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ago 16, 2012

Enviado por en Blog Resultados NBA | 1 Comentario

Partituras Olímpicas (BONUS TRACK): El cielo comenzaba en Inglewood

Partituras Olímpicas (BONUS TRACK): El cielo comenzaba en Inglewood

Hace pocos días, el North Greenwich Arena de Londres fue testigo de la exhibición de baloncesto y juego llevada a cabo por doce mujeres. Diana Taurasi, Sue Bird, Tamika Catchings o Maya Moore fueron algunas de las superestrellas norteamericanas que cerraron en la capital del Támesis un ciclo sensacional: seis medallas de oro olímpicas consecutivas para Estados Unidos. Pero este éxito no se podría entender si no hubiese habido antes un grupo que comenzó a cimentar lo que es hoy el baloncesto femenino en Estados Unidos: Hace 28 años, se descubrió que las puertas del cielo se abrían en una de las canchas más célebres del baloncesto: El Forum de Inglewood.

MONTREAL: EL INICIO

Toda historia tiene un comienzo, y el de este equipo está en los Juegos Olímpicos de Montreal, en el año 1976. En esos juegos era la primera vez que el baloncesto femenino hacía su aparición en el programa, y Estados Unidos presentó un equipo en el que brillaban con luz propia nombres como los de Ann Meyers o Nancy Lieberman, quienes ya habían demostrado su gran talento en UCLA y Old Dominion, respectivamente. Ese equipo estaba dirigido por Billie Moore y como secundaria en aquella escuadra aparecía una de las protagonistas de esta historia: Pat Summitt, llamada por aquél entonces Patricia Head, y que comenzó a demostrar sus dotes para dirigir a un banquillo.

Estados Unidos se plantó en la ciudad canadiense como una de las grandes favoritas a hacerse con el oro olímpico, junto al otro gigante de la época: la Unión Soviética. La selección a la que entrenaba Lydia Alexeeva llevaba como grandes figuras a jugadoras como Natalia Kimova o Tatiana Ovechkina. Pero sin lugar a dudas si había un nombre que sobresalía en el combinado soviético era el de su capitana y jugadora de referencia: Uljana Semjonova. La interior del TTT de Riga era el centro del juego del equipo ruso.

Con este panorama llegó el inicio del torneo olímpico de baloncesto en Montreal. Seis fueron los equipos que participaron. Además de EEUU y la URSS, también tomaron parte en la ciudad canadiense las selecciones de Bulgaria, Checoslovaquia (subcampeonas del mundo un año antes en Cali), Japón y Canadá. Los seis equipos se enfrentarían en un formato de liguilla a partido único. Las norteamericanas comenzaban viéndose las caras con el combinado nipón… y más que demostrar que eran las favoritas, gran parte de las opciones de ganar el oro en Montreal se diluyeron tras ese partido. Una derrota por 71-86 en la que ni los 14 puntos de Ann Meyers o los 17 de Lusia Harris pudieron frenar a las asiáticas. El campeonato había comenzado con mal pie.

Dos victorias de las norteamericanas ante Bulgaria (95-79) y Canadá (89-75) rearmaron la moral del combinado estadounidense antes del choque definitivo de estos Juegos: Estados Unidos frente a la Unión Soviética. Los dos grandes favoritos se veían las caras en el parqué, y las soviéticas reafirmaron su superioridad frente a las americanas en este partido. La primera parte dejó un 34-54 en el marcador que reflejaba la superioridad soviética en este partido. El marcador final de 77-112, con 32 puntos de Uljana Semjonova, dejaba el orgullo americano herido. La victoria en la última jornada de las de Billie Moore frente a Checoslovaquia (83-67) posibilitó la medalla de plata para las norteamericanas. Una plata desde la que se cimentaría la subida a la élite.

MOSCÚ… O LO QUE PUDO SER Y NO FUE

Tras la decepción de Montreal, el equipo norteamericano se reformó para llegar en plenas condiciones a la cita olímpica de Moscú, en el año 1980. Doce jugadoras formaron parte de aquella selección para los Juegos Olímpicos: Carol Blazejowski, Denise Curry, Anne Donovan, Tara Heiss, Kris Kirchner, Debra Miller, Cindy Noble, LaTaunya Pollard, Jill Rankin, Rosie Walker, Holly Warlick y Lynette Woodard. En este plantel de jugadoras iba a estar la estrella de Old Dominion, Nancy Lieberman. Sin embargo, su apoyo al boicot a los Juegos Olímpicos de Moscú hizo que renunciara a vestir la casaca nacional y fuera sustituida por Debra Miller.

Sue Gunter sería la entrenadora de este equipo, y estaría escoltada en el banquillo por una de las integrantes del equipo que fue plata en Montreal: Pat Summitt. La ya exjugadora de la Universidad de Tennessee en Martin, había comenzado tres años antes su andadura en los banquillos de las Lady Volunteers, y USA Basketball confió en ella para escoltar a Gunter. Estados Unidos realizó una serie de partidos amistosos en suelo europeo para prepararse de cara al Preolímpico de Varna. Tres victorias, dos ante Francia y una ante Italia, bastaron al combinado estadounidense para llegar a tierras búlgaras y jugar ese torneo de clasificación olímpica.

Talento en la selección de EEUU para esos Juegos que nunca saborearon las americanas

La selección estadounidense venía a ese torneo con la etiqueta de favorita, tras haber conquistado el Mundial de Corea del Sur un año antes. Y en el Preolímpico disputado en Varna refrendó esa condición. Seis victorias y tan sólo una derrota ante Corea del Sur (y por un punto) que les valieron el billete a la capital soviética. Estados Unidos venció a rivales que posteriormente ocuparían el pódium de los Juegos, como Bulgaria y Yugoslavia, y desplegó un nivel de juego muy alto. Parecía que el equipo estadounidense podría vengar la derrota ocurrida cuatro años antes en Montreal… Pero tensiones políticas impidieron cualquier intento de este equipo para conseguir el oro.

El incremento de efectivos del ejército de la URSS en Afganistán, supuso para el gobierno norteamericano (presidido en aquel entonces por Jimmy Carter) una afrenta al derecho internacional. Bajo pena de retirar el pasaporte estadounidense a cualquier deportista que participara en estos Juegos Olímpicos, Estados Unidos renunció a tomar parte en Moscú. Así también hicieron las jugadoras del equipo de baloncesto, que acabaron cediendo su plaza a la selección de Hungría. Este boicot a los Juegos también recibió el respaldo de otros países que no mandaron deportistas a la capital rusa, como la República Federal Alemana, Canadá o Argentina. Estados Unidos se quedaba sin la oportunidad de llevarse el oro, y todo quedaría para la gran cita norteamericana de dentro de cuatro años: los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1984.

CUATRO AÑOS DE TRABAJO PARA ALCANZAR LA GLORIA

La cita olímpica en la ciudad angelina fue un gran estímulo para las norteamericanas, cuyo baloncesto universitario sufrió muchos cambios en esa Olimpiada. En 1982, el torneo universitario femenino fue absorbido por la NCAA, obligando a la desaparición a la ya moribunda AIAW. El salto de calidad que llegó al baloncesto femenino con este hecho fue clave en el desarrollo de las jugadoras que integrarían el equipo de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Cathy Boswell, Denise Curry, Anne Donovan, Teresa Edwards, Lea Henry, Janice Lawrence, Pam McGee, Carol Menken-Schaudt, Cheryl Miller, Kim Mulkey, Cindy Noble y Lynette Woodard integraron aquel equipo que haría historia en Los Ángeles.

Tras sus dos anteriores experiencias olímpicas como jugadora y entrenadora asistente, USA Basketball confió en Pat Summitt para dirigir a esta grandísima selección de estrellas. Los éxitos con las Lady Vols no pasaban desapercibidos para la gran entidad del baloncesto norteamericano, que confiaba en entrenadores universitarios para llevar a sus equipos (Bobby Knight, por aquel entonces técnico de Indiana, llevó a la selección masculina al oro en el torneo masculino). Y antes de la gran cita de Los Ángeles, las norteamericanas tuvieron un banco de pruebas en otro torneo: el Campeonato del Mundo de Brasil celebrado en 1983.

Sao Paulo acogió a los 14 mejores equipos femeninos de esa época, entre ellos la URSS. Soviéticas y norteamericanas eran candidatas a hacerse con el título, y cuando llegó la hora de demostrarlo sobre el parqué, lo volvieron a demostrar. Estados Unidos comenzó su andadura en el torneo con una victoria ante China en la prórroga por 101-91, y sumó todos sus partidos por victorias excepto uno: el que le enfrentó al equipo soviético, ante el que cayó por un punto. En la final de ese torneo, las norteamericanas estuvieron muy pero que muy cerca de llevarse el entorchado y derrotar por vez primera a la URSS. Tras una gran primera parte estadounidense, dos factores desequilibraron a las americanas en el segundo tiempo.

La gran defensa de las soviéticas y (de nuevo) Uljana Semjonova. A falta de poco más de un minuto, Estados Unidos lideraba por cuatro puntos, pero la URSS tiró de su ambición y casi sobre la bocina, Chausova convirtió la canasta que daba a la Unión Soviética el campeonato del mundo por tan sólo dos puntos, 84-82. Estados Unidos se quedaba a las puertas de derrotar a la Unión Soviética, y todo el mundo pronosticaba un gran enfrentamiento en Los Ángeles.

Pero de nuevo aparecieron las tensiones políticas en esa época. Argumentando cuestiones de seguridad para los atletas soviéticos en territorio estadounidense, la URSS y sus países satélites boicotearon los Juegos en Los Ángeles. El equipo femenino de baloncesto soviético no pudo buscar su tercer oro olímpico consecutivo, y los aficionados se quedaron con las ganas de presenciar lo que hubiera sido un duelo entre los dos mejores equipos del mundo en el Fórum de Inglewood.

El formato de la cita olímpica de Los Ángeles fue casi el mismo que el usado ocho años antes en Montreal, salvo con la diferencia que en este los dos primeros jugarían el partido por la medalla de oro y el tercero y el cuarto lucharían por el bronce. Estados Unidos se vería las caras con cinco equipos más. Cinco rivales que jamás pudieron aguantar el ritmo endiablado de juego de las norteamericanas, que ofrecieron una exhibición en todos los partidos que disputaron. Victorias ante Yugoslavia (83-55), Australia (81-47), Corea del Sur (84-47), China (91-55), Canadá (92-61), y de nuevo ante Corea del Sur (85-55). Seis victorias en seis partidos para conquistar la medalla de oro olímpica. Un torneo inmaculado que llevó a la gloria al combinado norteamericano y que lanzó la trayectoria de muchas de sus integrantes. Los españoles, además de estar atentos a la gesta de los pupilos de Díaz Miguel, pudimos ver esas exhibiciones de las norteamericanas de la mano de los resúmenes emitidos por TVE y narrados por Pedro Barthe.

Tras los Juegos, muchas jugadoras siguieron teniendo gran repercusión a lo largo de su carrera. Algunas como Anne Donovan o Kim Mulkey se convirtieron en entrenadoras universitarias y llevaron a sus equipos a la gloria (Donovan además de dirigir en NCAA ganó dos medallas de oro olímpicas entrenando a la selección de EE.UU. y Mulkey ganó en 2012 el Campeonato Nacional con Baylor). Otras, como Pam McGee tuvieron experiencias en nuestro país, jugando en aquella 1ª División Femenina. Pero de lo que no hay ninguna duda es que sin este logro, nada hubiera sido posible. El germen de todos los éxitos del equipo de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos se encuentra en un ya vetusto pabellón que en otros tiempos fue la gran referencia del baloncesto en la Costa Oeste. Sin Inglewood nada hubiera sido posible.

Alejandro Diago en Twitter: @alejandrodiago

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