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feb 29, 2012

Enviado por en Blog Resultados NBA | 1 Comentario

La hora de Paniagua: El Rey Lear en el sur de California (1ª parte)

La hora de Paniagua: El Rey Lear en el sur de California (1ª parte)

“Al nacer, lloramos porque entramos en este vasto manicomio”. (“El Rey Lear”, de William Shakespeare).

Es sabido que El Rey Lear es una tragedia escrita por el grandioso escritor inglés William Shakespeare. En alguna ocasión he escrito aquí que siempre he pensado que en las obras de Shakespeare está recogida la vida misma: con sus grandezas y con sus miserias. Esta obra sublime –”ningún hombre escribirá jamás una tragedia mejor que Lear”, dijo de ella el escritor George Bernard Shaw- narra la trágica historia de un padre que divide su legado entre sus hijos de manera errónea y conduce con ello a la perdición del reino y a la de sus seres más queridos.

Pero, en realidad, la tragedia del Rey Lear sigue estando muy vigente.

Porque, ¿qué es sino una variación del Rey Lear la conocida obra “El Padrino”? Mario Puzo, el fallecido autor de la maravillosa novela, al igual que el director de la saga cinematográfica homónima, Francis Ford Coppola, siempre nos dijeron que su magnum opus sobre la Familia Corleone era la tragedia del Rey Lear trasladada a una familia mafiosa del Nueva York de los años de postguerra.

La tragedia del Rey Lear tiene incluso vigencia en la NBA moderna. Porque, ¿qué es sino una variación de la tragedia de Lear la increíble saga de los Lakers de Los Ángeles durante estos últimos tiempos?

La pregunta de los 64,000 dólares que me está haciendo todo el mundo estos días, desde mi quiosquero hasta el nieto de mi vecino que es fan de los Raptors de Jose Calderón, es si Pau Gasol será traspasado o no. Mi respuesta es siempre la misma: por una cuestión exclusivamente financiera –”nothing personal, just business“- Gasol es el objetivo prioritario para ser cambiado si es que finalmente los Lakers se deciden a ejecutar un traspaso que les parezca rentable y productivo para su futuro inmediato. Probablemente ese traspaso no ocurrirá esta temporada pero, salvo cambio radical de estrategia en la Casa Lakers, los días del jugador español más reconocible de todos los tiempos en el legendario club angelino están contados.

El trato de los Lakers hacia Gasol no es ni mejor ni peor que el que dan otras franquicias a otros jugadores que no son sus jugadores referentes, por cierto. Pero, desde luego, es difícil que una franquicia de la NBA trate peor a un jugador que sin ser su jugador más ilustre sí que es directamente responsable de muchos de los éxitos recientes de su club.

De todos modos, la cuestión principal en esta historia no es el traspaso de Gasol en sí: al fin y al cabo eso es parte del negocio en la NBA y todos saben a lo que juegan cuando firman esos contratos garantizados tan estratosféricos, pero que poseen ese singular punto fáustico de entrega de tu cuerpo y de tu alma a la Liga NBA. El problema principal radica en que este comportamiento de los Lakers hacia Pau Gasol describe una patología grave en un club que ya de por sí suele tener una peligrosa tendencia a la disfuncionalidad. La cuestión principal, por lo tanto, será discernir hasta dónde llega la metástasis. Porque la enfermedad de los Lakers está perfectamente identificada y resulta familiar para todo aquel que haya leído un poco a William Shakespeare: los Lakers viven en sus carnes la tragedia del Rey Lear.

El Doctor Jerry Buss –que se autodenomina así porque lo es en Ciencias Químicas- llegó desde el estado rural de Wyoming al bullicioso Sur de California a mediados de los años cincuenta del siglo pasado. Su objetivo era estudiar Químicas en la USC, la Universidad de California del Sur. Y es cierto que el hombre logró su objetivo y se doctoró con buena nota. Pero, a decir verdad, tuvo poco tiempo de aplicar sus conocimientos sobre Química Inorgánica en el mundo laboral. A los 26 años empezó a ganar (mucho) dinero con el negocio de la construcción y unos veintitantos años más tarde, concretamente en 1979, le compró los Lakers, los Kings de hockey, el Fórum de Inglewood y un rancho al difunto Jack Kent Cooke por el nada módico precio de 68 millones de dólares de la época. Además, el Doctor Buss compró todo eso en efectivo, algo inaudito en el mundo de las transacciones financieras deportivas en los Estados Unidos. Un dato reciente que sirve como referencia, por cierto: la revista Forbes, en su edición del mes de enero de este año, tasó a los Lakers –solamente a los Lakers- en más de 950 millones de dólares.

Hace solo unos pocos años, un Jerry Buss ya crepuscular reunió a sus seis hijos uno por uno, los cuatro varones y las dos chicas nacidos en dos matrimonios diferentes. A cada uno de ellos le ofreció vender el club y repartir los beneficios a partes iguales entre todos. La alternativa a ese reparto de plusvalías era mantener el club en la familia y distribuir las tareas ejecutivas y de gestión entre ellos. Ninguno de los seis quiso aceptar el dinero y olvidarse de los Lakers. De modo que el Doctor Buss decidió repartir su legado entre sus hijos.

Y entonces, en ese preciso instante, la tragedia del Rey Lear volvió a cobrar vida en el Sur de California. (Continuará)

 

Miguel Ángel Paniagua (publicado en Gigantes)

Miguel Ángel Paniagua en Twitter: @pantxopaniagua

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