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jun 28, 2012

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Partituras Olímpicas (IV): Soñando con una vespa

Partituras Olímpicas (IV): Soñando con una vespa

Durante el verano de 2012, Antonio Rodríguez publicará en www.tirandoafallar.com una entrega semanal relacionada con la historia de los Juegos Olímpicos, ante la inminente llegada de la esperada cita en Londres’2012. Poco a poco, nos irá acercando a personajes estelares y situaciones particulares que se dieron alrededor de esta gran cita que han llenado páginas doradas de la historia de nuestro deporte.

 

Juan Antonio Samaranch colgaba orgulloso las medallas de plata a los representantes españoles, en el pódium angelino. Las medallas olímpicas costaban lo suyo para las delegaciones españoles. Si a eso añadimos que éstas correspondían a un deporte de equipo, pues más valor aún contaban. Pues como dijimos la pasada semana, todos abrazándonos en casa  muy en silencio, para no despertar al resto de la casa, mientras veías lucir esas medallas de plata en Los Angeles’84. Y Juan Antonio Samaranch manteniendo su compostura. Pero no podía evitar una sonrisa de oreja a oreja. El máximo mandatario olímpico había hecho por aquella selección mucho más de lo que la gente sabía, desde mucho tiempo atrás.

En una agradable noche de Agosto, un lunes 22 para ser más exactos, en una bucólica terraza de la población suiza de Lugano, la Selección Española disfrutaba de una exquisita cena, tras haber sido apalizados por Estados Unidos. No, los comensales no eran ni Corbalán, ni Epi, ni Iturriaga, ni Romay. Tampoco los estadounidenses que nos dieron el repaso eran Jordan, Ewing, Mullin y compañía…porque se trataba de 1960.

Juan Antonio Samaranch invitó en aquella cena a toda la delegación baloncestística española, en forma de felicitación por haber conseguido por primera vez en la historia nacional de nuestro deporte, pasaporte para unos Juegos Olímpicos: los de Roma’60. Samaranch era una especie de padrino desde los Juegos del Mediterráneo disputados en Barcelona cinco años atrás. Hito sin igual, que como veremos más adelante, sorprendió hasta el más pintado.

En Lugano nos enfrentamos al primer equipo mítico enviado por el país creador de este deporte a cualquier competición FIBA. Oscar Robertson, Jerry West, Jerry Lucas, Walt Bellamy, Bob Boozer o Adrian Smith disputaron un partido amistoso ante nuestra Selección. Un 91-59 bastante digno para las diferencias entre ambos equipos, hicieron a los españoles ver que lo nuestro era estar en pañales –aunque con enormes ganas de ir progresando-, cuando ese puñado de chavales universitarios y amateurs oficinistas de empresas petrolíferas de ligas de la AAU, jugaban casi a otra cosa.

Pero, más chulos que un ocho los nuestros. ¡Éramos olímpicos, oiga! Sobre todo en la cena, allí sentados, sonrientes, posando para algún improvisado fotógrafo, y comiendo lo que no estaba en los escritos. Porque días antes, sería justo decir que lo que se pasó, es mucho hambre.

El inicio de aquella aventura comenzó en el Palacio de los Deportes de Madrid, afincado en la plaza Felipe II. El mismo recinto que ha albergado este mes de Junio una de las finales ligueras más excitantes de los últimos años, fue inaugurado en aquella primavera de 1960 (23 de Mayo), con un encuentro amistoso de baloncesto entre España y Francia. Y aunque perdimos (53-55), la imagen fue bastante buena, contando que nuestros vecinos habían sido los cuartos clasificados en los últimos Juegos Olímpicos de Melbourne’56.  La Selección Española sufrió favorables aires de renovación, pues a los jóvenes  ya consagrados Emiliano, Buscató, Lluis Cortés, Alfonso Martínez, Martos o Sevillano, se les unirían unos ‘pipiolos’ llamados Lolo Sainz, Chus Codina, Bertomeu o Nora.

Y con ellos, nos embarcamos al Preolímpico de Bolonia en busca de una de las cinco plazas que daban acceso para completar los 16 participantes en los Juegos Olímpicos romanos. Antes de nada, de rigor sería decir que hubo dos bajas en Carlos Sevillano y sobre todo, la de Lolo Sainz, que se llevó uno de los sustos de su vida, al serle detectado una dolencia en el pecho,  que acabaría en cáncer de pulmón según la radiografía…que por error, pertenecía a  los órganos de otro paciente. Sin embargo, tal equívoco le valió para no viajar a Bolonia, haciéndolo uno de los mejores tipos y más serviciales durante muchos años en cualquier delegación española: el doctor Jorge Guillén, jugador del Iberia por aquel entonces.

Para situarnos un poco, comentar que la Selección tenía una media de estatura de 1.83 y que Martos con 1.95, era nuestro jugador más alto. Las victorias sobre Taiwan (83-55), Sudán (88-40) y Surinam (77-54) nos dieron la clasificación para la segunda fase del Preolímpico, como segundos de grupo, puesto que nos vimos derrotados como era de esperar, ante Checoslovaquia (64-42). Hay que pensar que los países del Este, en aquellos años tenían más físico, hombres muchos más altos y eran la avanzadilla europea en el deporte de la canasta.

Tras una jornada de descanso, vuelta al ruedo en busca de los dos partidos que restaban (Bélgica y Canadá), puesto que la derrota ante el otro clasificado, Checoslovaquia, ya contaba. Y con Bélgica, duro rival, posiblemente superior a los nuestros, pues a España le salió el partido (81-71). Fue el día de la exhibición de Emiliano (35 puntos) y muy bien acompañado por el resto. Y no quedó ahí la gesta, sino que al día siguiente, una Canadá en apuros, que perdió ante Bélgica en la fase previa y posteriormente con Checoslovaquia, se la jugaba frente a nosotros. Y les ganamos. No se sabe si era la ansiedad de unos y la gran confianza de los españoles, pero que con un 60-49, gracias a la victoria posterior de Bélgica (70-68), en un triple empate por la segunda plaza, nos clasificamos en aquel histórico para el baloncesto español 19 de Agosto.

De ahí el citado viaje a Lugano. Casi una recompensa y una manera de comer a gusto. Porque hambre en Bolonia pasaron nuestros deportistas de  verdad. La asignación del Comité Olímpico era de un dólar al día por deportista. Y por parte de la Federación Española de Baloncesto, presidida por el General Querejeta, haciendo una nueva muestra de pertenecer a “la cofradía del puño cerrado”, no hubo un céntimo más. O sea, que pizzas y muy escasas fue lo que ingirieron nuestros deportistas para llegar a los Juegos Olímpicos. Pero total, ¿para qué? Si estaba muy claro que no se iban a clasificar…o al menos eso se pensó.

Muy orgullosos y exultantes llegaron los nuestros a la Villa Olímpica buscando unas acreditaciones que no existían. Desde la Federación Española nadie cursó tales acreditaciones y por  lo tanto, sus habitaciones en la Villa Olímpica, porque nadie pensó que España podía clasificarse. Se ve que tampoco tuvieron tiempo después en el inpass de un torneo y otro. Tras muchas gestiones y mostrar que “mire Vd., es que nosotros jugamos mañana, que lo pone aquí, en el calendario”, se consiguió sitio y un comedor abarrotado de todo para comer lo que no se hizo en Bolonia.

Los Juegos comenzaron 6 días después de la clasificación en el Preolímpico, con el viaje a Lugano incluido. Y no sería ningún secreto decir que entre partidos, hambre pasado, cita en Lugano, susto inicial en Roma… los nuestros estaban fundidos. Aún así, se mantenía la ilusión por ganar, porque se corrió el bulo entre la expedición española, que si se lograba entrar en la fase final del torneo (entre los ocho primeros), la recompensa a cada jugador era una Vespa, motocicleta que causaba furor por las calles de Roma, y que con tanta gracilidad montaba Audrey Hepburn en el cine, en “Vacaciones en Roma”, enteramente rodada en la Ciudad Eterna.  Los directivos españoles, viejos zorros en arengar a la ‘tropa’, nunca desmintieron tal comidilla, aunque tenían muy claro que si no se había dado un plus para que los nuestros pudieran comer como verdaderos deportistas en Bolonia, menos aún iban a pensar en regalar una ‘scooter’ a cada jugador. El caso es que ahí les veías, cada vez que se cruzaban con un directivo, hacían porretas con los labios y el gesto con las manos sobre un manillar, imitando que estaban conduciendo una moto.

La primera experiencia olímpica no salió como se esperaba. Se debutó ganando a los correosos uruguayos (77-72) en la prórroga, para perder al día siguiente frente a Filipinas, lo que fue el principio del fin (82-84). Un encuentro bronco, donde nunca se cogió el ritmo y se tuvieron que aguantar las embestidas físicas de los filipinos. Lo del “karate-press” era verídico, al margen de hacer acciones impropias de un jugador de baloncesto, por el peligro que conllevan, como empujar a un jugador en el aire o ponerse debajo cuando alguien está entrando a canasta. En una de estas desgraciadas acciones, salieron lesionados tanto Navarro como Buscató. Y esta fue más importante, porque no volvió a participar en lo que restaba de campeonato, siendo nuestro mayor puntal ofensivo junto a Emiliano.

Al margen de la decepción por la derrota, la desilusión comenzó a hacer mella en el equipo que entrenaban Joaquín Ardebínez, Eduardo Kucharski y el que llevaba la voz cantante, Fernando Font en trío, perdiendo ya de forma ininterrumpida frente a Polonia (63-75), Méjico (66-80), Francia (48-78) y Puerto Rico (65-75), ganando un único encuentro en la penúltima jornada, ante Japón (66-64).

Decimocuarto puesto y cabezas gacha al volver a España en una aventura, que no dejó de ser histórica. Algo bueno sí se sacó: los boloñeses, impresionados por la manera de jugar de los españoles, contrataron a Eduardo Kucharski como su entrenador para la mítica Virtus de Bolonia. Aunque siempre quedará la duda, de no haber mediado la desgraciada lesión de Buscató, qué hubiese sucedido de haberse clasificado entre los ochos primeros y las soñadas Vespas.

 

Antonio Rodríguez en Twitter: @tonystorygnba

Puedes leer aquí Partituras Olímpicas (I): Testigos en Greensboro”

Puedes leer aquí Partituras Olímpicas (II): Disfrutando del calor de Los Angeles”

Puedes leer aquí Partituras Olímpicas (III): Presumiendo de Pódium Olímpico”

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