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jun 27, 2012

Enviado por en Blog Resultados NBA | 2 Comentarios

La Hora de Paniagua: Ethos

La Hora de Paniagua: Ethos

“No he venido aquí a ganar un solo título. Ni tampoco dos, ni tres, ni cuatro, ni cinco, ni seis”. (LeBron James, estrella de los Heat de Miami el día de su fichaje por el club de Florida).

Lo cual significa, euforias del momento aparte, que LeBron James vino a ganar al Sur de la península de Florida al menos siete títulos.

Así que, ahora que ha conseguido el primero, la pregunta ha de ser esta: ¿Es eso posible?. Yo diría que es muy, muy, difícil; extremadamente difícil. Pero no imposible. Nada es imposible cuando se trata de un jugador del calibre de este atleta superdotado y cuando ese prodigio tiene una compañía en el equipo que, desde el genial D-Wade hasta Haslem, pasando por Battier, esta vez sí, le han respondido adecuadamente.

Más aún; visto lo visto esta temporada del lockout, y sobre todo contemplando a los principales equipos rivales potenciales del Miami, esos siete anillos no parecen tan utópicos como cuando el hombre se sobró tanto encima de aquella tarima en Biscayne Boulevard desde la que anunció su llegada a los Heat y desde la que prometió lograr esas siete coronas.

De momento, LeBron James, otrora conocido como “El Elegido”, ya tiene una.

Y además la tiene ya de manera muy merecida; sin absolutamente nada que objetar. Solo cabe rendirse ante la evidencia y apuntar su gran, su enorme, contribución a la consecución de este título. Sin dejar de honrar a un equipo –y a un entrenador, que todo hay que decirlo- que le han ayudado mucho a conseguir esta hazaña. Una vez más se demuestra, como también pasó con el gran Michael Jordan en los Bulls de Chicago, que incluso los genios más preclaros en el arte de la canasta necesitan la ayuda de su equipo en este bendito deporte de equipo. Amén.

No descubro nada si digo que casi la inmensa mayoría de la Unión iba claramente con los Thunder de Oklahoma City en esta Final. Mejor dicho, iba contra los Miami Heat de LeBron James. Tal vez debido a la arrogancia de ese Elegido. Tal vez debido a su nada oculto egocentrismo. Tal vez debido a aquella infame “Decisión” en la que el muchacho nos televisó el anuncio de su fichaje por los Heat de Miami en una de las horas más infames de la tele deportiva de los Estados Unidos. Pero este Elegido ha demostrado en esta Final de 2012 que es un jugador superlativo. A mí no me cabe duda: estamos, y además claramente, ante un jugador que pasará a la historia de este deporte como uno de los más grandes. Sin duda.

La cuestión ahora es: ¿Cambiará a la imagen de LeBron James ante los millones de aficionados que le cuestionan todos y cada uno de sus movimientos dentro y fuera de la cancha tras este anillo?. La respuesta es no. Su imagen, para la mayoría de gente, no va a cambiar. Los que se sienten fascinados por su talento –mayoritariamente ubicados en el Sur de la Florida- lo estarán ahora todavía mucho más. Los que le desprecian –mayoritariamente ubicados en el muy noble y soberano Estado de Ohio, continuarán odiándole igual o más que antes. Para los que se supone que somos imparciales –que debemos de ser los menos- creo que este título sirve para borrar a LeBron James de esa lista de grandes jugadores que se retiraron sin conseguir un solo título en la NBA: Barkley, Malone o Stockton me vienen ahora a la cabeza, entre otros.

Y este título también ha de servir para despojarle de esa etiqueta de jugador incapaz de asumir la responsabilidad –o incluso de fallar estrepitosamente- en los momentos cruciales de los partidos importantes. Al contrario. LeBron ha llevado esta vez al equipo sobre sus hombros en no pocas ocasiones durante esta Serie Final ante los Thunder. Y ha dejado pocas dudas de que es, ahora mismo, uno de los dos o tres mejores jugadores del mundo.

Otra discusión, una que me da mucha pereza francamente, es si LeBron es –o llegará a ser- más o menos que Michael Jordan. Esta, que parece ser la discusión de todos los tiempos, a mí siempre me ha parecido una disputa muy banal. Siempre he sostenido que cada jugador tiene un tiempo y un espacio diferentes y que cada jugador, cada tiempo y cada espacio son diferentes. LeBron James es –y siempre será- LeBron James y Michael Jordan es –y siempre será- Michael Jordan. Me parece mucho más pragmático disfrutar de LeBron mientras podamos y dejar estas discusiones a las gentes verdaderamente sesudas y entendidas en esta materia.

En resumen, LeBron James ha triunfado. A lo grande. Con su equipo. Junto a su equipo. Algunos, no muchos, están felices por ello. Otros, la mayoría, no lo están.

Pero, para mí, lo más importante de este primer título de LeBron James no radica en esa felicidad, o en esa rabia, de algunos. Lo importante para mí es que este anillo significa el principio de un viaje.

Contemplo este título del Miami de LeBron James, conquistado en este año del Señor de 2012,como una suerte de viaje iniciático. Contemplo este anillo como la transformación de un jugador habitualmente centrado en sí mismo; el cambio de un atleta sublime perteneciente a esa estirpe de deportistas capaces de ponerse un 10, sobre 10, para evaluar su temporada y de ponerle un 9 a su equipo sin que se les mueva un solo músculo facial.

Contemplo este título del Miami de LeBron James como un ethos: el cambio de un jugador egoísta en un jugador muy centrado y decidido a ser un verdadero líder en la cancha. En gran medida, se trata de un ethos muy similar al de Kobe Bryant, la estrella de los Lakers de Los Ángeles. Con la particularidad de que, como es obvio, Kobe tuvo mejores compañeros de equipo al principio de su gran y maravilloso viaje.

Contemplo, en fin, este título como la plasmación de una de las poquísimas máximas en las que siempre he creído en el mundo del deporte; de cualquier deporte: sin madurez, el talento, incluso un talento descomunal como el de Lebron James, nunca es suficiente.

 

Miguel Ángel Paniagua (publicado en GIGANTES)

Miguel Ángel Paniagua en Twitter: @pantxopaniagua

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