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may 10, 2012

Enviado por en Blog Resultados NBA | 1 Comentario

Greg Oden, Chris Mullin y el alcohol: ¿Vidas paralelas?

Greg Oden, Chris Mullin y el alcohol: ¿Vidas paralelas?

Un señor de sonrisa permanente trabajaba como agente de aduanas en el aeropuerto de New York.  Y esperaba paciente la llegada de un amigo de la casa. En torno a la cincuentena, Rod Mullin recibía siempre  aquel amigo llegado de España, Josep Lluis Cortés. Un entrenador de baloncesto, inseparable tipo siempre al lado de Antonio Díaz Miguel, al que abría las puertas de su casa de mil amores en la primera cena en la ciudad. Rod Mullin era un católico de modestas costumbres, entregado a una familia, con su esposa Eileen  y sus cinco hijos: Terrence, John, Roddy, Kathy y por supuesto, Chris Mullin.

Recuerdo a Lluis Cortés hablarme sobre esa familia tan unida, tan adorable. Su hijo Chris, era por aquel tiempo, estrella nacional de baloncesto, pues cursó sus estudios en la afamada universidad neoyorquina de St. John’s.  De hecho, llegó a ser nombrado “Jugador del año” en Estados Unidos junto a Pat Ewing en 1985. Sus fundamentos eran perfectos. Su tiro, un rito actual de todo aficionado, consistente  en suspirar cada vez que lo vemos en vídeo. Hace 27 años, producía éxtasis en sus fans y admiración en los degustadores de nuestro deporte.

Aquel Chris Mullin fue elegido por Golden State Warriors en el draft de 1985. Y nunca olvidará los más de 2 minutos de ovación, que recibió desde las gradas del Madison Square Garden la primera vez que visitó tal santuario con la elástica de los Warriors. Chris era –y es- una persona extraordinaria. Nunca tuvo un reproche de compañeros o rivales. Sin embargo, Oakland estaba al otro lado del país. Al otro lado de sus lazos familiares. Y un tipo de tales características humanas, cayó en las garras del alcohol. De la cerveza, más concretamente. En su tercera temporada, su disfunción vital era tan evidente que tuvo que pactar con Don Nelson el hecho de ingresar en un centro de desintoxicación, cuando el bueno de Don, general manager del equipo por aquel entonces, detectó el grave problema. Dicen que encontraron una caja de cervezas bajo su cama en su apartamento. La NBA es fantástica, pero un infierno cuando vienen mal dadas. Curiosamente, acentuado por los sacos de billetes que suelen rodear a sus jugadores.

El pasado miércoles saltó la noticia que Greg Oden, el jugador de Portland Trail Blazers, ha sido víctima del alcoholismo también. Un tipo tímido, entrañable, racional, también de costumbres sencillas, que conocía sus límites y disfrutaba lo que tenía. Él se contentaba con ir una vez por semana a un restaurante ubicado en el campus de Ohio State, donde cursó un año universitario, porque tenían un plato de salmón que le encantaba. Por sus límites monetarios, solamente eso: una vez por semana.

Greg Oden, desde que fue seleccionado como número uno del draft en 2007, ha disputado 82 partidos. O sea, en 5 temporadas ha disputado el equivalente a una. Lleva desde Octubre de 2010 sin jugar un solo segundo. Cinco veces ha pasado por el quirófano, incluidas 3 microfracturas en sus rodillas son su currículum, más que las estadísticas que haya realizado. Eso sí: ha ganado más de 30 millones de dólares en este periplo.

Admite que su primo organizaba fiestas con mujeres y mucho alcohol, a las que se veía arrastrado. En 2009 llegó a confesarse un alcohólico. Como  Chris Mullin. La NBA vuelve a ser cruel. Oden parecía ser una reedición de Bill Russell sobre una pista de baloncesto. Sobre una vida de un jugador NBA, a pesar de sus virtudes como ser humano, no tuvo una base sólida como para combatir sus depresiones, que acabaron en una botella como indispensable compañía.

Quizás, cualquiera de nosotros hubiésemos seguido esos dramáticos pasos en una situación similar. El caso es que la formación personal es fundamental.  Y ahora pienso que muchos de éstos chicos que ingresan en la NBA, ven la NCAA un paso de un año obligatorio para dar el salto. Quizás el campus, los estudios, los tutores y sus exigencias se conviertan en un apoyo con una solidez que no llegaron a conocer previamente en sus vidas. Y si se desprecia, ni posiblemente lleguen a conocer.  Recuerdo un dato que mi compañero Antoni Daimiel dio hace un par de años sobre la sociedad afroamericana: el 80 % de ellos, menores de 17 años, eran criados por sus abuelas. Devastadora radiografía de un sistema muy lastrado.

Viendo con lupa los estudiantes-atletas de la actualidad, quizás empiece a tener más sentido el primer sustantivo que el segundo. A lo mejor no se trata de estadísticas en una pista, ni posiblemente unas buenas calificaciones en sus boletines de notas y sí de lo que un campus quizás ofrezca como tal: convivencia, compañerismo, madrugones, fiestas, y encontrar referentes y modelos para su devenir futuro, sean entrenadores, tutores o compañeros. No son perfectos, pero quizás lo que más se acerque hoy día a construir una personalidad que sepa sobrellevar los infortunios futuros, recalcando los de la NBA.  Porque un tipo como Chris Mullin llegó a ver su trágica cara oculta. Sin embargo, también supo salir y convertirse en alguien de mucho éxito en poco tiempo. Esperemos que a Oden la fortuna tenga un hueco para él.

Antonio Rodríguez en Twitter: @tonystorygnba

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