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dic 22, 2011

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La hora de Paniagua: El eje

La hora de Paniagua: El eje

Chris Paul, una de las estrellas indiscutibles de la NBA, y seguramente uno de los dos mejores jugadores que pidieron a sus clubes respectivos cambiar de aires al comenzar este mercado –el otro es Dwight Howard obviamente-, ha sido traspasado finalmente a los Clippers. En un giro sorprendente, Paul, que parecía predestinado a jugar en el pariente rico de Hollywood ha acabado fichando por el pariente pobre, al menos hasta ahora, de la ciudad de los ángeles y de las estrellas. Chris Paul, un tipo estoico y con una clase indiscutible dentro y fuera de la cancha, ha soportado pacientemente hasta tres negativas del Comisionado Stern a su traspaso: en dos ocasiones a los Lakers y en otra a los Clippers. Hasta que, a la cuarta, fue finalmente la vencida y pudo cumplir su deseo de marcharse de los Hornets de Nueva Orleans.

De ese modo, y después de un culebrón que ha dejado ciertamente tocada la credibilidad de la Liga NBA, el jugador más conocido como “CP3″ acabará jugando en un equipo marcadamente segundón, sí, pero ubicado en un mercado muy grande: Los Ángeles y su extensísima área metropolitana.

Es cierto, muy cierto, que en ese amplio mercado la mayoría de los fans son de los Lakers. Pero no es menos cierto que los Clippers recogen las simpatías de millones de seres de ese segmento de población. Se trata de gentes que no son de los Lakers porque, como diría un buen amigo seguidor incondicional de los Clips: “sencillamente, no queremos ser de los Lakers”. Se trata de un sector de público que se identifica más con la bestia que con la bella; de personas que repudian el glamour y la superficialidad que, según dicen ellos, exudan los Lakers y sus seguidores por los cuatro costados.

Hablamos de millones de potenciales compradores de la marca Clippers. Y estoy absolutamente persuadido de que ahora que con Paul, además de con Griffin y con otros jugadores de alto nivel, los Clippers van a ser relevantes por fin, ese mercado responderá hasta niveles inimaginables hasta ahora.

Baste un dato: ese segmento de mercado potencial del que hablamos abarcaría todo el Sur de California, hasta llegar casi a la frontera de Tijuana, pasando antes por San Diego, ciudad que no tiene equipo de baloncesto profesional. Para poner el dato en perspectiva: se trata de un sector de población tan amplio, y con tanto potencial económico, que hasta ha estado a punto de albergar un tercer equipo de la NBA: los Kings de Sacramento estuvieron tan solo a horas de trasladarse a Anaheim, como bien sabrá el amigo lector.

Y es que David Stern nunca jamás da una puntada sin hilo.

En realidad, en la NBA hay cinco mercados que son realmente relevantes: Nueva York, Boston, Dallas, Miami (porque tiene a LeBron James) y Los Ángeles. Esa es la NBA actual en términos de marketing. Nada puede contradecir esta afirmación porque la contundencia de los números contables es inapelable. Por eso, me parece que Stern, tras el manifiesto desgaste de imagen que ha sufrido la marca NBA durante el lockout, ha decidido -y debo decir que desde un punto de vista de negocio, ha decidido con acierto- potenciar uno de los dos grandes mercados que tiene dos equipos; el otro es Nueva York, claro.

Escrito así, el amigo lector seguramente pensará que la NBA parece más un esquema Ponzi que una asociación de clubes profesionales de baloncesto. Pero no hay que olvidar que una de las razones por las que los propietarios más belicosos durante el cierre patronal claudicaron, y finalmente permitieron que hubiera acuerdo con los jugadores, fue porque previamente habían pactado un nuevo modelo de ingresos a repartir entre los propios clubes. Un esquema que exige a los clubes ubicados en mercados más grandes ayudar financieramente a los que están ubicados en mercados más pequeños.

Así que, al potenciar a los Clippers, la NBA explota una mina que hasta ahora había tenido poca relevancia económica para el conjunto de la Liga, pero que con la llegada de Paul y con su aportación a un equipo que tiene ya una superestrella en ciernes, Blake Griffin, dará beneficios muy importantes. Para mayor gloria de Stern y de los mercados más pequeños.

Por eso, sospecho también que el siguiente equipo que cobrará una relevancia -económica y deportiva- mucho mayor que hasta ahora serán los Nets. Unos Nets que, no olvidemos, vivirán en Brooklyn a partir del curso 2012-2013. Por eso, creo que los Nets ficharán a la siguiente megaestrella de la NBA: se llame ésta Dwight Howard o no. Para mayor gloria de Stern y de los mercados más pequeños.

Y así, de ese modo, el eje Los Ángeles (Lakers más Clippers) – Nueva York (Knicks más Nets), será el eje financiero que aportará en un futuro cercano pingües beneficios a una Liga muy necesitada de números negros y no de tantos números rojos como hasta ahora.

Alguien, algún día, propondrá que en la Harvard Business School se estudie durante un semestre entero a David Stern y su modus operandi en la Liga NBA.

Stern es un dictador cada vez más arrogante y arbitrario, sin duda. Pero es, indiscutiblemente, una mente privilegiada para hacer ganar montones de dinero a su amada Liga.

 

Miguel Ángel Paniagua (publicado en Gigantes)

Miguel Ángel Paniagua en Twitter: @pantxopaniagua

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