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feb 2, 2012

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Copa del Mundo 2014: Un aroma que ya nos suena

Copa del Mundo 2014: Un aroma que ya nos suena

Por Antonio Rodríguez

“Hay Copa del Mundo de rugby, hay Copa del Mundo de fútbol y ahora habrá Copa del Mundo de baloncesto”.  Estas eran las explicaciones de Patrick Baumann, secretario general de la FIBA el pasado Jueves, durante la presentación del próximo Campeonato del Mundo en 2014, que se celebrará en nuestra geografía, para retocar su nombre por lo de “Copa del Mundo”. Como diría un castizo como Luis Aragonés “ese no es el tema”. Porque en España, lo de esa nomenclatura, pues que somos muy nuestros, señor Baumann. Y aquí se nos llena la boca cuando decimos la siguiente palabra: MUNDIAL. ¡Y tan anchos, oiga! ¿Qué es lo que ganó España? El Mundial. Iniesta… el Mundial. Y trasladado a baloncesto, uno en su niñez, conoció lo del Mundial a través de radio y madrugones, con aquello que se disputaba en Colombia. Pero entre los medios especializados y sobre todo una publicación, créame que sagrada por aquel entonces, llamada “Nuevo Basket”, encargados de hacer la guía del evento, se acuñó un sustantivo que nos sonaba a música celestial: Mundobasket. O sea, que en este país y espero que por muchos años, el concepto que utilizaremos será el de Mundial o Mundobasket. Pues porque somos así.

Reconozco mi devoción y cariño por esa palabra. Englobaba en 1986 el torneo que sin duda más he anhelado y con más expectación he esperado. Desde meses atrás, el “run run” ya era constante. Porque durante la excitante liga que todo aficionado al deporte seguía, puesto que el lector del “As” tenía tan claro que el Athletic había ganado en su catedral tanto como que el Licor 43 había vuelto a perder en casa, ya nos preocupábamos si alguno de los nuestros se lesionaba. Y nos dolía la espalda de Fernando Martín en Marzo tanto como a él, porque eso le podría influir en el Mundobasket. Y porque hacíamos colectas a través de cartas -sí, sí, de las de sello y caminito al buzón- para que volviera Corbalán.

Y las sedes y los pabellones eran elitistas para la época. Porque al “huevo” de Zaragoza, la Malata en Ferrol o al Ciudad Jardín de Málaga, se les vistió de etiqueta. Y el que estuviera vetusto, menudo lavado de cara que le hicimos. Que los Palacios de Deportes de Barcelona y Madrid pasaron por todos los tratamientos de belleza.

Y aquello dejó poso. Vaya si dejó. Primera vez que disputaban 24 selecciones el Mundobasket. Retransmisión de todos los partidos que había cabida en aquella TVE de 2 canales, y por si algo faltaba, programa con resumen de la jornada todas las noches, de una hora de duración. Locura de radios con enviados especiales por todas las sedes y la prensa, por supuesto que sus primeras 10-12 páginas iban dedicadas al tal Mundobasket. Y a continuación, el fútbol. Que estábamos en verano.

El pasado jueves Oscar Schmidt, el gran Oscar, desempolvaba todos aquellos recuerdos cuando Brasil nos derrotó en Zaragoza, en el partido decisivo, que nos obligaba a ganar a los soviéticos. Aquel día del “Antonio, ¡si tiro solo! ¡Pero es que hoy no me entran!” de José María Margall a Díaz Miguel en el descanso. Y Epi continuó aquella broma. Pero se quedó ahí. Un poquito de mirada de reojo de aquella experiencia sí que lo eché en falta de boca del presidente José Luis Sáez. En aquel 1986, los condicionantes sociales y deportivos de aquella España, hicieron que aquel Mundobasket fuese una fiesta como tal. No solamente nuestro equipo nacional, que por supuesto, aspiraba al oro. Sino que fue un festín en su globalidad. Y si le gustan los retos a nuestro presi, ahí tiene uno: empapar a la sociedad española a 2 años vista como lo hicimos 26 años atrás. A la manera que ha tenido la FEB en los últimos años, contando con los medios y los apoyos de hoy en día. Pero que nos impregnemos todos. Que su ilusión y la de todos cristalicen en éxito. Y que nos sea familiar, porque nos suene. Porque ya lo vivimos.

El Mundobasket España 86 tuvo un gran nivel deportivo. La idiosincrasia de todos aquellos países jugando, hacía que tuvieran todas y cada una de las selecciones, un sello y un aroma identificativo. Y cómo los yugoslavos eran díscolos y geniales, los brasileños alegres y ofensivos, los soviéticos fríos y martilleantes y los estadounidenses físicos y disciplinados, tan cargados de fundamentos técnicos como de poco tiro exterior. Era un torneo con muchos colores, que por desgracia hoy se han diluido bajo los fluidos de la defensa y el pick and roll inherente a este siglo XXI, donde te da igual ver a Grecia, Turquía, Rusia o Argentina: ves lo mismo. Diferentes protagonistas, mismo vestuario.

Fue un campeonato de estrellas: el descorche de Nikos Gallis de cara al mundo, el rescate de veteranos como Drazen Dalipagic y Pierluigi Marzorati, la lengua fuera de Drazen Petrovic en sus fintas de tiro y las carreras de Volkov, Sabonis y Tikhonenko, en lo único que aportó su entrenador, Vladimir Obukhov, que vio que aquellos tres angelitos podían correr como diablos. Oscar, Gerson, aquellos chinos que dejaron a Alemania y Puerto Rico en la estacada y que se quejaban que en Oviedo siempre les tocaba jugar a las 10 de la noche, y hasta un coreano llamado Lee Chung He que debutó con 31 puntos al descanso cuando su equipo llevaba 35. Sí, hubo motivos más que suficientes como para que aquello fuese una fiesta global, no solamente de nuestra Selección.

Porque España acabó quinta. Por un día aciago que nos restregaba en la cara Oscar el pasado Jueves con su humor de siempre y porque frente a la URSS, su superioridad y las continuas decisiones arbitrales de Ivan Mainini, siempre perjudiciales, nos prohibieron soñar. Luego, Ernesto Segura de Luna nos recordó a todos que Mainini, fue “apartado” de arbitrar nuestra final olímpica en Los Angeles’84, porque estábamos ya un poco hartos de sus sinfonías de pito sin control (sustituído por Nar Zanolin), y que esas cosas siempre cuentan. El mismo Mainini que ahí estuvo el Jueves, junto a Meneghin, Epi y Oscar en la presentación de esta Copa del Mundo. Paradojas de la vida.

Remontar 9 puntos en 45 segundos en toda una semifinal y unos yugoslavos tan desesperados que hasta el descerebrado de Petranovic abroncaba a un joven lechón llamado Divac, Arvidas Sabonis volando por encima de David Robinson, un triple de Cvjeticanin desde medio campo que le valió un coche, un tipo de 1.59 dejando a Drazen Petrovic en 0 puntos en la segunda mitad, Vladimir Tkachenko saliendo a jugar pese a la negativa de un entrenador que se rindió ante el clamor popular…Todo eso fue demasiado bonito para no ser recordado.

La selección USA, futura campeona, posando en la sede de Oviedo

Y aquí nos encontramos. Viendo ensimismados un amanecer con bonitos tonos y dos manos disputándose un balón, en una jornada que durará 2 años. Toca remangarse y ponerse manos a la obra, para que cuando el puchero comience a hacer “chup-chup”, cojamos la cuchara de madera, lo probemos y nos sepa a guiso de la abuela. Como aquel que preparó en 1986.

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