos casi seguros? Si les parece demasiado antiguo, vayamos a este verano, en Barcelona, aquellos angelitos que vestían de azul y blanco que se proclamaron campeones olímpicos semanas después. No se deslumbren por los nombres. Sean sinceros: ¿Cuál es la diferencia entre ese contragolpe y uno realizado en la Liga Endesa? Pues que los USA-guys lo finalizan con un “alley-oop” de Lebron con la cabeza a la altura del aro. ¡Bien, ya hay póster! Pero, ¿no estaríamos nosotros encantados viendo esos contragolpes, aunque finalicen en bandejas? Un pase entre las piernas de Sergio Rodríguez para una bandeja de Rudy Fernández o una canasta de Juan Carlos Navarro por elevación, de esas llamadas “bombas”, ¿no les resulta excitante? Para eso se necesita la voluntad de hacerlo y el convencimiento que así se sacan ventajas y la vida es más fácil. Por supuesto, con el añadido de castigar duramente ese horror anti-baloncesto llamado “faltas tácticas”.

Díaz Miguel decía que había que cruzar medio campo corriendo por lo que pudiera pasar. Que es más difícil que una defensa rival se monte de forma correcta a esa velocidad. Y promover la iniciativa a la individualización. Si alguien cree que puede sacar provecho con una acción solitaria, como irse del suyo en uno contra uno, ¡adelante! (ahí, claramente saca ventaja la liga Adecco Oro a la Liga Endesa). En definitiva, esos son los pasos para promover lo que dice Puertas, el “star system”, que sí, nos pongamos como nos pongamos, defendiendo el baloncesto elaborado, el mal llamado “de equipo”, lo necesitamos como agua de Mayo. Porque quien se decidirán a tomar decisiones, siempre serán los buenos. Lo que no entiendo es que se pare para marcar jugada desde la otra pista por hábito. Lo que no entiendo es que en transiciones rápidas, un base que suba el balón, pida a un compañero que le ayude en un bloqueo. ¿De verdad que debe depender de ese dos contra dos? ¿No tiene capacidad de resolver un uno contra uno y encontrar un desajuste, que lo que hace es ralentizar ese posible contragolpe?

No, no me vengan con la excusa que los entrenadores marcan eso. No es cierto. Los entrenadores dan instrucciones cuando deben en la mayoría de los casos, pero no van a romper una situación así, que se presume ventajosa. Piedras sobre su propio tejado, en la mayoría de los casos, no se tiran. Muchas de esas jugadas acaban con una sucesión de pases, con un extra-extra-pase que ya sobra, por la incesante búsqueda de un triple, cuando lo natural quizás hubiese sido una suspensión de 4 metros. ¿Cuántas canastas de dos puntos se producen fuera de las zonas? ¿Tanto apestan? ¿Resulta realmente ventajoso insistir en la búsqueda de un triple, que luego no llega, y se debe empezar a crear un 5 contra 5, con 15 segundos de posesión? Creo que Walter Szczerbiak o Wayne Brabender, adecuando sus cuerpos a los de hoy en día, se pondrían las botas acabando contragolpes con suspensiones de 4 metros.

La velocidad de acciones, el ADN del jugador español, la esencia del espectáculo. Para eso no hacen falta estrellas descollantes. Iván Corrales hacía vibrar las gradas de Badalona, como hoy lo hace Rodrigo San Miguel. Y si hay que forzar tiros que se fallen en contragolpes, a veces es más provechoso que esperar que los compañeros vean los gestos con la mano de su base, marcando jugada. Esto es el ver eso del vaso medio lleno o medio vacío: yo prefiero el “fallé en esta ocasión, pero seguiré insistiendo y torturarte en la idea que deberás bajar con velocidad en todas tus acciones defensivas si no quieres que te crucifique” a “como no sale bien a la primera y a la segunda, me niego a repetirlo y me embarco en lo seguro”. A no fallar. A la imagen triste que repele a muchos aficionados.

A lo mejor seguiremos teniendo máximos encestadores de 17 puntos. Pero habrá muchos más de los de 12-15 puntos, que también atrae una barbaridad.

Antonio Rodríguez en Twitter: @tonystorygnba

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