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ago 3, 2012

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Lo que pudo ser y no fue (y II)

Lo que pudo ser y no fue (y II)

Play offs

Primera ronda

El 17 de Abril de 2004 comenzaba la postemporada para unos Lakers que habían terminado la Regular Season como un tiro. Sus primeros rivales fueron los Houston Rockets, que habían finalizado la temporada en la séptima posición del Oeste con un balance de 45-37.

Como curiosidad señalar que aquella primera ronda fue testigo de los últimos partidos de Steve Francis como jugador franquicia del equipo texano (ya que volvió a Houston en 2007, aunque a un nivel sensiblemente inferior). El divorcio con el contratado esa temporada para el puesto de entrenador jefe, Jeff van Gundy, y el espectacular base era más que evidente al poco de compartir vestuario.

Con todos sus jugadores importantes sanos, los angelinos solventaron la eliminatoria por un aparentemente cómodo 4-1. Sin embargo, el viaje hacia la segunda ronda no fue tan sencillo como ese 4-1 reflejaba. El primer partido, disputado en el Staples, se saldó con victoria para los pupilos de Jackson por un ajustado 72-71 y el cuarto, jugado en el Toyota Center de Houston, acabó con un 92-88 para los visitantes después de disputar una prórroga y gracias a un estratosférico Malone, quien a sus casi 41 años hizo 30 puntos y 13 rebotes (números que ni Kareem Abdul-Jabbar llegó a firmar con esa edad). Esa victoria fue la clave de la serie, pues se llegaba con un 2-1 después de la victoria Rocket en el tercer encuentro.


Segunda ronda

Esperaban los vigentes campeones, que habían barrido a los Grizzlies en primera ronda. La serie no pudo empezar peor para los de púrpura y oro, ya que perdieron los dos partidos disputados en el SBC Center el 2 y el 5 de Mayo. Además, la historia estaba en su contra: hasta esa fecha únicamente 7 equipos habían conseguido remontar un 2-0 adverso en una eliminatoria al mejor de 7 encuentros.


Ya en el Staples, salvaron el primer “match-ball” con una cómoda victoria por 105-81. El cuarto cayó también del lado angelino por un menos holgado 98-90. La serie volvía a San Antonio, empatada a 2 y con todo por disputar. Se llegaba así a ese inolvidable quinto partido, disputado un Jueves 13 de Mayo del 2004, que acabó cayendo 74-73 para los visitantes. No se puede decir que pasara a la historia por la belleza del juego desplegado por ambos conjuntos, pero sí por los últimos segundos del choque. Mejor que explicarlo, dejaré el enlace a ese final para aquéllos que todavía no lo hayan visto. El resto seguro que recuerda segundo a segundo lo sucedido aquella noche en la ciudad texana.

Tras esa victoria a domicilio, los Lakers volvieron a LA para cerrar la eliminatoria con una victoria por 88-76, plantándose así en la Final de Conferencia (donde esperaban al ganador de la otra seminfinal, Minnesota-Sacramento).


Final de Conferencia

Los Timberwolves de Kevin Garnett, el MVP de esa Temporada Regular (gracias a sus 24.2 puntos, 13.9 rebotes, 5 asistencias, 2.2 tapones y 1.5 robos por noche), consiguieron eliminar a los Kings por 4-3 (en lo que sería el último año de ese Sacramento que empezó a enamorarnos a todos el año del primer Lockout) y llegar a la Final del Oeste con ventaja de campo. A pesar de ello, los angelinos recuperaron dicha ventaja al ganar por 97-88 el primer partido disputado en el Target Center. Los de Flip Saunders ganaron el segundo encuentro, y la serie se iba por primera vez a Los Ángeles empatada a uno.


Allí los locales ganaron los siguientes dos encuentros, con lo que los Wolves se veían forzados a ganar el quinto, que de nuevo jugarían en casa, para poder tener opciones de pasar a la Final de la NBA por primera vez en su historia. Por un apretado 98-96 consiguieron devolver la serie a LA, a la espera de dar la campanada y forzar el séptimo y definitivo partido.

Tras 36 minutos los de Minnesota todavía soñaban con poner el 3-3 en la eliminatoria, al cerrar el tercer cuarto con un 68-67 a su favor. Pero en LA apareció alguien distinto a ese “Big Four”. Ni siquiera Derek Fisher fue el protagonista en esta ocasión. Un jugador de segundo año llamado Kareem Rush apareció saliendo desde el banquillo para anotar 18 puntos, incluido un sobresaliente 6/7 en triples. De los 6 triples anotados por Rush, 3 fueron en el último y definitivo período, que acabaron dominando los Lakers 29-22. Cerraban con ello el choque con un 96-90 y, en consecuencia, la Final de Conferencia.

Los grandes favoritos para llevarse el título, a pesar de algún que otro contratiempo, conseguían alcanzar la gran Final. Su rival saldría del ganador de la tosca y poco acertada serie disputada entre aquellos Indiana Pacers de Rick Carlisle y los Detroit Pistons de Larry Brown.


Las Finales

Un día después que sus rivales, el 1 de Junio, los Pistons certificaban su pase a la Final con la victoria 69-65 sobre los Pacers. Los grandes favoritos y primeros clasificados del Este quedaban fuera de la lucha por el título al verse superados por un equipo que había dado un salto de calidad espectacular tras la incorporación de Rasheed Wallace en Febrero.

El ambiente en Los Ángeles previo al inicio de la gran Final era poco menos que de fiesta, pues prácticamente nadie en la ciudad (y también fuera de ella) pensaba que el título se le pudiera escapar a los de Phil Jackson, entrenador que, hasta la fecha, había ganado las 9 finales que había disputado (6 con Bulls y 3 con Lakers).

Pero desde el primer momento se vio que algo no funcionaba. El encuentro inaugural cayó del lado visitante por 87-75. Pese al mal juego de los angelinos, nadie todavía parecía tomarse en serio a unos Pistons que, como equipo, estaban a años luz de los en teoría favoritos. El segundo partido será recordado por este estratosférico triple de Kobe Bryant casi sobre la bocina para forzar la prórroga, gracias a la cual los locales fueron capaces de empatar la serie a 1 antes de llevarla al Palace de Auburn Hills. A pesar de la victoria (99-91), las sensaciones que daban seguían siendo bastante malas.

Ya en Detroit, con un Malone claramente mermado por culpa de su rodilla derecha, las derrotas se sucedieron una tras otra: un contundente 88-68 en el tercer choque, 88-80 en el cuarto y 100-87 en un quinto en el que El Cartero ya fue incapaz de jugar por culpa del dolor. Pese a los 13 puntos de diferencia, ese quinto encuentro fue un paseo para los de Michigan, que prácticamente desde después del descanso comenzaron a celebrar lo que iba a ser su primer anillo desde 1990. Además, era la primera vez desde que se jugaba la Final con un formato 2-3-2 que el equipo que partía sin ventaja de campo ganaba los tres partidos que disputaba como local.


La gran defensa desplegada por los Pistons asfixió a los de LA tanto en el perímetro como, especialmente, en la zona (primero con los dos Wallace y después con Campbell, Okur y Williamson). La profundidad de la rotación interior de Detroit, que le hacía además no tener miedo a cargarse de faltas en la defensa de O’Neal, contrarrestaba con la maltrecha rotación Laker: a la baja de Horace Grant (que no entró siquiera en lista de Play-Off por su lesión de cadera) se sumaban los problemas de Malone en su maltrecha rodilla. Así pues, quedaban como suplentes los rookies Brian Cook y Luke Walton y el ucraniano Medvedenko, jugadores todos ellos que no se caracterizaban, a diferencia de sus rivales, por fajarse en la pintura. Y si además a todo esto se le suma que en más de un encuentro O’Neal tuvo problemas de faltas (en ninguno acabó con menos de 4), el resultado verdaderamente no podía haber sido otro.

Todo el tema de las faltas señaladas y, en general, el arbitraje, fue bastante polémico a lo largo de la serie. Jackson no paró de quejarse de la forma en que estaban arbitrando a su equipo, y si se veían los números se podía decir que parte de razón tenía. Por ejemplo, los Pistons llegaron al 5º y a la postre último partido de la Final con 132 tiros libres lanzados, por únicamente 78 de los Lakers. Una diferencia que llamaba poderosamente la atención teniendo en cuenta que en el equipo que menos tiros libres lanzó se encontraba O’Neal, que siempre es objeto de numerosas faltas personales para tratar de frenarlo (cuando no directamente se opta por mandarle a la línea de personal, el famoso “Hack-a-Shaq”).

Pero en definitiva, si durante la temporada y prácticamente todos los Play-Offs los de púrpura y oro habían sido capaces, con mayor o menor fortuna, de vencer todos los obstáculos con los que se fueron encontrando: se sobrepusieron a las lesiones, a la mala relación entre sus dos estrellas, a los malos resultados de mitad de temporada que casi les hace no tener ni ventaja de campo en la postemporada (gracias a esta salvajada de Kobe en el último partido de la Temporada Regular contra los Blazers); la Final y esos solidísimos Detroit Pistons fueron demasiado para ellos, eliminándolos por la vía rápida y abriendo un cisma en la franquicia angelina del que tardaron tiempo en sobreponerse.

 

Problemas en el vestuario

Una muestra de lo que iba a ser la temporada a nivel de la relación entre Shaq y Kobe fueron algunas de las declaraciones de O’Neal durante el Training Camp de ese año 2003. Éstas se podían traducir como un “yo siempre diré mi opinión, ya que me siento una persona cualificada para hacerlo y los Lakers son mi equipo”. Añadió que “si a Kobe no le gusta lo que digo debería ejecutar la cláusula de su contrato para quedar libre al final de esta temporada, puesto que yo no me voy a mover a sitio alguno”, declaraciones todas ellas a colación de los comentarios que le hizo Bryant a Phil Jackson, referentes al hartazgo que el escolta tenía hacia los continuos “recados” que Shaq le dejaba en la prensa. Kobe llegó a decirle al maestro Zen “si él empieza a decir cosas sin sentido, yo atacaré”. A consecuencia de todo esto, el entrenador angelino dijo explícitamente a todo el equipo que no se volvieran a discutir este tipo de asuntos con los periodistas.

Pero poco después de dicha advertencia Bryant concedió una entrevista a la ESPN. En ella cuestionó el liderazgo de O’Neal, habló sobre cómo el pívot llegaba siempre a los “Training Camp” fuera de forma, de cómo siempre acusaba a los demás cuando había una derrota pero se ponía todas las medallas cuando el equipo ganaba y de cómo le molestó sobremanera que Shaq no le llamara personalmente en verano cuando estalló todo el tema de sus problemas legales.

Y al día siguiente Brian Shaw, ex-compañero de ambos durante varios años y que en esa temporada entró en el staff técnico como ojeador, tuvo que mediar en una más que calurosa discusión entre las dos estrellas (como era de esperar, por otra parte). Jackson multó a Bryant por no seguir sus órdenes de no hablar de según qué temas con la prensa y, aparentemente, desde ese día hasta la certificación de la derrota en las Finales contra Detroit la relación entre ambos estuvo “más calmada”.


El final de un ciclo

Phil Jackson, que acababa contrato al finalizar esa temporada 2003-04, no recibió oferta alguna para renovar con el conjunto angelino. Aunque mucha gente supuso que su no vuelta al banquillo se debía a una exigencia de Kobe Bryant, lo cierto es que el por aquel entonces asistente del maestro Zen, Tex Winter, afirmó que durante el parón del All Star del año 2004 Jackson ya anunció que no volvería a LA si Bryant renovaba. Ya fuera por una u otra razón, el caso es que el 9 veces (por esas fechas) campeón de la NBA como técnico jefe dejó de ser entrenador de los Lakers el 18 de Junio de 2004, tres días después de la derrota por 4-1 en las Finales. Ese mismo día, Kobe ejecutaba la cláusula de su contrato que le permitía salirse del mismo y se convertía en Agente Libre. Malone, por su parte, ejecutó el 16 de Junio la cláusula de su segundo año para convertirse también en Agente Libre con el propósito de operarse la rodilla que le acabó poco menos que amargando su último año como profesional y posteriormente retirarse, retirada que oficializó el 13 de Febrero de 2005.

Después de la salida de Jackson y tras oír que el GM de la franquicia, Mitch Kupchak, estaba considerando seriamente su traspaso, O’Neal pidió ser traspasado. Alegaba además que los Lakers estaban haciendo movimientos con el propósito únicamente de agradar a Bryant. “La dirección que están tomando… No quiero ser parte de esto”, llegó a decir en clara referencia a su ya casi ex-compañero. Mientras todo eso ocurría el nombre de Kobe llegó incluso a sonar para Los Ángeles Clippers.

A mitad de Julio este capítulo del “culebrón” se cerró. El día 14 O’Neal era traspasado a Miami a cambio de Caron Butler, Lamar Odom, Brian Grant y dos rondas de Draft, una primera ronda de 2006 (que acabaría siendo Jordan Farmar) y una segunda ronda de 2007. Y exactamente un día después Bryant renovaba por 7 años y un montante total de $136.4 millones de dólares.

El último miembro del “Big Four” que quedaba todavía pendiente de aclarar su futuro, Gary Payton, vio cómo el 6 de Agosto era traspasado a Boston junto con el contrato de Rick Fox (que no llegó ni a debutar en lo que hubiera sido su segunda etapa en la franquicia de Massachusetts) y una futura primera ronda protegida, que se acabaría convirtiendo en el pick 21 del 2006: Rajon Rondo. Por su parte, los Lakers recibían a Chris Mihm, Chucky Atkins y Jumaine Jones.

Así pues, la aventura de esa pareja de veteranos en busca de un anillo al lado de Hollywood y, en consecuencia, de ese quintento aparentemente de ensueño, llegaba a su fin, a la vez que que las posibilidades de ganar un título a corto plazo de la franquicia “rica” de LA hacían lo propio.

Fin.

Puedes leer aquí la primera parte de “Lo que pudo ser y no fue”

Pablo Lorente en Twitter: @_Matasanos_
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