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mar 28, 2012

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La hora de Paniagua: El rey Lear en el sur de California (5ª Parte)

La hora de Paniagua: El rey Lear en el sur de California (5ª Parte)

Mi amor a su majestad es el que debe ser, ni más ni menos. (“El Rey Lear”, de William Shakespeare).

ACTO IV.- EL AMOR.

El Doctor Jerry Buss siempre tuvo muy claro cuál de sus hijos le sucedería al frente de la operativa del club. Su hija Jeanie. Sin embargo, el doctor cambió su decisión en un momento concreto y preciso. Y ese cambio en el puesto más importante y decisivo del organigrama de los Lakers vino dado por un hecho que es puro Shakespeare. Amor, supuestas traiciones y finalmente, venganza. Sin olvidar, por supuesto, el dinero. Ese cambio de opinión de Jerry Buss puede marcar el devenir de la franquicia de los Lakers durante los próximos años.

JEANIE: El plan de sucesión del Doctor Jerry Buss al frente de los Lakers descansó durante mucho tiempo en Jeanie, la hija mayor del Doc. “Tiene la preparación, la ambición y el carácter para ser mi sucesora”, decía Mister Buss en 1999. “Mi padre me ha preparado para asumir este puesto [el de ejecutiva máxima del club]“, comentaba Jeanie por aquellas fechas.

Es cierto que la relación entre el padre y su hija y heredera tuvo algún que otro contratiempo. En mayo de 1995, Jeanie posó para la revista Playboy fotografiándose, desnuda, encima de la mesa de despacho de su padre. De hecho, el Doctor siempre ha dicho que ese ejemplar es el único de la revista dirigida por su gran amigo Hugh Heffner que no ha visto, ni verá, jamás. Pero, al fin y al cabo, que Jeanie posara para la revista del tito Hugh es como para cualquier joven del Eixample de Barcelona posar en el álbum de fotos de su tío Manel. El Doctor Buss no consideró aquello un pecado capital sino, más bien, un pecado de juventud.

Cinco años después, sin embargo, se abrieron los cielos y cayó un manto de ceniza sobre la Casa Lakers. Justo en 2000, hubo otro fuerte encontronazo entre padre e hija. Aunque esta vez fue por un asunto mucho más romántico: por amor. Jeanie empezó a salir con el empleado más notorio de su padre, Phil Jackson, el entrenador de los Lakers. Por supuesto, la hija le comentó a su padre, antes que a nadie, su relación con el Míster del equipo. En principio, en la superficie, el doctor no puso objeciones a que su niña predilecta saliera con Jackson. De hecho, le comentó a su hija algo que luego ha dicho muchas veces en público: que siempre pensó que Jeanie “acabaría viviendo en pareja con alguien bastante mayor que ella”.

Pero el Doctor Buss, a pesar de sus múltiples affairesconmuchachas varias decenas de años más jóvenes que él a lo largo de su vida, consideró aquello una afrenta; una traición imperdonable por parte de Phil Jackson. (De hecho, es cierto que fue Phil quien se declaró a Jeanie y no al revés). Pues bien, a partir de ese momento preciso, la relación entre ambos, dueño y entrenador, se quebró para siempre.

De ese modo, lo que lo se suponía que iba a ser una suave transición de poder entre el Doctor y su hija y heredera, se convirtió en una situación explosiva en la que Mr. Buss debería ceder su trono no solo a su hija sino también a su famoso –y obviamente poderoso- novio. El mismo tipo que nunca respetó a ninguno de los hijos varones de su patrón y que incluso se mofaba abiertamente de la supuesta minusvalía intelectual de alguno de ellos. La relación entre el Doctor y el entrenador fue, a partir de entonces, superficialmente cordial, faltaría más, pero la distancia entre ambos era sideral.

El Doctor Buss pensó entonces que darle a su hija el control de los Lakers suponía darle el control también a Phil Jackson. Porque, de hecho, la dupla Jeanie-Phil se convirtió, automáticamente, en una pareja de poder –y con poder- y esa es una situación políticamente muy explosiva en cualquier organización.

El Doctor decidió entonces cambiar de rumbo y hacer una apuesta muy arriesgada. Decidió que sería Jimmy, su segundo hijo varón, el que le sucedería al frente de la nave de los Lakers.

Además, al dejar en manos de Jimmy, un exdrogadicto y exalcohólico bastante menos preparado que su hermana para la tarea encomendada, el Doctor Buss ordenó también, aunque eso sí de manera muy implícita, borrar cualquier vestigio de Phil Jackson en el club. Táctico, técnico, organizativo, ornamental o de gestión. Cualquiera.

Los Lakers se embarcaron entonces en un viaje hacia lo desconocido con consecuencias absolutamente imprevisibles al día de hoy. (Continuará).

 

Miguel Ángel Paniagua (publicado en Gigantes)

Miguel Ángel Paniagua en Twitter: @pantxopaniagua

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