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may 20, 2012

Enviado por en Blog Resultados NBA | 1 Comentario

Are you ready?

Are you ready?

Arlene Daag era una veterana profesora del instituto Farragut de Chicago durante el verano de 1995. En los últimos días de primavera, durante la eliminatoria entre Chicago Bulls y Orlando Magic, junto al cambio de número de Michael Jordan, recuperando su histórico “23” y aparcando definitivamente el “45”, tal centro académico fue objetivo de muchos periodistas y el punto más convulso de toda la ciudad.

Un joven estudiante de sus aulas llamado Kevin Garnett, dando una rueda de prensa llena de tópicos de los que había oído a los deportistas en televisión, en una pizzería de la zona llamada Home Run  Inn, anunciaba que iba a dar el salto a la NBA. Tenía 18 años. Arlene Daag, sin saber nada de la mejor liga del mundo, preguntó a algunos de los periodistas allí citados, qué tipo de programas de orientación para rookies se daban en la NBA, al margen de uno que había oído de 4 días de duración antes del inicio de la competición, que le parecía insuficiente.

La pasada semana, con la columna de Steve Kerr, tocamos el tema de cómo un jugador pudiera estar más preparado a la hora de llegar a la NBA. En esta semana, nos preguntamos algo más sencillo: ¿realmente están preparados?En esta semana, nos preguntamos algo más sencillo: ¿realmente están preparados?

Jim Chones fue un ala-pívot de 2.11 que firmó en 1972 por los New York Nets de la ABA, tras permanecer tres años en la universidad de Marquette. Este jugador, procedente de Racine, Wisconsin, estando en el instituto, tuvo ofertas de reclutamiento de infinidad de universidades. Chones recuerda que una de las que más se interesó por él, era la universidad de Minnesota, entrenada por Bill Fitch. Sin embargo, para nada estaba interesado en firmar por Minnesota. “Si tú no vienes con nosotros, deberías jugar para Al McGuire en Marquette” le confesó Fitch, que curiosamente, acabó siendo su entrenador en Cleveland Cavaliers años más tarde.

Al McGuire fue a visitarle a su residencia para entrevistarse personalmente. La vivienda era deprimente. Viejos tablones de madera con agujeros conformaban el suelo y desconchones en las paredes eran la decoración que llenaba la vista. Cuando acabó la reunión, Al le contestó sincero a Jim Chones: “Mira, nosotros queremos que vengas a Marquette. Yo podría hablarte sobre educación y otras cosas maravillosas que te pudiera ofrecer, pero la realidad para ti es que si tú vas a hacerme caso en todo lo que yo te diga, podrás ser un jugador profesional y abandonar toda esta mierda”. El padre de Chones quedó fascinado con McGuire, tipo que siempre tuvo un gran don de gentes. De entre las 200 ofertas que tuvo, finalmente se decantó por Marquette, entre otras cosas porque estaba a 40 kilómetros de casa.

Después del primer año en la universidad, su padre falleció y su madre trabajaba en un restaurante, haciendo ensaladas. En su segunda temporada, tuvo buenos números y destacó claramente a nivel nacional. El equipo de la ABA Virginia Squires le hizo una oferta que Al McGuire le hizo saber, puesto que uno de los directivos era Gene Smith, amigo personal de Al. “Te ofrecen un millón de dólares por cuatro años. La he rechazado”. Chones se quedó perplejo. “¡Coach, eso es mucho dinero! Conozco multitud de chavales que por 20.000 $ anuales están trabajando en la mina y están muriendo por problemas respiratorios”. Chones era un buen estudiante, mejor que muchos de sus compañeros. Le gustaba estudiar, pero sabía que necesitaba dinero para su familia. La respuesta de Al McGuire fue clara: “Ahora mismo, el dinero no es la cuestión. Yo prometí a tu padre que te prepararía para que llegaras a ser profesional, y voy a mantener esa promesa.  Mentalmente, tú no estás preparado para el baloncesto profesional. Vamos a ganar muchos partidos contigo o sin ti, pero no voy a dejar irte hasta que estés preparado. Y necesitas un año más”.

Tras aquella tercera temporada, siendo junior, firmó con los New York Nets de la ABA en 1972. Un millón y medio de dólares durante seis años, repartidos de la curiosa manera que solamente la ABA podía hacerlo. Jim Chones recuerda que en aquella primera temporada no jugó nada bien. “Tenía 20 años, era muy inmaduro y no congenié en absoluto con el estilo de vida neoyorquino. No tenía ningún Al McGuire a mi lado para cuidarme. Estaba jugando con un puñado de jugadores que jamás habían ganado 25.000 dólares por temporada en sus vidas. Y ahí estaba yo, con el contrato del millón de dólares. No me hice popular precisamente. Necesitaba estabilidad y no encontré ninguna. La prensa me decía que yo ganaba tanto como Lew Alcindor, y que debía ser tan bueno como él. Toda esa presión sirvió para que hiciera las cosas aún peor. En Marquette, era Al quien trataba con los de la prensa y los mantenía alejados”.

Chones poco a poco consiguió aclimatarse al ritmo NBA, consiguiendo buenos logros colectivos con Cleveland Cavaliers, llegando en 1976 a la Final de conferencia y ganó en 1982 el título con los Lakers, siendo el lugarteniente de Abdul Jabbar, saltando desde el banquillo. Sin embargo, nunca fue la estrella que se le auguraba.

Harvey Araton es un prestigioso periodista del New York Times, que pidió permiso para estar presente en el programa de 4 días que dispone la NBA para sus rookies en el mes de Septiembre. Araton también fue testigo de la rueda de prensa en la que Kevin Garnett anunció  su salto a profesionales.  Allí, a los jugadores se les ponían en diferentes situaciones que se pudieran encontrar. En una de ellas, una situación ficticia, se inventaron un base llamado Marvin Davis, que tenía un hermano adicto a las drogas, que permanentemente le mendigaba dinero. “¡Ellos me matarán!”, rogaba el presunto hermano de Davis, refiriéndose a los traficantes, mientras suplicaba de rodillas al otro actor. Cuando apareció el moderador, quiso saber las opiniones de los jugadores allí presentes. Únicamente Kevin Garnett, el más joven de todos, espetó “Él es un yonqui”. El moderador le recordó que era el hermano de Marvin. Garnett encogió los hombros y repitió “pero aún así, sigue siendo un yonqui”. Precisamente era la respuesta que los actores estaban esperando y que nadie dio, y el reconocer que jóvenes atletas saludables como ellos van a ser objetivos naturales para ser explotados.

Es curioso ver cómo Kevin Garnett con sus 18 años, estaba preparado para su futura e itinerante vida de la NBA, con todas las presiones que conllevan, con su ritmo vertiginoso y los reclamos de  innumerables “aficionadas” que estarán esperándoles en las puertas de los hoteles.

Por supuesto que no hay una edad para designar si un chaval está o no preparado. Estos dos ejemplos son jugadores que en definitiva, han tenido éxitos en sus vidas, aunque Chones no conociera las mieles del triunfo como aún está haciendo Garnett. En la NCAA, hay jugadores que en sus primeros botes, ya demuestran que saben jugar a baloncesto y que por capacidad, lo pudieran hacer en la NBA. Ver a Jeremy Lamb, Jared Sullinger o en su momento a Zach Randolph o Carmelo Anthony, es ver claramente un jugador de baloncesto con todas las letras, aún teniendo 18 años. Sin embargo, la preocupación de la profesora Arlene Daag no es en vano.

Sí quisiera matizar es que no creo conveniente comparar a los jóvenes estadounidenses que quieren dedicarse al baloncesto de manera prematura, con los jugadores de tenis, que a muy temprana edad están compitiendo en el circuito profesional. Sin querer generalizar, es un hecho que la mayoría de estos chicos proceden de familias muy estables social y económicamente. Algunos de ellos, de clases muy altas. Algo muy alejado del chaval, sobre todo de raza negra, criado en Estados Unidos. La estabilidad que tuvo Grant Hill en su infancia y adolescencia es un “rara avis”, por desgracia, en la NBA.

Y todo esto afecta al juego y a la calidad de la competición, que al fin y al cabo, es lo que nosotros apreciamos a 10.000 kilómetros de distancia. Viendo los “playoffs” esta temporada, todavía valoro la enorme calidad, física como técnica, unida a una gran intensidad en el juego, de sus partidos. Una buena base es una buena garantía que este espectáculo continúe a este nivel.

Antonio Rodríguez en Twitter: @tonystorygnba

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