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jul 11, 2012

Enviado por en Blog Resultados NBA | 1 Comentario

Partituras Olímpicas (V): El oro más cercano

Partituras Olímpicas (V): El oro más cercano

Durante el verano de 2012, Antonio Rodríguez publicará en www.tirandoafallar.com una entrega semanal relacionada con la historia de los Juegos Olímpicos, ante la inminente llegada de la esperada cita en Londres’2012. Poco a poco, nos irá acercando a personajes estelares y situaciones particulares que se dieron alrededor de esta gran cita que han llenado páginas doradas de la historia de nuestro deporte.

A la actual generación que lidera nuestro Equipo Nacional, triunfadores, ganadores, perennes medallistas en busca del metal más preciado que siguen recopilando sin descanso, sin complejos, sin hartazgo ni empachos, es complicado encontrarles algún renuncio durante un partido. Si pensáramos en alguno, rápidamente nos viene a la mente la infausta y maldita final de Madrid. Aquella tarde de Septiembre del 2007 en la que se nos encogió el corazón que viajaba en aquella forzada suspensión de Pau Gasol, que a punto estuvo de entrar.

Pero no, no pensaba en aquella noche.  Reconozco haberme quedado muy sorprendido cuando con Juan Carlos Navarro delante, en un  hotel andorrano, me confesó que la Selección Española pecó de exceso de confianza al perder la final del Eurobasket de Suecia en 2003 (84-93). También son humanos y pensaron que ante Lituania se ganaría sí o sí. Bueno, humanos o simplemente jóvenes aún. El escollo de aquella Italia dando sus últimos coletazos de éxito, superado en semifinales, daba el caché y un aire donoso e inapropiado para afrontar aquella final. La extrema sinceridad de Navarro, contado ocho años después de todo aquello, fue tan chocante como sincero. Un autoanálisis que les ha valido en años posteriores triunfos. Uno tras otro. Uno tras otro.

Y eso nos lleva a la final de Pekín. Al partido más recordado en la historia de nuestro baloncesto, donde el “nada que perder” se llevó a su máximo exponente. Y de aquella cita esperamos aún venganza porque al fin y al cabo, cuatro años son más que suficientes para enfriar tal plato. Fue una plata que supo a oro. Sin embargo, ¿fue ese el momento en que  la Selección Nacional tuvo más cercana tal medalla en unos Juegos? A expensas de lo que pueda suceder el próximo mes y medio, todos diríamos que sí, que ahí se acarició. ¿O no? Para José Manuel Calderón, la oportunidad fue otra.

Nuestro momento fue cuatro años antes. El oro estaba en Atenas”. Tras recordar diferentes momentos de la reciente historia durante una entrevista en el Club de Tenis de Barcelona para el documental “Héroes de oro”, José Manuel Calderón era concluyente con aquella opinión. Que por encima de Pekín, el momento del “cuando fuimos reyes”, debió ser Atenas’04. Su convicción me hizo acordarme de aquellos Juegos en los que la venganza de Sarunas Jasikevicius de aquel triple desesperado en Sidney’00, derrotando con tres triples consecutivos esta vez sí, a los estadounidenses en la fase previa de aquellos Juegos (94-90), llevaban adjuntos el veneno de nuestra eliminación.

La España de unos chavales ya licenciados, la de un rey  joven y apuesto que fue máximo encestador de aquel torneo olímpico (Pau Gasol consiguió  una media de 22.4 puntos) , al que además Mario Pesquera intentó cubrir las espaldas recuperando a  Roberto Dueñas, en lo que Emanuel Ginobili acabó definiendo como “demasiado grandes”. La zona, junto a los dos pívots ya mencionados, estaba guardada por Garbajosa, Felipe Reyes, Jiménez…era demasiado. Argentina, el equipo de oro como acabó demostrando, cayó abatida (87-76) una vez más, en un partido que ya no era amistoso, sino que éste ya contaba.

Y como un guión escrito de forma maléfica, adornando previamente una maldita caída a los infiernos,  quiso que dos días después nos  enfrentásemos al otro combinado que jugó la final, Italia, que de la mano de un mago del banquillo como Carlo Recalcati y sin apenas pívots, mostró una extraordinaria defensa sobre Pau (su primera canasta llegó a 12 minutos del final del choque), pero que no fueron suficientes, porque España era mucha España.  Y también se les ganó: 71-63. Y tan perfecto sonaba todo que Serbia tampoco fue rival (76-68) y, aunque sin jugarnos ya nada, a Nueva Zelanda no les íbamos a dejar irse de rositas (88-84), porque poderío había y un 5-0 antes de llegar a cuartos, acongojaba.

Sin embargo, aquella travesía de triunfos tuvo una  trayectoria inversamente proporcional a la de unos USA-boys, jóvenes engreídos que discutían sus minutos de juego en vez de acatar las órdenes de sus veteranos, los que sonrojaron a su nación perdiendo por 19 puntos en el debut ante Puerto Rico (92-73) y continuaron con la mencionada decepción ante los lituanos, para quedar cuartos de su grupo. Pensar que nuestra inmaculada marcha tenía el premio de pasar por aquel equipo NBA de Duncan, Stoudemire, Wade, Lebron, Carmelo, Iverson, Marbury… para aspirar a las medallas, a lo que asume Calderón, el premio a nuestro mejor momento, daba pavor. Se les había ganado en su casa dos años antes, sí. Pero daba pavor.

Y el OAKA nos tenía aguardada otra desdicha. Quizás fue el que los estadounidenses volvieron a ser ellos mismos -por única y sola vez en toda la competición, por cierto. En semifinales, volvieron a las andadas-. Quizás fue que nuestra Selección cometió el error de tratarles como lo demostrado en Atenas, no como las estrellas NBA que realmente eran. Que Duncan fuese un pívot protestón y desquiciado por no entender las reglas FIBA, Shawn Marion un correcalles sin control, o que en general fuesen un conjunto incapaz de mantener un promedio decente desde la línea de 6.25. Aquel día no fueron el rival que nosotros planteamos, sino los que nos maravillan durante 8 meses cada año… y que Marbury era capaz de anotar desde 8 metros o ganar un partido por sí solo.

El 94-102 fue uno de los resultados más amargos de la historia de nuestro baloncesto. Porque los pérfidos caprichos de los dioses olímpicos se calmaron a partir de ahí, y regresó la guasa. La guasa de ver en la final a aquellos argentinos e italianos que nunca vieron la manera de ganarnos, porque España era mucha España. La España que, teniendo el oro tan cerca, nunca acabó tan lejos. La de aquellos chavales que creyeron desde ese día que podían reinar el mundo. Los mismos que siguen pensando que para mirar desde arriba hay que hacerlo desde un pódium olímpico. Quizás el Olimpo no estaba en Atenas, sino que espera en Londres. Porque en sus armarios guardarán oros de Eurobaskets y anillos de campeonatos NBA para exponerlos cuando tengan su compañía apropiada: la de aquella adolescente coqueta y huidiza que gusta posar para fotos y se convierte en inseparable cuando la conquistas. La medalla de oro olímpica nos espera.

 

Antonio Rodríguez en Twitter: @tonystorygnba

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