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abr 24, 2012

Enviado por en Blog Resultados NBA | 1 Comentario

El legado de “Atomic Dog” Norris

El legado de “Atomic Dog” Norris

Aterrizó con su cara tímida, traje de fibra veraniega con camiseta, junto a su inseparable esposa, en el aeropuerto de Barcelona. Pruebas médicas y a posar con un gorrito de los de bola con el escudo del F.C. Barcelona. Lo primero que llamaba la atención tras su llegada a la Ciudad Condal era su cara de buen chicoy que al extender la bufanda azulgrana, sus brazos eran interminables.

Audie Norris llegó a España para hacer felices a los aficionados del Barça, a los aficionados al baloncesto. 25 años después de aquella venida, todavía uno mantiene la respiración entrecortada cuando se le entrevista. Sí, estuvo en “Tirando a fallar” uno de los mayores mitos.

Que llegó una perla a nuestra liga, se sabía desde los primeros días. Muy inteligente, receptivo y fácilmente aclimatable a cualquier ambiente. Epi recuerda que al igual que la gran mayoría de sus compatriotas, apenas había probado el marisco en su vida y muchos de ellos, se iban aún sin hacerlo, “él, a las pocas semanas, ya sabía lo que eran gambas, langostinos, cigalas…y sabía comerlo muy bien”.

Un verano antes aterrizó en Madrid, junto a su compatriota Dale Solomon, compañero en la Benetton Treviso. No llegar a un acuerdo económico, les hizo regresar al norte de Italia. El Barcelona y Aíto tuvieron más decisión por llevarse a este gigante de 2.06, aunque la sombra de sus rodillas de cristal planeaba sobre ellos.

El verano de su fichaje – 1987-, a consecuencia del lockout de la NBA, no había ligas de verano y cierto entrenador español viajó a Estados Unidos en busca de sus foráneos en unos campamentos que organizaban los propios jugadores para jugar partidos entre ellos y que les sirviera de escaparate. Recuerdo que aquel entrenador me confesó que vio a Audie con unos cuidados extremos en sus rodillas tras los partidos. Éste, lo más amablemente posible, le dijo que de eso que estaba viendo, ni una sola palabra en Barcelona. Esas rodillas guardaban títulos.

Sí, Norris siempre irá ligado a sus rodillas de cristal. Le mantuvieron apartado durante meses de la competición. En algunas ocasiones, las lesiones eran tan desesperantes que si no fuese por el apoyo de su mejor amistad, su esposa, no hubiese salido de ellas con el entusiasmo que mostraba. Porque eso sí: en los playoffs él estaba. Y sirvió para ganar tres ligas de forma consecutiva. Y dos Copas del Rey. Y una Supercopa. Pero no una Copa de Europa.

Audie Norris, por momentos, dominador del baloncesto europeo, se topó contra una pared inexpugnable llamada Final Four. Y en Zaragoza, una tarde abril de 1990, vio sus límites y los de su equipo. En la gran final jugando bien, demostraron todo su potencial…pero aún así fueron derrotados por una pandilla de chavales que venían desde Split, ya consagrados por ser campeones un año antes, que simplemente eran los mejores. Y un año después en París, se volvió a intentar, pero un Norris limitadísimo no pudo ayudar. Se dislocó el hombro en el partido de semifinales ante Maccabi Tel Aviv y cuando en la final debía alzar su brazo derecho, el de tiro, ese hombro le producía tales dolores que le daban deseos hasta de llorar.

Sin embargo, lo que el gran aficionado recuerda son sus enfrentamientos al Real Madrid, a Fernando Martín. Andrés Montes me decía que uno frente al otro eran jugadores sucios, duros y sucios. Cualquier treta, cualquier artimaña, servía para derrotar a su contrincante. Y había de todo. En las finales y en las no finales. Aunque fuesen partidos de pretemporada. Era un sello, un estandarte de esta liga cuando rivalizaban por la posición en la zona. El mayor odio deportivo trasladado en una pista, que se transformaba en sublime respeto fuera de ella. Por eso, Audie acudió al funeral de Fernando.

Por eso, Audie lloró amargamente en el funeral de Fernando. Se fue de España en 1993 y tras asegurar por una fuerte suma de dinero sus rodillas, acabó sus días en el Peristeri griego, junto a otro de los amigos de España: Lance Berwald.

Con el tiempo, uno piensa que con cada asistencia desde poste bajo, sus mates contundentes yéndose por línea de fondo con un pivote tan perfeccionado como imposible detener para cualquier rival, fue dejando caer semillas de su calidad por el parquet del Palau Blau Grana. Y fueron germinando. Y claro, uno ve a Marc Gasol, sus media vueltas en suspensión, sus pases, su conocimiento del juego, su fiereza reboteando…y sí, creo que Norris dejó una huella marcada en aquella pista.

Audie Norris. Formar ejércitos en busca de su autógrafo 25 años después explica todo. Que con su futuro campus para pívots siga inculcando su grandeza. Estampa de una generación que se rindió a él, logotipo de una liga que creció con él.

 

Antonio Rodríguez en Twitter: @tonystorygnba

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