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mar 26, 2012

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Kansas-North Carolina, cimientos y ornamentos en la historia del baloncesto

Kansas-North Carolina, cimientos y ornamentos en la historia del baloncesto

ASÍ ESTÁ EL BRACKET (CUADRO)

¿Sabías que de James Naismith, inventor del baloncesto, a Vince Carter, hay tan sólo dos pasos? Pues sí. James Naishmith, cuando aceptó su trabajo en la universidad de Kansas, aceptó ser entre otras cosas, el entrenador del joven deporte del baloncesto que él mismo había inventado. Lo que al bueno de Naismith se le escapaba de las manos, era el prisma competitivo con el que veían en Kansas este deporte, sobre todo su asistente, “Phog” Allen. A Naismith le desagradaba que se perdiesen los principios lúdicos que para él eran pilar fundamental. Allen, uno de los grandes nombres del baloncesto estadounidense (el vetusto pabellón de Kansas, el Allen Fieldhouse, lleva su nombre), tuvo a uno de sus jugadores más destacados, más inteligentes y más apasionados por este deporte,  en un chaval de mirada avispada llamado Dean Smith, que posteriormente se hizo entrenador. Y triunfó en North Carolina. Y triunfó tanto, que consiguió 897 victorias, en 1997 récord de cualquier entrenador en la historia de la NCAA. Récord apoyado en un hombre como…Vince Carter, escolta en su quinteto titular.

De los cuatro personajes de esta mini historia, repasemos: Kansas-Kansas-North Carolina-North Carolina. Los lazos entre ambas universidades son notorios. ¿Quieren más? Seguimos hablando de asistentes de míticos entrenadores. Dean Smith  tuvo dos fieles lugartenientes durante muchos años: Bill Guthridge, su relevo cuando  se retiró y Roy Williams, que  se fue tras una oferta muy tentadora de…Kansas. Fue en 1988, tras haber sido campeones meses antes, liderados por Danny Manning y el polifacético Larry Brown. El propio Brown habló en Kansas de Roy Williams, porque ¿adivinan la procedencia de Brown? Efectivamente, North Carolina.

Hoy, Roy Williams no entrena en Kansas, sino en North Carolina. Polémica decisión que en el verano del 2003 trajo muchas críticas. Pero volver a casa siempre tira mucho. Roy Williams se enfrentó en dos semifinales nacionales a su mentor, Dean Smith: en la Final Four de Indianapolis’91, le ganó la partida. En New Orleans’93 fueron los  Tar Heels quienes no podían perder, porque les deparaba en la final, uno de los momentos más recordados de la historia de la NCAA: el tiempo muerto de Chris Webber. Y North Carolina, de este modo, se proclamó campeón. Y anoche volvió a disputarse un nuevo capítulo de este duelo. Y la derrota (80-67) fue especialmente dura para Roy Williams. Su temporada fue ligeramente decayendo, tras partir como número uno de la nación en pretemporada.

Ante el lockout de la NBA, ellos eran el espectáculo nacional. Contaban con una de las mayores estrellas nacionales, Harrison Barnes, futura estrella NBA con toda seguridad;  uno de los hombres altos más polivalentes, John Henson y quizás el pívot con mayor progresión, Tyler Zeller. Tras una decena de partidos, llega la inesperada derrota ante Nevada Las Vegas y le siguió otra muy ajustada en el Rupp Arena ante Kentucky, en uno de los mejores partidos de la temporada. Fueron humillados cuando visitaron las instalaciones de Florida State y superados por un triple sobre la bocina de Austin Rivers en su propia cancha, en el duelo más famoso de todo el país: ante Duke.

Aún así, a pesar de la lesión en la muñeca de  Henson, el equipo llegaba sólido a este torneo. Hasta que en una aciaga noche ante Ohio en semifinales regionales (necesitaron la prórroga para vencer a tan discreto programa), la muñeca derecha su uno de sus vértices, el base Kendall Marshall, se fracturó en un lance del juego. Se perdió la credibilidad. Marshall no es nadie destacado ni descollante de cara a un futuro profesional. Pero sabía contentar a todos sus compañeros y hacerles auténticos gigantes.  North Carolina ha tenido destacados bases a lo largo de su historia: Jimmy Black, King Rice, Ed Cota, Raymond Felton…pero nunca tuvo un segundo base de garantías. Por ello, sin Marshall, la plantilla estaba por descubrir a qué altura tenían el techo. Porque  lo tenían.  El cielo estaba demasiado lejos. Llegó con Kansas.

Kansas ha sido todo lo contrario. Su entrenador, Bill Self, al que aupó a esta universidad al título en 2008, no esperaba gran cosa. Sabía frente a qué equipos ganar y tenía claro con los que iba a perder. Cuenta con una plantilla veterana  y poco dada a decepciones. Y sin sorpresas, fueron claramente superados por Kentucky en el Madison Square Garden, y en dos ocasiones  por la mayor sorpresa del año: Missouri. Pero poco a poco iban creciendo. Y liderados por  el ala-pívot Thomas Robinson, uno de los mejores físicos del país, con la tranquilidad de trabajar sin desgracias ni sobresaltos (la pasada temporada perdió a su padre y su madre en un periplo de dos semanas), con un veterano base de los de la vieja escuela, como Tyshawn Taylor, rodeados por unos compañeros disciplinados, dieron anoche su mejor versión.

El destino es caprichoso y parecía como si  tuviese reservado un lugar de privilegio a Kansas esta temporada. Con la muñeca dañada de Marshall, no había más historia que las lágrimas de Stilman White, el inexperto base que tuvo la obligación de suplirle, en la posterior rueda de prensa. Este capítulo se acabó para ellos. Depende de sus jugadores si quieren ser campeones la próxima temporada. De su mano está ser los máximos favoritos desde hoy. Para Kansas, la oportunidad de hacerse grandes en un tiempo que no lo esperaban.

Antonio Rodríguez en Twitter: @tonystorygnba

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